Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb

1 05 2017

Ciclo de cine: “Kubrick: Guerra”
Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb.
1964

 

El nombre de la película Dr. Strangelove (Stanley Kubrick, 1964), no es al azar: El “síndrome Dr. Strangelove”, o síndrome de la mano ajena, hace referencia a una enfermedad neurológica, donde quien la padece, siente que sus extremidades del tronco superior no le pertenecen, perdiendo finalmente el control sobre ellos. No parece difícil hacer una comparación con la trama de la película, donde el Gobierno estadounidense ve quebrada su relación de tensa paz con la URSS, cuando un alto dirigente militar, guiado por una desenfrenada desconfianza conspirativa por el agua que está tomando, decide iniciar un conflicto armado con la Unión Soviética, sin mediaciones con ningún otro poder del Estado. El presidente y todas las cabecillas de poder, ven como el brazo militar comienza a actuar bajo iniciativa propia, comenzando lo que podría transformarse en el fin de la humanidad, ya que, ante cualquier agresión, comenzaría la guerra nuclear que tanto miedo había suscitado en todo el mundo.

La película Dr. Strangelove, se ríe de la tragedia de tener en el poder un Estado dividido: por un lado, a militares desequilibrados con sed de poder, y con una claratendencia xenófoba, debido al patriotismo exacerbado de su nación, y por otro lado un poder ejecutivo representado por un presidente cuyas decisiones no son consideradas por este poder. Un Estado dividido que se enfrenta en un conflictocon los rusos, bajo la tensión creciente de una guerra nuclear, y de quien acaba primero con el mundo.

 

 

No es de extrañar que, dentro de la extensa filmografía de Stanley Kubrick, encontremos que parte importante de ella está dedicada a conflictos bélicos donde Estados Unidos haya tomado parte: Segunda guerra mundial, guerra fría o la guerra de Vietnam. Conflictos que pudiesen haber sido tomados desde una perspectiva histórica, o a partir del realce hacia el poderío económico y militar de Estados Unidos, pero opta por darle un enfoque, crítico, a una de las naciones que tuvo la mala suerte de tener un gobierno genocida con gran capacidad de armamento nuclear.

 

Kubrick lanzó esta película en 1964, como una comedia negra y satírica, ridiculizando las relaciones entre aquellos que ostentaban el poder, por un conflicto que pasó hace ya bastante tiempo, pero hoy en el año 2017, pareciera que algo muy similar está ocurriendo. Armamento bélico de gran magnitud siendo utilizado en base a dudosas decisiones, implantando la semilla del miedo a una nueva guerra. Todo por la ridícula ansia del poder entre los cabecillas de las naciones más poderosas. Tan ridícula como una guerra. Tan ridícula como que un llamado telefónico pueda decidir el destino del planeta.

 

 

 

 

Amanda Osorio, Equipo Cine club 2017.



Full Metal Jacket, Santley Kubrick

27 04 2017

 

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Full Metal Jacket

Stanley Kubrick
1987

 

Finalizando nuestro ciclo de Stanley Kubrick relacionado con la temática de la guerra, hemos podido visualizar el punto de vista del director estadounidense sobre el concepto bélico desde diferentes maneras de abordar uno de los temas más conflictivos en la historia mundial moderna.

En 1987, año donde la Unión Soviética entraba en crisis y se veía el final de una larga guerra fría, Kubrick era reconocido en el mundo entero con filmes exitosos como “2001, odisea en el espacio”, “Barry Lyndon” o “El Resplandor”.  Sin embargo, tuvieron que pasar casi veinte años para que volviera a poner en pantalla el discurso anti-bélico. Full Metal Jacket, se sitúa en el conflicto de la Guerra de Vietnam. La película se puede dividir en dos grandes partes:

1. ¡Señor, sí, señor!

Toda la primera parte está ambientada en un recinto de entrenamiento militar estadounidense.  Desde los créditos podemos escuchar una melodía country que habla sobre Vietnam, luego vemos jóvenes que están siendo rapados “al cero”, mientras la canción nos habla de detener el comunismo en nuestras tierras. Toda esta partida tendrá un efecto importante en el argumento inicial del filme, en donde Kubrick nos quiere mostrar la violencia psicológica que se produce en este campamento. El espectador se suma a una cámara que está observando este proceso de “lavado de cerebro” nacionalista y bélico. El Sargento Hartman (R. Lee Ermey) será el encargado de representar ese monstruo que va transformando a estos jóvenes, quienes se van apropiando de este discurso lleno de obediencia y castigo. Del entrenamiento psicológico pasamos al físico, es esto lo que va a ir a transformando algunos reclutas en armas de aniquilación, sin embargo algunos entraran en ciertas crisis. La violencia militar tratada por Kubrick es cruda, y pareciera ser no tan lejana a nuestros tiempos.

