San Juan de la costa (1971) Leo Kocking

27 11 2015

Uno de las primeras películas del realizador nacional Leo Kocking, quién en tan solo 9 minutos nos muestra la vida cotidiana de una comunidad de Mapuche en la localidad Lafquenmapu, cerca de la cordillera en la provincia de Osorno.

Este cortometraje tiene diversos aspectos interesantes para analizar. Partiré hablando del aspecto formal. Dentro de su carrera, Leo Kocking trabajó bastante en la dirección de fotografía, tanto en sus inicios documentales como en la publicidad y la ficción de los 80-90. En esta película toma el rol de la dirección/fotografía y desde ya podemos ver una importancia en la composición del encuadre. Utilizando variedad en la escala de planos, relacionado con el nivel narrativo a la perfección: desde el inicio con la contextualización de este territorio amplio y desolado, hasta la cercanía de los detalles de la trutruca tocada por un comunero o los primeros planos de los rostros de trabajo. En esa estructura de contexto y detalles, hay un buen trabajo en el montaje de Carlos Cabrera.

 

 

 

Otros de los elementos que se desprenden del cortometraje, son los comentarios en off de los comuneros quienes en momentos puntuales van describiendo su espacio territorial, el valor del trabajo, la lucha por recuperar las tierras y el regreso de la vida comunitaria que han perdido con la segregación de los terrenos. Lo interesante de estos testimonios, es que son colocados en momentos precisos de la narración, sin abusar de ella como elemento reiterativo de la imagen, sino como complemento de esta. Este punto es algo innovador en la época, ya que con una imagen cuidada y pequeños fragmentos de testimonios sonoros, se va construyendo un punto de vista del autor sumamente preciso y coherente.

Son precisamente estas características formales, las que se ligan con el análisis temático de la obra. La representación de la realidad del pueblo mapuche que ha perdido sus tierras y que ha quedado relegado a terrenos donde cuesta cultivar y trabajar la ganadería, por dar un ejemplo. Estamos arrinconados en el cerro, nos han usurpados, dice un habitante de la comunidad. Una realidad que no ha cambiado en la actualidad, con la lucha mapuche por las tierras y que tiene a varios sectores de la Araucanía y la región de Los Lagos en un constante conflicto que no parece tener fin, debido a que la usurpación sigue estando vigente.

Esa visión documental, realizada en un Taller de cine de la Universidad de Chile en Osorno, de la mano de Leo Kocking, hacen de este cortometraje un importante testimonio fílmico que pareciera más actual que nunca.

El ojo en la cámara de Leo nos invita a reflexionar y a homenajear a este cineasta nacional, que nos dejó dignos aportes en la fotografía documental y en eventos fundamentales como el III Festival Internacional de Cine de Viña del Mar, en el año 90.  Un personaje que no ha sido muy estudiado, pero que sin duda se abren las puertas para mirar su encuadre y su visión política del mundo. Nos dejó lamentablemente a los 64 años y es momento de brindarle el espacio que se merece dentro de nuestra historia fílmica nacional. “San Juan de la costa” es uno de ellos.

 

Daniel Miranda

Equipo Cine Club 2015



“Dungun, la lengua”, la fuerza de cambio en el agente social.

25 11 2015

Desde la vuelta a la democracia nuestro país ha desarrollado como política oficial (al menos en el papel y el discurso) la inclusión de la diversidad de culturas que habitan el territorio chileno y si bien sabemos que aún existen grandes malestares y conflictos en nuestros pueblos originarios, la sociedad chilena se ha encargado de reconocer cada vez más su existencia y validación.

La tendencia hoy en día nos muestra que son los actores sociales quienes han ido reconfigurando la manera en que los chilenos nos enfrentamos a este tema y no tanto las inefectivas medidas de gobiernos que no siempre están en sintonía con los objetivos y la praxis de las comunidades.

Los mapuche son un buen ejemplo de ello, con el paso de los años han logrado efectivamente revertir la discriminación hacia su cultura y rescatar sus tradiciones, organizando a los hijos y nietos de aquellos que migraron hace décadas hacia las grandes ciudades como Santiago y que por mucho tiempo tuvieron que ocultar su identidad y avergonzarse de sus raíces. Elba Huinca, la protagonista del documental, es miembro activo de la comunidad mapuche en Lo Prado y busca reivindicar su cultura a través de la enseñanza de su lengua: el mapudungun, esto en un curso de 1° básico de una escuela municipal.

“Dungun: la lengua” (2012), el más reciente trabajo de Pamela Pequeño, tiene una estructura narrativa sencilla. Sigue principalmente a Elba durante un año separando la obra en 4 capítulos que nos muestran el cambio de las estaciones, comenzando con pewü (primavera) y culminando en pükem (invierno), el final del documental entonces coincide con la celebración de we tripantü (año nuevo mapuche).

