“El primero de la familia”, un retrato necesario

21 12 2016

Ficha Técnica:         
Chile, 2016, 81 min.   
Título Original: “El Primero de la Familia”.        
Director y Guión: Carlos Leiva Barahona. 
Productor: Felipe Azúa        
Reparto: Camilo Carmona, Catalina Dinamarca, Claudio Riveros, Paula Zúñiga, Sylvia Hernández, Karla Melo, Daniel Antivilo, Gastón Salgado, Víctor Montero, Pelusa Troncoso, Germán Díaz.

El primer largometraje de Carlos Leiva, ganador al Mejor Director  en la Competencia Nacional del pasado Festival de Cine de Santiago, SANFIC, nos relata una historia muy común en el cotidiano de nuestro país, pero nada de común dentro del cine que la mayoría está acostumbrado a ver.  Estamos hablando de la verdadera identidad de la familia chilena, una casa estrecha, de poca luz, de deudas eternas, de muchos anhelos y frustraciones.

Tomás, interpretado por Camilo Carmona, es un estudiante de medicina de una familia de bajos recursos que se ha ganado una beca para continuar sus estudios en Europa, por lo que la película se centra en él como protagonista y sus últimos días en la casa que lo vio crecer. Paralelo a esto, sus padres comienzan los preparativos para su despedida, y es aquí donde está el conflicto de la película: paulatinamente un problema con el alcantarillado de la casa comienza a inundar el patio, amenazando con arruinar la fiesta de despedida de Tomás.

El patio inundado actúa como una metáfora de esta familia que poco a poco vamos descubriendo a través de las micro-historias que posee cada miembro. Ramiro, el papá de Tomás, interpretado por Claudio Riveros, no tiene dinero suficiente para poder financiar todas las necesidades de la familia, en el trabajo tiene pésimas condiciones laborales y junto a sus compañeros deciden irse a huelga. Por otro lado está la madre, interpretada por Paula Zúñiga, quien lleva un dolor en la espalda debido a una mala cirugía, un pesar que la mantiene imposibilitada de trabajar. Finalmente está Catalina, la hermana de Tomás, quien mantiene en secreto un embarazo de un tipo que la amenaza de muerte.

 

Los momentos de mayor tensión se producen en el almuerzo o en los desayunos, en donde toda la familia, por tradición en nuestra cultura, debe estar sentada en la mesa. Es aquí donde se va desmenuzando a través de los diálogos, la presión que cae sobre los hombros del Tomás al ser el “hijo ejemplar” que viajará a Europa y ayudará a la familia. Ante esta situación es muy común en nuestra sociedad que los demás hermanos queden de lado, y allí es donde el personaje de Catalina debe afrontar sus problemas en la soledad de su adolescencia.

La fotografía de la película, a mano de Felipe Bello, logra incrustar al espectador de manera casi obligada por todos los estrechos rincones de la casa, logrando un hiperrealismo en el tratamiento audiovisual, que muchas veces tal vez pueda incomodar al espectador, pero que finalmente terminan haciendo muy cercanas las situaciones y sus emociones.  Un caso en particular es la atracción sexual que despierta Catalina en Tomás, que tal vez nace debido al constante hacinamiento por el que actualmente pasan muchas familias.

Esta película es un duro  y sincero retrato de la mayoría de los hogares chilenos, que deben afrontar problemas y angustias que no se conversan en familia pero que finalmente todos los terminan sabiendo de alguna manera. Es el retrato de múltiples injusticias que deben sobrellevar a diario en las poblaciones, en las periferias de una ciudad que no se quiere ver a sí misma, en un sistema que sólo funciona para algunos. Las malas condiciones de trabajo, el atraso de los sueldos, el sistema de salud público, la educación estatal, son algunas de las temáticas que aborda este largometraje sin tener que indagar completamente en ellos: basta que el mundo cotidiano de la familia de Tomás hable por sí solo de este amargo sabor que deja en la boca.

Isidora Torrealba

Cine Club Universidad de Chile 2016






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