 

2. Vietnam

Un año después, uno de los reclutas (Bufón) se ha convertido en cabo y en corresponsal de la guerra.  Es aquí donde la crueldad se verá en escena. Uno podrá hacer ciertas analogías con lo mostrado por Francis Ford Coppola en “Apocalipsys Now” (1979), ya que en terreno Bufón se dará cuenta de las contradicciones de la guerra, ya que lleva en su poder un símbolo de paz, sin embargo su casco se lee la frase “nacido para matar”, por lo que el cuestionamiento de la locura pasará por los pensamientos de este soldado, tal como sucede con el Capitán Willard y su locura en el filme de Coppola.

En Full Metal Jacket, Kubrick nos quiere decir de manera pura y dura lo que significa la guerra, las contradicciones de ellas. Aunque la crítica fue positiva en general, no faltaron algunos quienes criticaron a la película por no plantear una idea clara, sin embargo en los detalles está el trasfondo argumental y el mensaje anti-bélico que profesó el director norteamericano.

Desde el drama de “Path of Glory”, la sátira de “Dr. Strangelove” hasta la cruda violencia de “Full Metal Jacket”, nos muestra la cara absurda, agresiva y muchas veces incomprensibles de eso que llamamos guerra.

 

 

Daniel Miranda, Equipo Cine Club 2017
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Paths Of Glory, la crueldad de la guerra más vigente que nunca

13 04 2017

Paths of glory, la crueldad de la guerra más vigente que nunca

La guerra como tópico es importante para el cine de Stanley Kubrick incluso desde su primer largometraje Fear and desire (1953), aunque esta película fuera considerada por él mismo como un ejercicio amateur, ‘’el dibujo de un niño en el refrigerador’’ según sus propias palabras. Si bien estamos de acuerdo en que hay inferioridad técnica y simplicidad narrativa en la obra mencionada comparándola con los siguientes trabajos del director, en ella ya se puede vislumbrar una especial sensibilidad frente al tema y podemos catalogar a lo bélico como el único contexto fílmico que Kubrick abarcó en varios trabajos de las distintas etapas de su carrera. Esta continuidad se desarrolló en relación con el momento histórico en el cual cada película se estrenó, así también cada entrega contó con un tono y estilo propio.

 

 

El drama antibélico Paths of glory (1957) respondería a los dilemas filosóficos, políticos y éticos del momento inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial; la comedia negra Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb (1964) se encargaría de criticar la paranoia generalizada de un mundo en el cual las amenazas de ataques nucleares eran algo cotidiano, se vivían los momentos más tensos de la Guerra Fría; con una mezcla entre drama y sátira, estrenada más de una década después del fin de la Guerra de Vietnam, en la cual se desarrolla la historia, Full metal jacket (1987) muestra las vivencias de jóvenes que se enfrentan a la violencia extrema del mundo militar, adoctrinados forzosamente, para luego ser enviados al campo de batalla en un lugar donde una muerte sangrienta y cruda es algo normal.

El guion de Paths of glory está basado en una novela de 1935 escrita bajo el mismo título por Humphrey Cobb y se centra en un juicio militar a tres soldados franceses acusados de cobardía por no querer combatir en una misión a todas luces suicida, cuando debían enfrentar al ejército alemán en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial. En el juicio el coronel Dax (Kirk Douglas) intenta defenderlos frente a lo que considera un abuso por parte de los altos mandos militares a cargo, quienes buscan expiar el fracaso en la batalla mediante la ejecución de los soldados. Paths of Glory es un hito en la carrera de Kubrick, fue esta película la que le abrió puertas para conseguir una libertad creativa y económica definitiva; fue el primer trabajo con el que tuvo una buena recepción tanto en la crítica como en las audiencias. También con este filme comenzó una relación laboral con Kirk Douglas quien posteriormente lo contrataría para dirigir Spartacus (1960) la primera de sus producciones en ser nominada y ganadora en los Premios Oscar y su primer éxito de taquilla mundial.

La película está narrada en estructura clásica y estilo realista. La fotografía en blanco y negro en conjunto con la ambientación logran crear un aspecto deslavado, tenso y lúgubre que aporta a la dramatización de la historia. Además, a partir de este filme podemos ver características visuales que serán distintivas en trabajos posteriores del director tales como la composición simétrica o el uso de travellings de seguimiento de personajes en los cuales éstos últimos son el elemento central del plano.

