Saavedra y Panizza: evidencias /apariencias.

23 11 2016

Es interesante revisar estas dos obras en conjunto por varias razones, en primer lugar vemos trabajar en el formato del cortometraje a dos profesionales con una buena trayectoria; generalmente relegado a jóvenes realizadores, estudiantes, visto normalmente como un lugar para dar los primeros pasos, el cortometraje resulta muchas veces un tipo de obra difícil de difundir de manera masiva en el circuito cinematográfico tradicional y rara vez vemos a directores expertos volver a estas andanzas. Por otra parte ambos exploran las dificultades de la geografía física, económica y humana de Chile pero desde puntos de vista muy distintos.

Territorios en trance” (2015) de Carlos Saavedra construye un relato audiovisual que busca denunciar situaciones medioambientales críticas a través de personajes directamente involucrados en ellas y con acciones concretas. En esta obra se descubren 3 historias en las que el ser humano amenaza su propio hábitat. Son los mismos pobladores de estos lugares ubicados en el Valle Central de Chile quienes luchan y resisten para poder sobrevivir y encontrar una solución a sus problemas. El director quiere dejar en evidencia las experiencias dificultosas que estos hombres y mujeres deben enfrentar en su día a día. El tratamiento audiovisual cumple entonces con la necesidad de documentar con urgencia el estado de las cosas, registrando imágenes que grafican de manera efectiva y emotiva cada realidad.

El trabajo de Tiziana Panizza recorre los territorios del sur afectados por el terremoto de febrero de 2010 encontrando más preguntas que respuestas a través de una cámara que se enfoca en elementos fragmentados y al parecer azarosos, como si en un viaje la directora fuera recogiendo metraje encontrado, es lo que pareciera simular la utilización de imágenes capturadas en formato súper 8mm o de un archivo fotográfico que roza en lo fantasmagórico. Así resulta un collage de sensaciones que muestra cómo es vivir en una geografía sísmica. “Tierra en movimiento” (2014) es un flujo de ideas y evocaciones que remiten a lo que recordamos o soñamos sobre un terremoto, pero no desde cualquier lugar, sino que desde un hablante que pertenece a un país que se autodestruye constantemente, cada cierto tiempo. Desde el comienzo de la obra la realizadora nos cuenta que hará caso omiso a las imágenes típicas que surgen en los noticiarios y en cambio nos invita a mirar a través de las grietas que deja la tierra, personajes e historias que existen, que están ahí pero que nos cuesta ver. Lo que finalmente nos queda en la mente es un juego de apariencias: la conformación de un retrato cuyas características van cambiando cada vez que diferentes espectadores logran escarbar en su propia memoria, ayudados por las imágenes y sonidos que pasan a través de sus sentidos. Panizza logra así desencadenar un ensayo poético que explora la intimidad de un país entero.

 

Felipe Garrido G.

Equipo Cine Club Universidad de Chile.

2016



“Alas de mar: que no se nos acabe el fin del mundo”

15 11 2016

En lo más austral del mundo, entre fiordos e islas, habita una manera original y única de interpretar la realidad, la que se ha perdido paulatinamente a causa de la intervención del hombre blanco. Quien, desde que pisó esa tierra, desgastó y aniquiló a los indígenas del extremo sur de América; dolor sin acabar, y, que los estados chileno y argentino a través de diversas acciones, parecen no tener voluntad de que esto acabe.

“Alas de mar”, podría ser considerado el documental secuela de “Calafate: zoológicos humanos”, pues aquí nos internamos en el íntimo viaje de reconstrucción histórica y espiritual de dos mujeres Kawésqar. Celina Llan Llan, quién en 2010, gracias al documentalista Hans Mülchi, y la acción de investigadores de la Universidad de Zurich, y tras dos años de diligencia, logró restituir los restos de sus antepasados que fueron exhibidos en Europa en los zoológicos humanos del siglo XIX, encontrados en Suiza (proceso que se muestra en “Calafate…”). Y, su madre, se internan, gracias a la proeza navegante heredada de sus ancestros de su hermano, en un viaje por el fin del mundo.

Así, entre paisajes y natural belleza, reconstruyen navegaciones, pasajes que reaparecen desde sus memorias dolidas obligadas a dejar sus chozas, hasta visitar el lugar donde fue sepultada su abuela.

El documental resulta imprescindible para comprender la particular manera de pensar de la cultura Kawéskar. Kawéskar significa ser racional de piel y hueso (kawes: piel, qar: hueso). Según algunas investigaciones, se calcula que la población llegó a ser de entre 3 mil y 4 mil individuos que se acostumbraron a vivir con 6° C en promedio, y, en estrecha relación con sus vecinos chonos, aónikenk, yámanas y selk’nam. Hoy en día, las y los que quedan vivos, conviven con el conveniente mito de la extinción, que los confina al olvido, al texto de estudio y a la enciclopedia.

