Akira y el triunfo de la distopía animada.

22 03 2016

(Como Cine Club de la Universidad de Chile, les damos la bienvenida a los nuevos estudiantes y a modo de presente hemos querido partir este año 2016 con esta función pre-inagural. ¡Esperando que las audiencias sigan creciendo!)

 

La animación oriental, hasta finales de los ochenta, destacaba por tramas basadas en problemáticas en torno a la amistad o valores universales no muy diferentes a los que podemos encontrar en la “vida diaria” o que podamos ver en una telenovela. Hablo de series como Heidi, Marco o Mazinger Z, pues si bien a veces la ciencia ficción era el elemento principal, la fórmula no variaba, acostumbrando a la audiencia a esperar una moraleja al final de cada historia. Sin embargo, el estreno de Akira (1988), del director Katsuhiro Otomo rompería los esquemas de una industria, situando la atención del mundo en la isla nipona, transformando el modo de hacer animación, posicionando con gran éxito, hasta el día de hoy, a la industria japonesa. Los cambios que produjo la cinta son analizables en tres aspectos principales:

Narrativamente, Akira es pionera en ciertos tópicos antes no tratados en la animación. La película nos sitúa en un caótico Japón (específicamente Tokio, Neo-Tokio) de 2019 que se encuentra saliendo de la Tercera Guerra Mundial. La estabilidad del país es prácticamente nula, surgen nuevas religiones, la política está en decadencia, la delincuencia hace estragos y la inseguridad reina por todo el lugar. Presentes en este apocalíptico escenario, una pandilla de motoristas juveniles se ve involucrada en un secreto experimento militar que termina desencadenando el conflicto entre dos pandilleros: Tetsuo y, quien fuera su mejor amigo, Kaneda. Sin embargo el mayor conflicto se presentará por parte de Tetsuo contra sí mismo, tratando de controlar los poderes que obtiene gracias al fatídico experimento. El film, pese a situarse en un futuro distópico, está lleno de críticas hacia la sociedad y la retrata de una manera nunca antes vista. La sangre y la violencia tiene un rol impensado para ese entonces en una historia animada, la cual se transforma y gana la atención de un público adulto, lo cual era aún más impensado.

Por otro lado, las animaciones japonesas, pese a tener un amplio y creciente círculo de seguidores, no contaban con un gran presupuesto (a diferencia de Disney, la gran potencia estadounidense) por lo que generalmente el trazo, en especial de los paisajes, no era muy trabajado. Cabe mencionar que Akira es la adaptación del manga que lleva el mismo nombre y que no se encontraba terminado al momento de hacerse la película. Aquello forjó una de las principales preocupaciones, ya que otras producciones en intentos de adaptación habían caído en el fracaso (quizás la única y conocida excepción es “Nausicaa” del reconocido estudio Ghibli) por lo que Katsuhiro Otomo decide fundar  “The Akira Committe” una empresa que recaudaría una cifra inédita para ese entonces: ¥1,100,000,000 algo así como 8 millones de euros. Buscando así replicar el éxito del manga (éxito absoluto en japón).

Este segundo cambio en el modo de producción tendría repercusiones directas en un punto antes ya vislumbrado. El estilo de animación rompió todos los moldes establecidos. El escaso presupuesto que se hacía notar en la reutilización de fondos o en la inexpresión de los personajes quedó atrás, dando paso a compuestos y realistas fondos en donde las expresiones de los personajes tiene un rol preponderante. Los diálogos fueron grabados antes de comenzar el proceso de animación para que así los movimientos faciales calzaran a la perfección. Del mismo modo los movimientos son mucho mas fluidos que en películas predecesoras del género. Akira contó con una cantidad inaudita de 160.000 celuloides de animación, permitiendo mostrar con gloria y esplendor el “cyberpunk” del Tokio futurista.

Akira es un punto fundamental para comprender el éxito con que goza la animación en la actualidad, y no hablo tan solo de la japonesa, hablo de la animación no hollywoodense en general. Pues quedó demostrado que los mitos y las críticas locales pueden ser mostradas en torno a la animación apuntando a todo tipo de público. Hace 40 años era impensada la animación para un público que no fuera el infantil. El triunfo de Akira va más allá de la pantalla, es un cambio en la industria y en la audiencia en torno a lo que contamos y la manera en que contamos.

 

 

Triztan Zamora

Equipo Cine Club Universidad de Chile

2016






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