Con respecto a lo último queremos mencionar una de las escenas más memorables del filme. A través de uno de estos travellings el coronel Dax transita por una larga trinchera mientras ésta es atacada por fuego enemigo justo antes de dar la señal de ofensiva a sus tropas. Aquí vemos a Dax avanzando estoico entre sus soldados, hombres adultos, aparentemente fuertes, que sin embargo se ven frágiles y vulnerables en medio del infierno creado por el humo, el barro y el ruido incesante de las balas, esto provoca una tensión dramática tremenda justo antes de ver a los soldados franceses salir de la trinchera liderados por Dax para pelear con valor en el campo de batalla, al verse masacrados sin piedad por los alemanes, se repliegan dando fin a una secuencia épica ejecutada con maestría cinematográfica. Gracias a todo esto Kubrick genera una ironía dramática, logrando que el espectador empatice con los soldados que injustamente son llevados a juicio en escenas posteriores por decisiones arbitrarias, así el público termina considerando más cobarde la acusación de la Corte Marcial. El director logra de esta forma poner en cuestión el abuso de poder de las instituciones representadas en sus autoridades, quienes someten la voluntad de otros seres humanos para conseguir sus objetivos a cualquier precio, llevándolos finalmente a la tortura, la locura o la muerte. Este es un punto de vista que encontraremos también en las siguientes películas bélicas del director.

El nivel de provocación, la crítica socio-política o la incitación al diálogo frente a hechos históricos contingentes son algunos de los rasgos importantes que tienen las películas que consideramos arte. Bajo estos parámetros Paths of glory es por todos lados una obra maestra. Causó la primera gran controversia en la filmografía de Kubrick, fue el punto de partida de una cadena de polémicas que rodearon a casi todas sus obras. El filme fue censurado o prohibido en varios países, principalmente en Francia en donde recién pudo ser exhibido en 1975 y fue bajado de la programación del Festival Internacional de Cine de Berlín por presiones políticas.

Cabe preguntarse en este punto ¿No nos provocan acaso la misma sensación de impotencia y desesperanza los mortales ataques a la población civil en Siria ocurridos en las últimas semanas, los cientos de jóvenes enviados a morir a las guerras en Medio Oriente o el trato inhumano a los prisioneros en los centros de tortura militar como Guantánamo? Tristemente quizá, el cine de Kubrick sobre la guerra se mantiene hoy totalmente vigente con la misma fuerza que hace 60 años, esto lo hace definitivamente un clásico, pero también deja en evidencia que aquellas imágenes en blanco y negro están muy lejos de recordarnos viejos tiempos de barbarie, al contrario, Paths of glory nos invita nuevamente a mirarnos al espejo mostrándonos una de las caras más feas de nuestro propio presente.

 

Felipe Garrido G. 

Equipo Cine Club Universidad de Chile 2017 



Alice Guy, olvidada pionera del cine

3 04 2017

Función Inaugural Cine Club 2017

Alice Guy, la olvidada pionera del cine

 

Este 2017 estamos muy felices de poder inaugurar nuestro año de Cine Club con una función muy especial, dedicada a la poco reconocida cineasta Alice Guy, en donde revisaremos ocho cortometrajes, La Fée aux Chou, An Untimely Intrusion, The Consequences of Feminism, entre otros, musicalizados en vivo por el artista TIEJ.
 

Alice Guy Blanche nació en París, en 1873. Durante su infancia vivió en Suiza, y en Chile, en donde su padre era dueño de una librería en Valparaíso, por lo tanto desde muy pequeña estaba rodeada del mundo del arte y la cultura; lo que la llevó a estudiar mecanografía y taquigrafía. Más adelante entró a trabajar como secretaria en los estudios Gaumont. Un día 28 de diciembre de 1895, los hermanos Lumiére invitaron a Alice Guy y a León Gaumont a su primera proyección con público en el Salón Indio del Gran Café. Allí fue cuando Alice, quien había trabajado anteriormene el teatro, encontró un tremendo potencial en la imagen en movimiento. Por supuesto no fue escuchada por su jefe, sin embargo después de que los estudios Gaumont crearan una empresa cinematográfica, se le permitió trabajar allí con una condición, como explica la cineasta en sus memorias: “Siempre que la tarea no me impidiera seguir realizando mis funciones como secretaria“. Así lo hizo durante una década.

