Trono de Sangre (Kumonosu-jo)

9 06 2016

Trono de Sangre (o Kumonosu-jo, que traducido sería Castillo Telaraña), película de Akira Kurosawa,  trata, de igual manera que la obra en la que se basa (Macbeth), la ambición en un sentido en que esta genera actos disruptivos de un “orden natural” del mundo presentado, actos por los que una eventual venganza se hace necesaria para reestablecer este orden.

Kurosawa traslada la obra de Shakespeare a Japón feudal, en donde el personaje principal, Taketoki Washizu, jefe militar quien, luego de asegurar una victoria que parecía difícil de alcanzar en el campo de batalla, se encuentra perdido junto a su compañero Yoshiaki Miki en el Bosque Telaraña. Buscando la salida, se encuentran con una bruja/espíritu quien les presagia que ambos serán ascendidos; Washizu luego será amo del Castillo Telaraña; y que, posteriormente, el hijo de Miki también será amo del Castillo Telaraña. Haciéndose realidad la primera parte de este augurio, se desencadenará un conflicto, tanto interno en Washizu, como también con los demás personajes, y principalmente, con su esposa, quien incitará y eventualmente convencerá a Washizu de llevar a cabo estos actos disruptivos.

A lo largo de la película podemos distinguir diversos símbolos y mecanismos dispuestos para la generación de esta disrupción. En primer lugar, es notable la interpretación del actor Toshiro Mifune (Washizu), en quien, en escenas en las que se prescinde del diálogo, podemos leer claramente agobio e inquietud, con su expresión de preocupación permanente, que cae en conflicto con la severidad y rigidez con la que debería actuar un militar, actitud con la que Washizu intenta aplacar esta preocupación. Es aquí en donde su esposa cumple también un rol importante, ya que es ella quien infundirá de la maldad necesaria en el actuar de Washizu. Maldad que, según Lady Macbeth, debe secundar la ambición para llevarse a cabo el destino. (I, 5).

Volviendo a la configuración de este “orden interrumpido” dentro de la película, podemos mencionar la escena de la aparición del fantasma de Miki, que indica un descenso a la locura de Washizu (que incide eventualmente en su esposa también), consecuencia de los crueles hechos llevados a cabo. Cabe destacar en esta parte, el uso de la iluminación que efectivamente genera un aspecto “fantasmal”, como también lo hace en la escena de la aparición de la bruja, en la que también la voz es importante, no sólo como logro técnico en el sentido de la “atmósfera” de la escena, sino que también en un sentido narrativo, ya que establece una posible ambigüedad femenina/masculina de la bruja, que en Macbeth está señalada por la barba de las brujas, aspecto físico masculino que en la obra confunde a Banquo. (I, 3).

Los ejemplos mencionados anteriormente son sólo pistas para encaminarnos en la identificación de más instrumentos y símbolos que son utilizados en la película.

Kurosawa se apropia de la obra de Shakespeare, plasmándola magníficamente a través del lenguaje cinematográfico. La obra de Shakespeare no sólo perdura gracias a trabajos como el de Trono de Sangre, sino que también por su propio mérito. De esta manera, ¿es posible realizar el mismo ejercicio (teniendo en cuenta obviamente la dimensión, pero además, nuestra realidad) de apropiación de la obra de Shakespeare por nuestra parte? Para este efecto me gustaría dejar el siguiente pasaje de la obra Macbeth:

“ROSS. ¡Ay, país mísero, casi temeroso de verse a sí mismo! No cabe llamarlo patria, sino tumba nuestra, donde el único que alguna vez sonríe es el que nada sabe; donde los suspiros, quejas y gritos que rasgan el aire son proferidos pero no advertidos; donde el dolor extremo parece un trance común; allá, apenas si se pregunta por quién toca a muerto la campana, y la vida de los valientes expira antes que mueran, o que se marchiten, las flores de sus gorras.” (IV, 3).

Jorge Alache Díaz

Equipo Cine Club Universidad de Chile

2016






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