Tangos: El Exilio de Gardel (1985)

14 09 2016

Tangos: El Exilio de Gardel (1985)

Fernando “Pino” Solanas

Sonido de un acordeón, el contraluz de la silueta de un cuerpo debajo de un puente parisino. Los acordes que remiten a una nostalgia. Una pareja baila con pasión el tango y aparecen los créditos. Son los primeros minutos de este largometraje de ficción del aclamado director Fernando “Pino” Solanas, uno de los grandes bastiones cinematográficos del cine político argentino, esta vez tomando el género del musical para hablar de uno de los tópicos de la violencia política en una dictadura: el exilio.

Solanas pone en escena una serie de historias para representar el exilio, que van desde la joven (María) que ha vivido años fuera de su país y que su madre, una destacada actriz, incita a estudiar. Esta, junto a un grupo de actores y amigos están en la búsqueda de realizar una puesta en escena musical que llaman “el exilio de Gardel”, que termina siendo el hilo conductor de estas historias.

Lo interesante, más allá de algún protagonista o no, ya que lo coral toma sentido en la conjunción de un grupo grande que vive la misma situación, es visualizar una obra que habla del exilio, sin caer en el sentimentalismo lánguido, sino a través de la magna obra musical de Astor Piazzolla para ligar conceptos como la nostalgia, la incertidumbre del volver, las preguntas desde otro lugar. ¿Cómo representarlo? A través de la música y la danza, como muestra de exhibición corporal de ideas y sentimientos.

La puesta en escena de este grupo se va construyendo en el camino. Los mensajes llegan desde Buenos Aires, y terminan calando hondo en las letras de cada paso de baile que se va colocando dentro de la película. El grupo lo denomina como una tanguedia, una especie de musical que mezcla elementos del drama y la comedia. Estos dos elementos de género son precisamente lo interesante de la propuesta de Solanas, ya que los momentos de diálogos (que no abundan, como en sus documentales, para conocer más allá de las historias) remiten a la nostalgia de la raíz de un territorio que se les impide acceder, para sumarlos a las puestas en escena que llegan a tener algunos momentos, un tono al estilo Chaplin. Todo siempre hilado por el tango.

Y vamos a empezar el acto dos…con cartas del exilio y del país. Y vamos a contarte para vos….las cosas que vivieron en París…Las cartas del exilio y en el mar, trayéndonos afectos como el mar…

La tanguedia que propone Solanas se convierte en metáfora del realismo de muchos que sufrieron el exilio. Llevando a escenas llenas de elementos clichés como los papeles volando, los sombreros “tangueros” como elemento del recuerdo y el nombre de Gardel como ícono de un país, que no molestan porque entran en el tono de la película, que no quiere apelar directamente a la reflexión del panfleto político, sino disfrutar de un concierto lleno de carga emotiva.

Finalmente María, con su voz en off seguirá preguntándose (al vivir ya años fuera de su país) a donde realmente pertenece ¿Dónde está mi identidad?, la pregunta que muchos hijos de exiliados latinoamericanos se siguen preguntando cuando vienen a conocer sus raíces.

Solanas presenta el exilio de manera amable, política, pero amable, en un ejercicio que nos hace inevitablemente comparar con lo que hizo el chileno Raúl Ruiz en la misma Francia con “Diálogos de Exiliados”, que dentro del humor, hace más crisis desde la idea hasta la puesta en escena.  Dos maneras totalmente diferentes de ver el exilio, algo que tocó la médula de las dictadura latinoamericanas.

 

Daniel Miranda

Equipo Cine Club Universidad de Chile

2016






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