 

Adelantando a los reconocidos “George Méliès” o “Segundo de Chomón”, Alice comenzó a explorar el lenguaje narrativo de la filmación, en donde hasta ese momento sólo se le había visto como un aparato de registro. Esta mujer filmó lo que sería la primera película de ficción en la historia, llamada La fee aux choux’ (‘El hada de las coles’), en donde se ve a una mujer que recoge bebés nacidos dentro de unos repollos, un pequeño cortometraje que daría paso al cine tal y como lo conocemos hoy. De esta forma empezó a filmar y dirigir películas, convirtiéndose en la primera mujer directora y productora cinematográfica. Introdujo los primeros efectos del montaje, técnica que más adelante George Méliès reconoció en su influencia y la utilizaría para crear el efecto de “magia” entre corte y corte. Alice Guy también sincronizó el sonido y la imagen antes que nadie, adaptando un gramófono con la filmación, dando el primer paso para lo que sería el cine sonoro.

 
Sin duda estamos frente a una mujer que no ha sido reconocida en el mundo cinematográfico, que quedó en el olvido. Tras contraer matrimonio con Herbert Blaché, fue a vivir a EEUU y realizó más de 1000 películas, pasando por todos los géneros: wéstern, comedias, ciencia ficción.  Sin embargo debido a que ella no podía ser más que su marido, tuvieron una tormentosa separación, que la llevaría a una profunda depresión, en la cual dejó por completo la filmación. El auge del cine de Hollywood y su industria, dieron paso al olvido de toda su obra, quedando a un costado por ser mujer y en segundo plano de la historia oficial.

 

 

Así fue como el 24 de Marzo de 1968, a los 94 años, murió en una residencia de ancianos de Nueva Jersey, una muerte silenciosa que recién en esta década se le ha dado reconocimiento.

Esperamos que esta función sea un homenaje y un rescate a la obra de una brillante mujer, quien sentiá una pasión tan grande por la cautivadora imagen en movimiento, que la llevó a dar los primeros pasos en el lenguaje cinematográfico, antes que muchos otros.

 

 

Isidora Torrealba Equipo CineClub 2017



“El primero de la familia”, un retrato necesario

21 12 2016

Ficha Técnica:         
Chile, 2016, 81 min.   
Título Original: “El Primero de la Familia”.        
Director y Guión: Carlos Leiva Barahona. 
Productor: Felipe Azúa        
Reparto: Camilo Carmona, Catalina Dinamarca, Claudio Riveros, Paula Zúñiga, Sylvia Hernández, Karla Melo, Daniel Antivilo, Gastón Salgado, Víctor Montero, Pelusa Troncoso, Germán Díaz.

El primer largometraje de Carlos Leiva, ganador al Mejor Director  en la Competencia Nacional del pasado Festival de Cine de Santiago, SANFIC, nos relata una historia muy común en el cotidiano de nuestro país, pero nada de común dentro del cine que la mayoría está acostumbrado a ver.  Estamos hablando de la verdadera identidad de la familia chilena, una casa estrecha, de poca luz, de deudas eternas, de muchos anhelos y frustraciones.

Tomás, interpretado por Camilo Carmona, es un estudiante de medicina de una familia de bajos recursos que se ha ganado una beca para continuar sus estudios en Europa, por lo que la película se centra en él como protagonista y sus últimos días en la casa que lo vio crecer. Paralelo a esto, sus padres comienzan los preparativos para su despedida, y es aquí donde está el conflicto de la película: paulatinamente un problema con el alcantarillado de la casa comienza a inundar el patio, amenazando con arruinar la fiesta de despedida de Tomás.

El patio inundado actúa como una metáfora de esta familia que poco a poco vamos descubriendo a través de las micro-historias que posee cada miembro. Ramiro, el papá de Tomás, interpretado por Claudio Riveros, no tiene dinero suficiente para poder financiar todas las necesidades de la familia, en el trabajo tiene pésimas condiciones laborales y junto a sus compañeros deciden irse a huelga. Por otro lado está la madre, interpretada por Paula Zúñiga, quien lleva un dolor en la espalda debido a una mala cirugía, un pesar que la mantiene imposibilitada de trabajar. Finalmente está Catalina, la hermana de Tomás, quien mantiene en secreto un embarazo de un tipo que la amenaza de muerte.

 

Los momentos de mayor tensión se producen en el almuerzo o en los desayunos, en donde toda la familia, por tradición en nuestra cultura, debe estar sentada en la mesa. Es aquí donde se va desmenuzando a través de los diálogos, la presión que cae sobre los hombros del Tomás al ser el “hijo ejemplar” que viajará a Europa y ayudará a la familia. Ante esta situación es muy común en nuestra sociedad que los demás hermanos queden de lado, y allí es donde el personaje de Catalina debe afrontar sus problemas en la soledad de su adolescencia.