El gran valor del documental reside en la buena elección de Elba como personaje, quien a pesar de las adversidades lucha con pasión y cariño por inculcar en estos niños el valor de una cultura que sirve como base para la identidad de la mayoría de nosotros los chilenos y que por mucho tiempo se mantuvo marginada de las aulas.

Esta profesora nos recuerda a la destacada Alicia Vega en “Cien niños esperando un tren” (1988) de Ignacio Agüero, que en un contexto histórico diferente también hacía descubrir algo nuevo a un grupo de niños curiosos y enternecedoramente desordenados, en ese caso era la magia del cine. Podríamos decir que Elba logra finalmente que este grupo de pequeños estudiantes descubra a través del mapudungun, la magia de una cultura que a pesar de pertenecerle a cada uno de ellos, pareciera ser algo ajeno o exótico, algo que nos fue arrebatado en algún punto de la historia, algo que es urgente recuperar. Pero no solamente vemos a Elba esforzándose por enseñar, también hay algunos momentos emotivos en los que la vemos regresar a la tierra de sus ancestros, relacionándose de manera íntima con la naturaleza y con parte de su familia.

En sus aspectos técnicos el documental cumple de manera correcta sin destacar demasiado en algún área específica y en general desarrolla secuencias entretenidas aptas para cualquier tipo de audiencia. Cabe mencionar que esta obra se produjo en el marco del programa DocTV Latinoamérica y fue pensado como un documental televisivo.

“Dungun” demuestra que la fuerza que ha alimentado los cambios políticos de los últimos años en Chile está principalmente en la organización de los agentes sociales, en las muchas pequeñas acciones e iniciativas que se desarrollan de manera anónima y valiente en los rincones menos sospechados.

Felipe Garrido – Equipo Cine club 2015

 



Calafate, zoológicos humanos- desaparecidos del fin del mundo

18 11 2015

“Desaparecían muchos de nuestros familiares (…) los blancos se los llevaban, y los raptaban”, expresa Celina Llan-Llan, una de las pocas descendientes vivas de la etnia Kawésqar, de cara al mar y pelo al viento. Antecediendo ello, se escucha una voz femenina, mar y viento, la imagen nos devela lentamente una fotografía en blanco y negro de un grupo de indígenas… Así comienza el relato de los desventurados y desamparados viajes que realizaron hace más de 125 años, indígenas pertenecientes a distintas etnias del extremo sur del país.

A fines del s. XIX fueguinos y patagones fueron raptados de sus tierras por diversas expediciones europeas, y llevados para ser exhibidos en los denominados “Zoológicos humanos” en Europa, en donde se pagaba para verlos, se presentaban como especies exóticas, y trataban como verdaderos animales. Esta práctica de perversa humanidad, no solo ocurrió con patagones y fueguinos, sino que con varios otros grupos “del fin del mundo”, como indígenas africanos, amerindios y otros americanos. Estas exhibiciones se produjeron en París, Londres, Alemania y Suiza. Y, se extendieron hasta 1930 aproximadamente, comenzando a decaer en 1900. En 1875 fueron exhibidos 3 patagones tehuelches en Hamburgo, Alemania, los que fueron devueltos a la Patagonia después de 3 meses. Éste puede considerarse al primero de varios episodios olvidados de rapto indígena en Tierra del Fuego, y que no aparecen en los libros de historia.

El trabajo de investigación que permitió la elaboración de este documental no es menor; en el año 2002, el historiador chileno Christian Báez y el antropólogo inglés Peter Mason, tras encontrar fotografías de indígenas del extremo sur de América, que habían sido exhibidos en París y otras capitales de Europa, y en conjunto con el documentalista Hans Mülchi, se deciden a reconstituir los episodios y así reconstruir la historia, viajando a los distintos lugares de exhibición, en donde se van revelando inhumanos detalles de este horrible episodio de nuestra historia. Así, como tejiendo este devenir histórico, el documental combina archivos fotográficos, registros audiovisuales de época, imágenes del seguimiento e investigación en Europa, con el relato, diálogo y seguimiento de Celina, y el relato de antropólogos, historiadores, descendientes, un coleccionista, y una escritora, que aportan y dan cuerpo a la pieza audiovisual. Relatando de ésta manera, la historia de un total de 25 personas originarias de Tierra del Fuego pertenecientes a los grupos étnicos Selk’nam, Kawésqar y Tehuelche.

Entre las imágenes aquí filmadas, presentan una especial potencia los retratos, pues en Calafate, zoológicos humanos, podemos apreciar fotografías que revelan profundo desconsuelo, y tristeza…personas despojadas de todo lo que fue su vida, y no volvió a ser jamás, sujetos que fueron tratados como animales, padecieron enfermedades, obligados a vivir de una forma que no les pertenecía. Tal como les ocurriría también a los fueguinos en sus propias tierras, donde también acabaron desapareciendo debido a la caza, llegada de colonos y con ello, nuevos hábitos y formas de vida que afectaron su salud.

