Feliz Navidad Mr. Lawrence (Furyo)

25 05 2016

Nagisa Oshima se caracterizó por ser un director polémico dentro del cine japonés contemporáneo.  Sus películas ponen en tensión la cultura nipona, la guerra, la identidad o la sexualidad, siempre abordados desde un tono sutil y profundamente estético.

Feliz Navidad Mr. Lawrence fue una de sus películas más famosas, basada en la novela  “El sembrador y la semilla” del holandés Laurens Van der Post, Oshima pone en manifiesto su profundo sentido anti bélico y el valor humanista frente a todo.

El filme se ambienta en 1942, en Java (Japón) donde un grupo de soldados británicos están en un campo de prisioneros bajo el amparo de las estrictas leyes de guerra de los soldados japoneses. Es en ese lugar que llega el teniente Jack Celliers (Bowie), un irreverente británico que viene a incomodar el espacio y sobre todo al Capitán Yonoi (Sakamoto).

 

La decisión de mostrar las diferencias culturales de occidente y oriente y el conflicto armado, pasa por dejar afuera todo lo estrictamente cliché de las batallas en guerra, acá todo se centra en los diálogos y las relaciones que se forjan dentro de este campo de concentración. Esa intención nos hace recordar a la gran película de Jean Renoir “La Gran Ilusión”.

Esta película tiene muchas aristas de análisis, pero como este ciclo está centrado en la figura de Bowie,  no podemos dejar pasar la excelente interpretación actoral (para algunos la mejor) del multifacético artista.  Aquí vemos a un Bowie que incursiona en el realismo, por lo que la tensión interna que representa el personaje de Ceillers es lograda a cabalidad por el cantante. Aquí la mirada de los ojos de distinto color juega un papel fundamental en la tensión que genera con Yonoi y en el simbolismo de estos dos polos culturales que no se encuentran en el campo de batalla, pero si en el rol humano. Notable es la escena al más estilo “ser o no ser” Shakespereano, en donde Bowie recrea una auto conversación en la celda. Es la película donde menos habla, donde los gestos de la mirada, los silencios y las acciones crean a cabalidad este personaje, se nos olvida por dos horas la figura mundial de la música que está en escena y nos hace sumergirnos completamente en Jack Ceillers, al más puro Stanislavski.

En eso, tiene mérito la dirección de Oshima, quién, no casualmente, coloca a otro músico como antagonista, Ryuichi Sakamoto, quién en su primera película como actor logra dar el tono y la tensión de este soldado japonés que se debate entre las costumbres, la cultura ninja y su represión sexual.

Nota aparte, es la música realizada por Sakamoto, quién luego de este filme tendrá una larga trayectoria en las bandas sonoras, siempre con esa identidad entre la vanguardia y la electrónica.

Oshima une a Bowie con Sakamoto, dos grandes de la música, en el marco del encuadre cinematográfico, no es casual. Tampoco lo es el título Furyo que significa campo de concentración.

Se podría hablar de muchos aspectos que confluyen en este largometraje. Sin embargo les dejo la invitación a entender y profundizar el nombre de la película, porque la Feliz Navidad, parece ser clave para entender que nos quiere decir Oshima respecto al valor de la humanidad, que a veces puede ser solo una sonrisa en los tiempos complicados.

Daniel Miranda

Equipo Cine Club Universidad de Chile

2016



The Hunger; Después del felices para siempre

22 05 2016

“Bela Lugosi’s dead
The bats have left the bell tower
The victims have been bled”
Bauhaus , 1979

 

Bela Lugosi ha muerto! Resuena como un mantra en los primeros minutos del metraje, mientras somos sumergidos a una atmósfera saturada lujuria y frenesí, propia de la escena underground ochentera. Los acordes del famoso tema de Bauhaus, son utilizados como una declaración de principios de esta historia.  Porque es cierto, Bela Lugosi, el mítico Conde Drácula del blanco y negro ha muerto, y con él caduca el arquetipo del vampiro aristócrata de colmillos afilados y larga capa roja.