La fotografía de la película, a mano de Felipe Bello, logra incrustar al espectador de manera casi obligada por todos los estrechos rincones de la casa, logrando un hiperrealismo en el tratamiento audiovisual, que muchas veces tal vez pueda incomodar al espectador, pero que finalmente terminan haciendo muy cercanas las situaciones y sus emociones.  Un caso en particular es la atracción sexual que despierta Catalina en Tomás, que tal vez nace debido al constante hacinamiento por el que actualmente pasan muchas familias.

Esta película es un duro  y sincero retrato de la mayoría de los hogares chilenos, que deben afrontar problemas y angustias que no se conversan en familia pero que finalmente todos los terminan sabiendo de alguna manera. Es el retrato de múltiples injusticias que deben sobrellevar a diario en las poblaciones, en las periferias de una ciudad que no se quiere ver a sí misma, en un sistema que sólo funciona para algunos. Las malas condiciones de trabajo, el atraso de los sueldos, el sistema de salud público, la educación estatal, son algunas de las temáticas que aborda este largometraje sin tener que indagar completamente en ellos: basta que el mundo cotidiano de la familia de Tomás hable por sí solo de este amargo sabor que deja en la boca.

Isidora Torrealba

Cine Club Universidad de Chile 2016



Saavedra y Panizza: evidencias /apariencias.

23 11 2016

Es interesante revisar estas dos obras en conjunto por varias razones, en primer lugar vemos trabajar en el formato del cortometraje a dos profesionales con una buena trayectoria; generalmente relegado a jóvenes realizadores, estudiantes, visto normalmente como un lugar para dar los primeros pasos, el cortometraje resulta muchas veces un tipo de obra difícil de difundir de manera masiva en el circuito cinematográfico tradicional y rara vez vemos a directores expertos volver a estas andanzas. Por otra parte ambos exploran las dificultades de la geografía física, económica y humana de Chile pero desde puntos de vista muy distintos.

Territorios en trance” (2015) de Carlos Saavedra construye un relato audiovisual que busca denunciar situaciones medioambientales críticas a través de personajes directamente involucrados en ellas y con acciones concretas. En esta obra se descubren 3 historias en las que el ser humano amenaza su propio hábitat. Son los mismos pobladores de estos lugares ubicados en el Valle Central de Chile quienes luchan y resisten para poder sobrevivir y encontrar una solución a sus problemas. El director quiere dejar en evidencia las experiencias dificultosas que estos hombres y mujeres deben enfrentar en su día a día. El tratamiento audiovisual cumple entonces con la necesidad de documentar con urgencia el estado de las cosas, registrando imágenes que grafican de manera efectiva y emotiva cada realidad.

El trabajo de Tiziana Panizza recorre los territorios del sur afectados por el terremoto de febrero de 2010 encontrando más preguntas que respuestas a través de una cámara que se enfoca en elementos fragmentados y al parecer azarosos, como si en un viaje la directora fuera recogiendo metraje encontrado, es lo que pareciera simular la utilización de imágenes capturadas en formato súper 8mm o de un archivo fotográfico que roza en lo fantasmagórico. Así resulta un collage de sensaciones que muestra cómo es vivir en una geografía sísmica. “Tierra en movimiento” (2014) es un flujo de ideas y evocaciones que remiten a lo que recordamos o soñamos sobre un terremoto, pero no desde cualquier lugar, sino que desde un hablante que pertenece a un país que se autodestruye constantemente, cada cierto tiempo. Desde el comienzo de la obra la realizadora nos cuenta que hará caso omiso a las imágenes típicas que surgen en los noticiarios y en cambio nos invita a mirar a través de las grietas que deja la tierra, personajes e historias que existen, que están ahí pero que nos cuesta ver. Lo que finalmente nos queda en la mente es un juego de apariencias: la conformación de un retrato cuyas características van cambiando cada vez que diferentes espectadores logran escarbar en su propia memoria, ayudados por las imágenes y sonidos que pasan a través de sus sentidos. Panizza logra así desencadenar un ensayo poético que explora la intimidad de un país entero.

 

Felipe Garrido G.

Equipo Cine Club Universidad de Chile.

