Acá seguimos

22 06 2016

400 años han pasado y el cuerpo William Shakespeare yace impoluto y soberano  sobre el sol, dios incognito. siglos de personas naciendo y muriendo, ninguno le ha visto el rostro, pero el tiempo lo  ha coronado –en parte- como emperador de las emociones.

Nuestra idea con este ciclo es pensar a Shakespeare como lo que es: un Planeta Muerto, un glaciar subterráneo, un ecosistema eterno. Su legado es el que nos motiva como a tantos otros grupos de individuos e instituciones en el mundo a traerlo hoy de vuelta al centro de la tensión.

Adentrándonos, hemos sido testigos de su obra como estadio, como territorio, como dimensión de la humanidad en diversos grados. la mutación de un Macbeth en la guerra civil del Japón feudal: la presencia de su cosmogonía en una cultura tan lejana como hermana, una especie pasadizo entre códigos. La figura poderosa de Ricardo III como punto de inflexión de las culturas y del lenguaje, acercando sus ideas a personas tendidas en la modernidad de maquinas, simulación e idolatrías y si queremos, ayuda para desacralizarlo y sacarlo de su petrificación. Ahora, como tercer punto cardinal en el mapa, una operación de re-significación de una obra embestida con lo real, un rito  en su nombre a cargo de dos hermanos conocidos del cine europeo, del cine italiano: los hermanos Paolo y Vittorio Taviani.

César Debe Morir (Cesare Deve Morire, 2012) es una película particular,  una cancha móvil presentada donde se ejecuta la puesta en escena,  tomando a Shakespeare y dándole un pulso para construir tensión entre su obra y lo cinematográfico. Tomando posesión del teatro, depositados en el espacio de la prisión siendo estos  los motores maestros de la ceremonia.

El gesto es el siguiente: un grupo de hombres marginados, condenados por distintos crímenes y encerrados en la cárcel de alta seguridad de Rabibbia en Roma,  se disponen a participar en la obra teatral anual : Julio Cesar, la probablemente escrita en 1599. El seguimiento abarca los seis meses de preparación para la obra, que transforma los densos ensayos en un exorcismo propagado por toda la prisión, dado que el anfiteatro esta en reparaciones.

El testimonio aquí es de personas que han palpado los limites de la emoción humana disponiéndose a interpretar teatro en la cárcel. dentro de lo que conlleva una dinámica tal, afloran en pura rabia las ganas de expresar algo con una historia sobre nobles y enaltecidos hombres del poder germinado en un imperio crucial para la historia del mundo, entregados al complot. Ellos aparecen como los indicados para vivir esta experiencia, fiel a sus propias vidas.

La película se desarrolla también en dialectos ambiguos sobre la actuación, la exposición experiencia real de los reos, la evidencia en la coreografía de cuerpos, la oscuridad y la luz de las celdas, todos espacios que se transforman, cuando los participantes parecen pactar a sangre con lo que están haciendo. Los Taviani comandan una cosa real, narran en trastorno.

La puesta en escena es respetuosa de una cosa por sobre todas: la emoción. así que no diremos que los espacios se quiebran o que los contextos se distorsionan sino que simplemente se abren con voluntad. Los diálogos de los participantes tocan la obra y su sentido, se completan con diversas reflexiones y partes agregadas que invitan a relacionarse con la confusión misma, con la sospecha y la apropiación, con coreografías viscerales, además de una brillante mantención del Neorrealismo que parece darse lengüetazos con el dramaturgo ingles.

La procesión es en el claroscuro, en habitantes del exterior que entrar y salen, de una visita a los opacos sectores de una prisión como el instrumento podrido e inútil que es y como el escenario donde estos hombres vieron el tiempo detenerse y donde los gendarmes rapiña miran hacia abajo.

Ahí abajo muerte, cuerpos atrofiados, vínculos exteriores, decisiones de otros, encierro y cavilaciones sobre diarreas son láseres que cruzan la prisión de punta a punta, Romanos presos habitando a Julio Cesar, una manada de bueyes espesos.

Shakespeare es una carpa inmensa, cocida a contrapelo y donde se mezclan las obras, el pensar, la acción, la historia, la moral y tantas cosas mas que poseen los cuerpos de personajes que hoy ya son construcciones imposibles de ignorar y sin embargo, como hemos querido reafirmar con estas películas, son posibles de mover y deconstruir con la libertad que se desee.  De la forma que sea, si nos acercamos a su obra, nos inmiscuimos en la conciencia de su inmensidad como primera impresión y en la temible estructura que supone su interpretación. pero no es un dios de temor, es un estado desnudo de la verdad.

Sin intención de menoscabar adaptaciones históricas como la de Joseph Mankiewicz en 1953 con Marlon Brando, nada menos. En Cesar Debe Morir, algo se mueve mas allá y llámalo como quieras: catarsis, rito, terapia, desprendimiento de la energía, desdoblamiento o destrucción, documental o emulación. la convocatoria a este Cesar es reveladora, casi mística.

En palabras del cineasta argentino Fernando Spiner para Canal Encuentro[1] “Los Taviani logran resignifcar una de la tragedias mas importantes para construir un alegato y una reflexión muy poderosa sobre la libertad.”

Nuestra tercera sesión nos sigue corroborando que Shakespeare tiene aun mucho terreno por explorar, pasadizos por abrir, pistas extrañas a nuestra era: ceremonias para hablar sobre el Poder,  la criatura babosa que engendró la humanidad.

Maria Mondacae.

Equipo Cine Club Universidad de Chile

2016


[1] Avance: Cine entre líneas (César debe morir) – Canal Encuentro HD: https://www.youtube.com/watch?v=Co0GCxu1Wkc. 

Ganadora de el Oso de oro en el 62 Festival Internacional de Cine

de Berlín y el David de Donatello a Mejor Película, entre otros premios.

 






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