La película es una adaptación de la novela homónima escrita por Whitley Strieber en 1981, donde se nos introduce a John y Miriam Blaylock – David Bowie y Catherine Deneuve- , una pareja de chupasangres que viven en la ciudad de Nueva York. Durante el día practican piezas de Schubert y durante la noche utilizan su sensualidad para cazar a sus víctimas y calmar su irascible sed. La pareja comienza a ser atormentada por el prematuro envejecimiento de John lo que pondrá en jaque la promesa que alguna vez la pareja se hizo, estar juntos para siempre.

“The Hunger” (1983) se enmarca de la renovación del genero vampírico que comienza en la literatura en la última mitad del siglo pasado. Autores como Ann Rice, Stephen King y Richard Matheson liberaron al vampiro del ataúd y la tenebrosa mansión, introduciéndolo en el contexto de la ciudad, donde la vida eterna es más cercana a una maldición.  De esta manera, “The Hunger” incorpora a este tipo distinto de criaturas de la noche, los cuales son despojados de sus conflictos prosaicos como la luz del sol o los símbolos religiosos. Casi como una metáfora de la época, estos seres eternos encontrarán sus enemigos en la vejez y la soledad.

Este acto de desmitificación de la figura del vampiro a su vez incorpora elementos propios del movimiento contracultural de los ochenta. De aquí es posible entender el interés de la época por estas criaturas de la noche, de tendencias bisexuales y sumamente erotizadas, tabús que habían quedado relegados de la pantalla grande.

Otro elemento que resuena a simple vista es la sofisticación estética presente en el metraje. La experiencia en el mundo de los videoclips del realizador Tony Scott incorpora ese dinamismo pulsional presente en la construcción sonora de la película.  Por su parte, el impecable trabajo fotográfico junto con la dirección de arte da cuenta de esa búsqueda por plasmar la plástica gótica ochentera, elección de los protagonistas dan cuenta del mismo fenómeno, es así como la participación de David Bowie se introduce como un elemento estético en sí mismo.  De esta manera The Hunger se configura como una película de culto con una notable preocupación estética epocal que no queda exenta de contenido ideológico. La película al igual que sus protagonistas, tienen una belleza que no está exenta de vacío.

 

 

 

Camila Toro

Equipo Cine Club 2016



Función especial: Pre estreno Nacional “Talión”

17 05 2016

Cine Club Universidad de Chile en colaboración con la Cineteca Universidad de Chile presenta este miércoles 1 de junio, el pre estreno nacional “Talión”, la opera prima del director Martín Tuta.

 

Talión” es el nombre que se le da a un principio jurídico de un castigo en semejante. Este filme cuenta la historia de un hombre que, atormentado por la culpa, maquina un plan para secuestrar y torturar pedófilos con la intención de remecer las estructuras de un sistema que no da respuestas a los constantes abusos que sufren muchos niños y adolescentes.

Utilizando elementos del suspenso, el thriller y el drama policial, esta película se exhibirá en una función exclusiva en nuestro Cine Club de la Universidad de Chile antes de su estreno en salas del país.

Los dejamos invitados a sumarse como espectadores activos en este ciclo, y extendiendo la invitación a participar del espacio de discusión que se realizará una vez finalizada la proyección, ya que contaremos con la presencia del director Martín Tuta y parte del equipo para dialogar con los asistentes.

¿Dónde? ¿Cuándo?

Miércoles 1 de junio a las 18:30, Auditorio Jorge Müller, Instituto de comunicación e imagen (ICEI), Campus Juan Gómez Millas, Universidad de Chile.

Ingreso por Ignacio Carrera Pinto #1045 ó Las Palmeras #3425.

Actividad Gratuita



Laberinto y David Bowie: Un personaje legendario en una película de culto

17 05 2016

David Bowie fue un personaje complejo, tanto así que hizo de su propia muerte una obra de arte a través de su poderoso álbum final “Blackstar” (2016). Con su repentina partida se convirtió no sólo en uno de los artistas pop más importantes de los últimos años sino que también en una figura legendaria y trascendental cuya influencia seguramente quedará plasmada por mucho tiempo. Bowie como artista fue extraordinario y multifacético, esto se refleja en la abultada cantidad de material que dejó como evidencia indiscutible de su talento pero también en la variedad de estilos, géneros y formatos, tanto musicales como audiovisuales en los que experimentó. Como uno de sus tantos legados nos dejó algunos personajes que con el paso del tiempo se convirtieron en figuras de culto, entre ellos están Major Tom, The Thin White Duke, Ziggy Stardust o el excéntrico Jareth, antagonista en la película “Laberinto” (1986) dirigida por Jim Henson.