2016



“Alas de mar: que no se nos acabe el fin del mundo”

15 11 2016

En lo más austral del mundo, entre fiordos e islas, habita una manera original y única de interpretar la realidad, la que se ha perdido paulatinamente a causa de la intervención del hombre blanco. Quien, desde que pisó esa tierra, desgastó y aniquiló a los indígenas del extremo sur de América; dolor sin acabar, y, que los estados chileno y argentino a través de diversas acciones, parecen no tener voluntad de que esto acabe.

“Alas de mar”, podría ser considerado el documental secuela de “Calafate: zoológicos humanos”, pues aquí nos internamos en el íntimo viaje de reconstrucción histórica y espiritual de dos mujeres Kawésqar. Celina Llan Llan, quién en 2010, gracias al documentalista Hans Mülchi, y la acción de investigadores de la Universidad de Zurich, y tras dos años de diligencia, logró restituir los restos de sus antepasados que fueron exhibidos en Europa en los zoológicos humanos del siglo XIX, encontrados en Suiza (proceso que se muestra en “Calafate…”). Y, su madre, se internan, gracias a la proeza navegante heredada de sus ancestros de su hermano, en un viaje por el fin del mundo.

Así, entre paisajes y natural belleza, reconstruyen navegaciones, pasajes que reaparecen desde sus memorias dolidas obligadas a dejar sus chozas, hasta visitar el lugar donde fue sepultada su abuela.

El documental resulta imprescindible para comprender la particular manera de pensar de la cultura Kawéskar. Kawéskar significa ser racional de piel y hueso (kawes: piel, qar: hueso). Según algunas investigaciones, se calcula que la población llegó a ser de entre 3 mil y 4 mil individuos que se acostumbraron a vivir con 6° C en promedio, y, en estrecha relación con sus vecinos chonos, aónikenk, yámanas y selk’nam. Hoy en día, las y los que quedan vivos, conviven con el conveniente mito de la extinción, que los confina al olvido, al texto de estudio y a la enciclopedia.

En esta, la V versión de Cineastas de la Chile, “Alas de mar” de Hans Mülchi, nos devela todo este saber ancestral de manera muy sencilla y sincera- en donde el mismo director se cuestiona sobre el cómo documentar este viaje- , y con ello, los deseos de estas mujeres de volver a ciertos lugares, el sentido de pertenecer al naufragio y a muchos lugares al mismo tiempo, y el amor por navegar. Así, con la gran potencia fotográfica del documental y los paisajes prístinos que inundan la pantalla, acompañados de las narraciones y conversaciones entre Celina, su nieto y los investigadores, podemos conocer la navegación Kawéskar: el ir al ritmo de los remos lentamente, con mucho tino de la observación hacia las aves, las rocas, observar cómo llega la noche y las estrellas al ritmo de las olas. También, su manera de vivir las problemáticas medioambientales actuales como el cambio climático, que les impide seguir el devenir habitual de la naturaleza para entenderla.

Se sabe que los pueblos indígenas protegen el 80% de la biodiversidad del planeta, pero tan solo habitan menos del 20% del territorio mundial, siendo propietarios “legales” de menos del 11% de dichas tierras. Esta tensión territorial, ocurre también en nuestro país, y, con este documental, se evidencia una forma más de cómo es que el sistema económico extractivista imperante, ha afectado directamente las formas de vida de los pueblos indígenas. De hecho, si fuese por “propiedad”, en Magallanes, los Kawéskar podrían reclamar toda esa zona como propia. Sin embargo, el estado chileno, una vez más no les reconoce soberanía, ni derecho sobre terrenos ancestrales.

No podemos dejar de cuestionarnos entonces, cómo es que, estas sabidurías únicas sobre el modo de vivir y entender el medio natural, se han desperdiciado, denigrado y despreciado continua y sistemáticamente. El reconocer las violaciones de los Derechos Humanos contra pueblos indígenas, podría ser el primer paso no tan solo para cuidar el patrimonio de estas comunidades, sino también, nuestro planeta y su biodiversidad. En tanto, repensar y deconstruir el cómo es que nos estamos relacionando con nuestro entorno, y aprender de los saberes ancestrales, se vuelve urgente y necesario.

 

Ana Rojas Didier

Equipo Cineclub 2016



“Hija de la laguna: El agua como territorio suspendido”

10 11 2016

Latinoamérica ha sido un territorio que en toda su historia ha cruzado la palabra crisis, como si fuese parte de nuestra identidad.  Desde conflictos sociales, políticos y medioambientales, hoy en día este último a tomado fuerza en la lucha de diversas organizaciones para defender derechos básicos como la tierra, el aire y el mar. Precisamente es el agua,  el elemento estructurante de este premiado documental peruano que hace hincapié en como las mineras trasnacionales se instalan para extraer los recursos minerales, dejando verdaderos desastres naturales en poblados generalmente de autonomía indígena.