En esta, la V versión de Cineastas de la Chile, “Alas de mar” de Hans Mülchi, nos devela todo este saber ancestral de manera muy sencilla y sincera- en donde el mismo director se cuestiona sobre el cómo documentar este viaje- , y con ello, los deseos de estas mujeres de volver a ciertos lugares, el sentido de pertenecer al naufragio y a muchos lugares al mismo tiempo, y el amor por navegar. Así, con la gran potencia fotográfica del documental y los paisajes prístinos que inundan la pantalla, acompañados de las narraciones y conversaciones entre Celina, su nieto y los investigadores, podemos conocer la navegación Kawéskar: el ir al ritmo de los remos lentamente, con mucho tino de la observación hacia las aves, las rocas, observar cómo llega la noche y las estrellas al ritmo de las olas. También, su manera de vivir las problemáticas medioambientales actuales como el cambio climático, que les impide seguir el devenir habitual de la naturaleza para entenderla.

Se sabe que los pueblos indígenas protegen el 80% de la biodiversidad del planeta, pero tan solo habitan menos del 20% del territorio mundial, siendo propietarios “legales” de menos del 11% de dichas tierras. Esta tensión territorial, ocurre también en nuestro país, y, con este documental, se evidencia una forma más de cómo es que el sistema económico extractivista imperante, ha afectado directamente las formas de vida de los pueblos indígenas. De hecho, si fuese por “propiedad”, en Magallanes, los Kawéskar podrían reclamar toda esa zona como propia. Sin embargo, el estado chileno, una vez más no les reconoce soberanía, ni derecho sobre terrenos ancestrales.

No podemos dejar de cuestionarnos entonces, cómo es que, estas sabidurías únicas sobre el modo de vivir y entender el medio natural, se han desperdiciado, denigrado y despreciado continua y sistemáticamente. El reconocer las violaciones de los Derechos Humanos contra pueblos indígenas, podría ser el primer paso no tan solo para cuidar el patrimonio de estas comunidades, sino también, nuestro planeta y su biodiversidad. En tanto, repensar y deconstruir el cómo es que nos estamos relacionando con nuestro entorno, y aprender de los saberes ancestrales, se vuelve urgente y necesario.

 

Ana Rojas Didier

Equipo Cineclub 2016



“Hija de la laguna: El agua como territorio suspendido”

10 11 2016

Latinoamérica ha sido un territorio que en toda su historia ha cruzado la palabra crisis, como si fuese parte de nuestra identidad.  Desde conflictos sociales, políticos y medioambientales, hoy en día este último a tomado fuerza en la lucha de diversas organizaciones para defender derechos básicos como la tierra, el aire y el mar. Precisamente es el agua,  el elemento estructurante de este premiado documental peruano que hace hincapié en como las mineras trasnacionales se instalan para extraer los recursos minerales, dejando verdaderos desastres naturales en poblados generalmente de autonomía indígena.

El personaje conductor de esta historia es Nélida, una joven mujer de los Andes que habla con los espíritus del agua, generando una conexión poética de la belleza ancestral. Ella le cuenta a la laguna los problemas que se avecinan, y le pide las fuerzas para poder luchar contra esta injusticia. Es así como acompañamos a Nélida en un viaje físico y personal, desde sus estudios para ser abogada para defender la lucha contra las mineras y el Estado, hasta su compañía con habitantes campesinos indígenas que temen por no saber leer ni escribir, que estas retroexcavadoras les pasen por encima de sus tierras.

 

Lo interesante del documental, es que nos sitúa en diferentes lugares del Altiplano y de los Andes, en donde las mineras ya han destruidos los ecosistemas, dejando sin pan ni pedazo a los pequeños habitantes indígenas del lugar.

La progresión de las vistas de estos lugares llenos de calma, paz y silencio se contrasta con lo que ocurre en la ciudad, en donde el pueblo organizado sale a manifestarse en contra de las políticas de estado y en defensa del agua que cada vez se hace más escasa.  Es allí donde nos damos cuenta, que los antagonistas tienen el rostro de policía, y que el fuera de campo intencional y político, es que en la laguna yace un rico depósito de oro.

“Hija de la laguna” es un potente documental que con pocos recursos, provoca desde la voz poética de Nélida hasta la fotografía que acompaña a esos diálogos de ella con la laguna.  Este es un conflicto que ocurre en Perú, pero que se desprende a todo nuestro territorio Latinoamericano, sin ir más lejos la lucha que han dado organizaciones sociales contra las hidroeléctricas en nuestro país es parte del mismo conflicto que muestra este documental.

Nota aparte el final de este documental, que nos abre las puertas para reflexionar en este nuevo ciclo de Cine Club de la Universidad de Chile en conjunto por primera vez con Canal Cultura de Colombia y los festivales de cine de derechos humanos de Bogotá y Ambulante.

Daniel Miranda A.

Equipo Cine Club Universidad de Chile

2016






Social links powered by Ecreative Internet Marketing