“Laberinto” no es una película que quiebre esquemas en ningún ámbito, ni siquiera en su creativa técnica de animación de muñecos y marionetas que ya había sido probada por Jim Henson en “El Cristal Oscuro” (1982). Tampoco en la historia que cuenta ni en su estructura narrativa que nos recuerda obras como “Alicia en el país de las maravillas” (1951) o “El mago de Oz” (1939), todas películas comerciales que se desarrollan bajo el modelo clásico de tres actos pero que son contadas desde un mundo fantástico, lo cual le brinda ciertos elementos aparentemente experimentales o surrealistas al producto final.

De cualquier forma este filme estaba destinado a convertirse en un objeto de culto, una de las principales razones para esto se encuentra en la gran cantidad de talentos de la industria pop que se reunieron en ella, partiendo por el mismísimo Henson, la mente brillante detrás de los “Muppets”; también George Lucas como productor, Jennifer Connelly como protagonista, Terry Jones como guionista, Trevor Jones en la composición musical o Arif Mardin en la producción musical. Sin embargo la figura más icónica y reconocible, con la cual “Laberinto” aseguró su estatus de culto, es David Bowie quien además de cumplir bien actoralmente en uno de los roles principales del filme, lo llena de canciones pegajosas de principio a fin.

En gran parte es gracias a la figura de Bowie que la película termina siendo un testimonio vivo de la estética de una época, esto se evidencia a través de ciertas marcas presentes en varios elementos cinematográficos como los tipos de planos, la utilización del zoom, los efectos especiales, el maquillaje y los peinados pero sobre todo en la música del británico que mezcla instrumentos tradicionales con sintetizadores ochenteros los cuales nos llevan directo a una etapa particular en la vida artística de Bowie en la que aparecieron dos discos: “Tonight” (1984) y “Never let me down” (1987). Esto también tiene sus contras ya que como todo objeto pop la película está expuesta a ser juzgada en el ámbito del gusto, condicionada por el tiempo. Tras la aparición de nuevas tecnologías tanto en lo cinematográfico como en lo musical, “Laberinto” pareciera estar añeja en algunos de sus elementos los cuales podrían catalogarse dentro de lo kitsch. Lo último le brinda un aura nostálgica a la película, sentimiento que solo se potencia con la muerte de Bowie.

Más allá de la estética o el gusto no hay que olvidar que “Laberinto” es una película infantil llena de grandes lecciones y ahí recae su mayor valor. La protagonista de la historia es Sarah quien vive un mal momento tras la separación de sus padres. Su madrastra le pide que cuide a su pequeño hermano Toby, quien es apenas un bebé pero Sarah se siente utilizada, a esto se suma que descubre uno de sus juguetes favoritos en la habitación de Toby. Su enfado es tan grande que desea que Toby desaparezca, lo cual sucede cuando Jareth el rey de los Goblins lo secuestra. Para recuperar a su hermano, Sarah debe llegar al castillo de Jareth que se encuentra al final de un laberinto a través del cual debe ir superando muchos obstáculos y conociendo extraños personajes. En el laberinto todo es inesperado y nada es lo que parece lo cual provoca en Sarah un desconcierto inicial pero a medida que avanza en su viaje se da cuenta de que cada problema tiene su propia lógica y es necesario descubrirla y adaptarse a ella para lograr su objetivo.

Sarah se dará cuenta de que, aunque sea doloroso admitirlo, la vida está llena de cambios a los que hay que adaptarse, que a veces podemos encontrar injustos, ilógicos, innecesarios pero que finalmente son inevitables. Lo que debemos hacer es aprender a naturalizar la idea de que los cambios son parte de nuestras vidas para poder controlarlos en algún punto y convertirlos en algo positivo. Pero Sarah no aprende esto sola, hace el camino del laberinto apoyada constantemente en un grupo de amigos que se va formando en la medida que avanza hacia su objetivo final. Sarah se da cuenta de que la solución a sus problemas está en si misma y que para ser más feliz debe desarrollar su inteligencia, su fuerza de voluntad y su autoestima, además de valorizar también a aquellos que más la quieren: su familia y amigos.