El personaje conductor de esta historia es Nélida, una joven mujer de los Andes que habla con los espíritus del agua, generando una conexión poética de la belleza ancestral. Ella le cuenta a la laguna los problemas que se avecinan, y le pide las fuerzas para poder luchar contra esta injusticia. Es así como acompañamos a Nélida en un viaje físico y personal, desde sus estudios para ser abogada para defender la lucha contra las mineras y el Estado, hasta su compañía con habitantes campesinos indígenas que temen por no saber leer ni escribir, que estas retroexcavadoras les pasen por encima de sus tierras.

 

Lo interesante del documental, es que nos sitúa en diferentes lugares del Altiplano y de los Andes, en donde las mineras ya han destruidos los ecosistemas, dejando sin pan ni pedazo a los pequeños habitantes indígenas del lugar.

La progresión de las vistas de estos lugares llenos de calma, paz y silencio se contrasta con lo que ocurre en la ciudad, en donde el pueblo organizado sale a manifestarse en contra de las políticas de estado y en defensa del agua que cada vez se hace más escasa.  Es allí donde nos damos cuenta, que los antagonistas tienen el rostro de policía, y que el fuera de campo intencional y político, es que en la laguna yace un rico depósito de oro.

“Hija de la laguna” es un potente documental que con pocos recursos, provoca desde la voz poética de Nélida hasta la fotografía que acompaña a esos diálogos de ella con la laguna.  Este es un conflicto que ocurre en Perú, pero que se desprende a todo nuestro territorio Latinoamericano, sin ir más lejos la lucha que han dado organizaciones sociales contra las hidroeléctricas en nuestro país es parte del mismo conflicto que muestra este documental.

Nota aparte el final de este documental, que nos abre las puertas para reflexionar en este nuevo ciclo de Cine Club de la Universidad de Chile en conjunto por primera vez con Canal Cultura de Colombia y los festivales de cine de derechos humanos de Bogotá y Ambulante.

Daniel Miranda A.

Equipo Cine Club Universidad de Chile

2016



Recortes de Prensa

29 09 2016

“Aunque no creo necesario decirlo, el primer recorte es real y el segundo es imaginario.” (Julio Cortázar, 65)

 

El verso anterior corresponde al que introduce el libro de Julio Cortázar llamado “Recortes de Prensa”, título que tomaron Oriana Castro y Nicolás Martínez para nombrar así a su documental.

La historia que veremos nos habla precisamente de recortes. Antes se utilizaba mucho guardar y coleccionar los recortes de los diarios que te parecían interesantes. En las mañanas a los periodistas se les seleccionaba los recortes de prensa para que leyeran sólo lo importante y dejaban fuera lo otro. Pareciera que toda nuestra historia fue construida en base a recortes, a trozos que construyen un continente herido con muchas versiones de una misma historia, Latinoamérica.

El documental parte con los testimonios de un grupo de periodistas e intelectuales que estuvieron exiliados durante la dictadura militar, entre los que se encontraba Julio Cortázar y Osvaldo Soriano. También nos hablan testimonios de los “exiliados en su propio país” aquellos periodistas clandestinos que incluso seguían informando a su pueblo estando en campos de exterminio. Fueron muchas las razones que llevaron a este grupo de periodistas a pensar en un diario que dijera la verdad de los horribles hechos que estaban sucediendo en Latinoamérica y que eran brutalmente censurados.

 

A través de documentos de archivos, de entrevistas a cámara y voz en off, los directores van poco a poco construyendo un contexto en donde era necesario gritar a toda voz las terribles injusticias que se cometían durante las dictaduras, en donde los medios oficiales no hacían más que mentir e inventar historias sobre los detenidos desaparecidos. Es ante este contexto que se crea el periódico “Sin Censura”, cuyo principal objetivo era romper con el cerco informativo que se había cerrado alrededor de los países de nuestro continente. Este diario fue editado en Francia, con corresponsalías en toda Europa e impreso y distribuido desde Estados Unidos. Ingresó de manera clandestina en los países de Latinoamérica. El documental reconstruye la historia en torno a esta publicación, provocando una reflexión que profundiza sobre los medios de comunicación y su importante rol durante las dictaduras de Latinoamérica, pero también su rol en el presente y en la construcción de realidades, invitándonos a cuestionar conceptos como la libertad de prensa.

