“Alas de mar: que no se nos acabe el fin del mundo”

15 11 2016

En lo más austral del mundo, entre fiordos e islas, habita una manera original y única de interpretar la realidad, la que se ha perdido paulatinamente a causa de la intervención del hombre blanco. Quien, desde que pisó esa tierra, desgastó y aniquiló a los indígenas del extremo sur de América; dolor sin acabar, y, que los estados chileno y argentino a través de diversas acciones, parecen no tener voluntad de que esto acabe.

“Alas de mar”, podría ser considerado el documental secuela de “Calafate: zoológicos humanos”, pues aquí nos internamos en el íntimo viaje de reconstrucción histórica y espiritual de dos mujeres Kawésqar. Celina Llan Llan, quién en 2010, gracias al documentalista Hans Mülchi, y la acción de investigadores de la Universidad de Zurich, y tras dos años de diligencia, logró restituir los restos de sus antepasados que fueron exhibidos en Europa en los zoológicos humanos del siglo XIX, encontrados en Suiza (proceso que se muestra en “Calafate…”). Y, su madre, se internan, gracias a la proeza navegante heredada de sus ancestros de su hermano, en un viaje por el fin del mundo.

Así, entre paisajes y natural belleza, reconstruyen navegaciones, pasajes que reaparecen desde sus memorias dolidas obligadas a dejar sus chozas, hasta visitar el lugar donde fue sepultada su abuela.

El documental resulta imprescindible para comprender la particular manera de pensar de la cultura Kawéskar. Kawéskar significa ser racional de piel y hueso (kawes: piel, qar: hueso). Según algunas investigaciones, se calcula que la población llegó a ser de entre 3 mil y 4 mil individuos que se acostumbraron a vivir con 6° C en promedio, y, en estrecha relación con sus vecinos chonos, aónikenk, yámanas y selk’nam. Hoy en día, las y los que quedan vivos, conviven con el conveniente mito de la extinción, que los confina al olvido, al texto de estudio y a la enciclopedia.

En esta, la V versión de Cineastas de la Chile, “Alas de mar” de Hans Mülchi, nos devela todo este saber ancestral de manera muy sencilla y sincera- en donde el mismo director se cuestiona sobre el cómo documentar este viaje- , y con ello, los deseos de estas mujeres de volver a ciertos lugares, el sentido de pertenecer al naufragio y a muchos lugares al mismo tiempo, y el amor por navegar. Así, con la gran potencia fotográfica del documental y los paisajes prístinos que inundan la pantalla, acompañados de las narraciones y conversaciones entre Celina, su nieto y los investigadores, podemos conocer la navegación Kawéskar: el ir al ritmo de los remos lentamente, con mucho tino de la observación hacia las aves, las rocas, observar cómo llega la noche y las estrellas al ritmo de las olas. También, su manera de vivir las problemáticas medioambientales actuales como el cambio climático, que les impide seguir el devenir habitual de la naturaleza para entenderla.

Se sabe que los pueblos indígenas protegen el 80% de la biodiversidad del planeta, pero tan solo habitan menos del 20% del territorio mundial, siendo propietarios “legales” de menos del 11% de dichas tierras. Esta tensión territorial, ocurre también en nuestro país, y, con este documental, se evidencia una forma más de cómo es que el sistema económico extractivista imperante, ha afectado directamente las formas de vida de los pueblos indígenas. De hecho, si fuese por “propiedad”, en Magallanes, los Kawéskar podrían reclamar toda esa zona como propia. Sin embargo, el estado chileno, una vez más no les reconoce soberanía, ni derecho sobre terrenos ancestrales.

No podemos dejar de cuestionarnos entonces, cómo es que, estas sabidurías únicas sobre el modo de vivir y entender el medio natural, se han desperdiciado, denigrado y despreciado continua y sistemáticamente. El reconocer las violaciones de los Derechos Humanos contra pueblos indígenas, podría ser el primer paso no tan solo para cuidar el patrimonio de estas comunidades, sino también, nuestro planeta y su biodiversidad. En tanto, repensar y deconstruir el cómo es que nos estamos relacionando con nuestro entorno, y aprender de los saberes ancestrales, se vuelve urgente y necesario.

 

Ana Rojas Didier

Equipo Cineclub 2016






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