“Laberinto” enfrenta a los niños a una realidad que a veces puede ser dura, alejándose de la idealización frecuentemente utilizada en los cuentos de hadas y princesas en donde todo se puede solucionar con una varita mágica o un beso romántico. A través de una estética más oscura, un sentido del humor inteligente y una historia entretenida, invita a los niños a buscar sin miedo su propio camino entre aquello que les parece extraño, desordenado y caótico, que al final no es nada más ni nada menos que la vida.

Por Felipe Garrido G.

Equipo Cine Club U de Chile – 2016



Un cine entre la Tierra y las estrellas

17 05 2016

Clasificar esta película dentro de alguna tendencia cinematográfica particular sin considerar sus características eminentemente modernas, sería negar su esencia histórica, atemporal al mismo tiempo. Esto que puede parecer una ambigüedad (o una falta de postura frente a la obra) no es sino un juego incesante con el que el director Nicolas Roeg enfrenta al espectador deambulando entre la ciencia ficción y la experimentación narrativa, entre los estereotipos y personajes incompletos. Entre lo concreto y lo abstracto. Entre el personaje cinematográfico y el sujeto David Bowie.

Demás está decir que esta primera inclusión de Bowie en el cine está enormemente aprovechada por sus características fisiológicas e intereses literarios en el personaje que interpreta, rodeado de ambigüedades de personalidad y físicamente diferenciado del resto del mundo en el que se desenvuelve. Su personaje, Thomas Jerome Newton es presentado desde la primera escena como un extranjero, un ente que no deja leer sus motivaciones ni sus deseos, siendo incluso carente de emociones obvias casi todo el tiempo, para lo cual la interpretación juega un papel fundamental en poder transmitir sensaciones angustiantes o alegres a través de un sujeto que expresa más por expresión corporal que por lo que dice o lo que transmite su rostro, siendo precisamente aquellos momentos en los que se permite expresar sus verdaderos sentimientos cuando agarra mayor fuerza las contradicciones y cargas con las que el extraterrestre debe vivir. Una ejemplificación más o menos evidente (aunque cuestionable) de la referencia a la película Persona de Ingmar Bergman en una escena clave del protagonista y su pareja, pero al mismo tiempo estableciendo su imaginario propio en otras como cuando el protagonista se enfrenta a sí mismo en el espejo. En estos aspectos del protagonista cabe hacer una mención necesaria a la pareja del protagonista interpretada por Candy Clark, cuya agobiante y cómica interpretación es fundamental en imbuir al extraterrestre en la decadencia ingenua de la humanidad.

 

En cuanto a la línea argumental, The Man Who Fell to Earth plantea una historia sencilla pero poco obvia, desarrollada de manera tal que los elementos claves van siendo aclarados hacia el final del metraje más que al comienzo, estableciendo una confusión desde el inicio que incluso al final cuesta dilucidar del todo, lo que termina siendo más bien un acierto pues la obra concluye bajo la misma lógica que desarrolla coherentemente en su metraje, con un montaje que a ratos juega con poca claridad con el desarrollo del tiempo cinematográfico y a ratos respeta los tiempos muertos de las situaciones, transportando al relato a otro planeta sin justificación alguna tanto como se aprovecha de la continuidad de una escena con otra en un lugar y tiempo definido.

La apuesta sigue siendo jugada al nivel técnico cinematográfico, tanto en el complicado montaje ideológico predominante como en los recursos fotográficos y sonoros. Siendo la construcción visual fundamental en el planteamiento confuso de la historia y los personajes, jugando con filtros ópticos, aprovechándose al máximo de las aberraciones de los lentes anamórficos y desarrollando un tratamiento de cámara que juguetea con el imaginario documental del Cine Directo en conjunto con las formalidades dominantes de la industria en aquella época. Siendo aun más evidente la propuesta en las atmósferas sonoras que rompen con la pasividad del espectador y establecen una postura más bien de rechazo en contraposición a aquellos momentos en que la banda sonora establece otros códigos más digeribles auditivamente hablando, todo esto muy de la mano de la propuesta musical de Bowie por aquella época.