La memoria y el recuerdo resucitan lo vivido, otro recorte, otro testimonio, que se unen en esta historia que de manera apasionante ayuda a repensar el presente.

 

 

 

Isidora Torrealba

Equipo Cine Club Universidad de Chile 2016



La Historia Oficial

21 09 2016

Es increíble pensar que “La historia oficial” de Luis Puenzo fue estrenada sólo dos años después del retorno a la democracia en Argentina. El cine de ficción en Chile demoraría al menos 14 años desde el fin de la dictadura para representar de manera tan emotiva y efectiva en términos de crítica y audiencia este hecho con “Machuca” (2004) de Andrés Wood. Sin desmerecer los intentos de cineastas como Helvio Soto o Raúl Ruiz, desde el exilio creando películas sobre el tema aún con Pinochet al mando; así como también los de Pablo Perelman, Ricardo Larraín o Miguel Littin ya en democracia, de esto se habría encargado mayormente el cine documental, en especial la obra de Patricio Guzmán.

En el país trasandino la realidad era otra, la producción de películas de ficción sobre el trauma reciente fue constante y muchas veces apoyada por el entonces Instituto Nacional del Cine (INC), podemos mencionar por ejemplo “Cuarteles de invierno” (1984) de Lautaro Murúa, “Los días de Junio” (1985) de Alberto Fischerman, “El exilio de Gardel: Tangos” (1985) de Fernando Solanas, “La noche de los lápices” de Héctor Olivera o “Sentimientos… Mirta de Liniers a Estambul” (1987) de Jorge Coscia y Guillermo Saura. “La historia oficial” además de ser el primer filme argentino en ganar un premio Oscar a Mejor película extranjera, llevaría alrededor de 2 millones de personas a las salas en su propio país. Esto hablaría entonces de una actitud activa y atenta de los argentinos frente a su propia historia y sus procesos políticos que los define con una personalidad que por lo menos contrasta con la de un Chile que aún muchos años después de superada la dictadura parecía temeroso o adormecido por las supuestas maravillas que traía un nuevo sistema económico que reconfiguró el entramado social y la articulación política del país.

La película intenta hacernos reflexionar sobre la importancia de enfrentar a la Historia, a través de una protagonista que en un comienzo no es consciente de los hechos que la afectan personalmente y que están ligados a acontecimientos que afligen a toda su nación. Alicia (Norma Aleandro) es una profesora de historia que va descubriendo una verdad incómoda y poco a poco debe decidir si hacerse cargo o no de ella, si ser un testigo pasivo o una protagonista en el proceso de reconocimiento y reparación de los daños causados.

 

Para eso es importante la figura de los hijos. Alicia se ve en la necesidad de redimir la culpa que va sintiendo en la medida que se da cuenta de la realidad que la perturba y también por el miedo a enfrentar a esos hijos en el futuro, en un momento en el cual podría ser muy tarde para recibir perdón o comprensión de parte de ellos o en un tiempo en el cual el daño causado ya no pueda ser reparado. Estos hijos están representados en su pequeña adoptada, Gaby (Analia Castro) o en los alumnos que atiende en su trabajo a quienes trata de inculcarles una disciplina que a ratos parece autoritaria, militar.

Los personajes y espacios que se desarrollan dan cuenta de los diferentes actores que participan en el conflicto social e histórico relatado, se muestra el enfrentamiento por el poder entre castas formadas por militares, clérigos y políticos pero también por pobladoras, inmigrantes y estudiantes. Puenzo no tiene miedo a confrontar a estos personajes y denunciar las realidades diferentes que viven por ejemplo un trabajador humilde o un burgués acomodado ya sea luchando por hacer justicia o escondiendo los hechos en una Argentina aún herida.

El filme de Puenzo no sólo se preocupa por la Historia, con mayúscula, sino que también relata una historia de manera magistral, exceptuando ciertos diálogos que parecen demasiado forzados por parecer discursos panfletarios construidos a partir de frases que rozan el lugar común o la cita textual (sobre todo en los diálogos de los estudiantes de Alicia); el guión construido por el mismo director en conjunto con la experimentada Aída Bortnik fluye de manera correcta y maneja certeramente una progresión dramática que nos lleva a un clímax intenso potenciado por las excelentes interpretaciones de Norma Aleandro y Héctor Alterio, esto hace exitoso el propósito del filme: conmover al público. Conmover para movilizar, porque el cine más interesante suele ser aquel que provoca para llevar a la acción y creemos que “La historia oficial” cumple eso con creces.

 

Felipe Garrido G.

Equipo Cine Club Universidad de Chile.

 

 






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