En definitiva una película que bebe de fórmulas más que probadas para la época (hasta en las referencias pictóricas que aparecen en escena) pero en conflicto constante con una propuesta arriesgada y personajes poco empáticos, código predominante y juguetón. Aun considerando que la historia está basada en una novela, pareciera ser que el director adaptó la vida y propuesta musical de David Bowie y la convirtiera en una pieza cinematográfica magistralmente inconclusa, ambiguamente detallista, críticamente irreverente y angustiosamente extraterrestre.

 

 

Pablo R. F.

Equipo Cine Club 2016



Vértigo: El lenguaje cinematográfico como soporte de un juego psicológico

17 05 2016

Interesante resulta el análisis de los elementos cinematográficos que componen Vértigo (1958), pues con ellos Hitchcock forja un tipo de espectador que no sólo consume pasivamente la obra que él produce, sino que además sin querer se encuentra involucrado en ella, y es más, en este caso, al menos en gran parte de la obra, la mirada del espectador se asimila a la propia mirada del protagonista; uno ve como él ve, uno ve desde él. De hecho, que el cineasta británico nos ofrezca en los primeros minutos de la película un rostro femenino poniendo especial énfasis en sus ojos y la expresiva reacción de ellos, no es casualidad, sino más bien un indicio de su intención.

Asimismo, en la primera escena en la que aparece Madeleine (Restaurant Ernie’s), sin usar los diálogos como recurso, parece quedar claro qué tipo de mujer es Madeleine y qué tipo de hombre es Ferguson sólo con la gestualidad, expresión corporal de ambos y, sobre todo, con un encuadre que simbólicamente nos muestra un perfil perfecto de Madeleine, esto es, un canon de perfil entendido como técnica pictórica (como, por ejemplo, el que fue fuertemente utilizado en el arte del antiguo Egipto y que se regía por la idea de que el rostro muestra mejor sus rasgos más característicos y reveladores de perfil que de frente). Ferguson, por su parte, se presenta inmediatamente como alguien que se limita a contemplar a esta mujer de la manera más discreta posible, y desde este momento se instala para él la incertidumbre sobre quién es ella y qué hace, incertidumbre que va más allá del trabajo que le encargó su ex-compañero Gavin, y que levemente bordea el voyerismo que se acentuará posteriormente. Una atenta lectura de esta escena revela incluso que desde aquí en adelante Ferguson está condenado a enamorarse de Madeleine.

 

Todos los detalles técnicos anteriormente señalados -que podrían parecer insignificantes, pero que en absoluto lo son- sustentan además lo que el argumento mismo de la película nos dice de los personajes. Ferguson es un policía retirado, que padece de acrofobia y vértigo producto de un traumático accidente, soltero y ya un poco viejo. Madeleine, por otro lado, es una mujer misteriosa, elegante, joven, un tanto solitaria, mentalmente vulnerable y fuertemente atormentada por el fantasma de su difunta bisabuela. Tiene arranques de locura en los que pierde completamente el control sobre lo que dice y hace, y más aun, todo parece indicar que lo que dice y hace irremediablemente la conducirá a su propio suicidio. Es así como este personaje femenino se constituye en base a una dualidad: por una parte es una mujer de carne y huesos, cuya indefensión es prueba de su faceta humana y que a raíz de su desprotección genera una cierta relación de dependencia con Ferguson, pero por otro lado sigue siendo la mujer perfecta en la mente del protagonista; todavía un poco misteriosa, todavía bastante interesante, todavía abstracta. Esta confusa dualidad es lo que a fin de cuentas la sitúa en un plano muy concreto y a la vez inalcanzable.

Tomando en cuenta aquello, es posible ofrecer una lectura de la película que dé cuenta no sólo de dos dimensiones del personaje que es Madeleine, sino que también hablar de dos tipos de pérdida: una de ellas tiene que ver con lo perecedero de un cuerpo físico y la otra hace alusión a la muerte de un ideal, y en ese sentido vale la pena cuestionarse qué es lo difícil de superar a la hora de vivir una pérdida tal; si nos negamos a renunciar a lo que alguien es, o a lo que ese alguien representa en nuestras propias mentes.

 

 

Valentina Ávila D.

Equipo Cine Club 2016.

 

 

 

 

 

 






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