Si bien el documental es más bien expositivo, resulta profundamente pedagógico y reflexivo en tanto al tema de lo indígena, lo chileno, y la visión de aquello, pues en cuanto al rapto de indígenas, el Estado chileno no sólo tuvo conocimiento de ello, sino que autorizó estas salidas del país en su momento. Y, al poner en tensión este tema en la actualidad, aparece el tratamiento que se le da a lo indígena con respecto a la responsabilidad del estado. Esto se demuestra por el nulo apoyo que tiene Celina y Haydée (descendientes kawésqar) para traer de vuelta, desde  el Departamento de Antropología de la Universidad de Zürich, Suiza, los restos de 5 indígenas para que puedan ser enterrados en su tierra.

Al ser un episodio no enseñado desde la historia formal, el documental de Mülchi resulta ser también un documento histórico y de estudio importante para reconstruir nuestra historia, y a su vez, una poderosa herramienta para situar en el espacio que merece la situación de todas las comunidades indígenas que existen a lo largo de nuestro país. De ésta manera, la compañía de teatro La Patogallina estrenó hace algunos años, la obra Extranjero, El Último Hain, donde se dan a conocer aspectos culturales del pueblo Selk´nam, como también la influencia de los zoológicos humanos en la extinción de este pueblo. Así mismo, en la reciente entrega de Patricio Guzmán, El botón de nácar, se reflexiona sobre la historia de Chile a través de su mar, como una historia que almacena eternos desaparecidos, viudos de cuerpos, voces de patagones. Por tanto, pareciese que es un tema inacabado, que aún da mucho por valorar y rescatar.

 

Ana Rojas Didier

Equipo Cine Club 2015



Pueblos Originarios – Culturas Ignoradas

11 11 2015

Aymara
La obra comienza con hermosos planos generales del paisaje del Norte de Chile, en el Altiplano Andino. Una voz en Off abre paso a la introducción, que pronto comienza a intercalarse con relatos de los actuales miembros de la cultura Aymara.

El punto de vista queda claro desde el comienzo, a través de la propia voz de los últimos Aymaras, de los hermosos paisajes nortinos y de una música andina lenta y nostálgica, se hace un rescate por la cultura que hoy en día pareciera desaparecer cautelosamente.

Si bien la mayor parte del documental consiste en las entrevistas en off, están presente también la puesta en escena, como por ejemplo cuando se encuentran sentados frente al fuego y, en el acercamiento a las llamas, pareciera existir la intención de trasladar al receptor en el tiempo, lo cual en un momento es seguido por pequeñas ilustraciones que dotan de un fuerte simbolismo a la escena.

La imagen filmada hace notar la fuerte presencia de una cultura foránea dentro de la cultura originaria, esto se puede ver en el estilo de ropa que utilizan los entrevistados. En un momento una anciana toca su abrigo de polar mientras menciona que aquellas ropas no existían antes. Así mismo más adelante, se hace alusión a los ritos antiguos, recreando las peticiones que el pueblo hacía a la Madre Tierra, respetando en este caso, la lengua original.

Hacia el final de la obra, se cuestiona el traspaso de los valores de generación a generación, sobre todo en una actualidad tan vertiginosa y homogeneizadora ¿Desaparecerá nuestra huella? “Sin la lengua vamos a quedar vacíos”

Kaweskar
Nos ubicamos en la Patagonia Insular. Directamente nos enfrentamos a una voz que estrecha el primer contacto con el espectador. Esta vez la voz en off no narra desde afuera, sino que se hace parte de esta historia, apropiándose del entorno y la cultura Kaweskar. Es entonces cuando seguimos las acciones de diversos personajes los cuales aparecen a medida que avanza el tiempo, casi emulando un viaje de descubrimientos. La música acompaña los paisajes sureños con cantos tenues y muy atmosféricos.

Al igual que en el documental anterior, lo que pretenden los autores es indagar en el cotidiano actual de esta cultura, y sobe todo reflexionar en torno a la supervivencia de las tradiciones, de la lengua, de las creencias, y las consecuencias de aquello que implica pertenecer a los pueblos originarios. Es interesante cómo se puede hacer un análisis de nuestra identidad como país: La identidad mestiza que nace de la conquista de una visión de mundo (Españoles) en desmedro de otra (Pueblo Originario), y el urgente llamado que existe en el sistema educativo actual, de abordar la gran importancia de nuestros ancestros para poder entender y respetar la raíz de nuestra cultura.

Isidora Torrealba

Equipo Cine Club 2015



eXistenZ: De mundos y preguntas

4 11 2015

Analizar una película nunca es tarea fácil, sobre todo cuando debes mirarla desde un marco tan alejado de la narrativa como la filosofía analítica. El público no familiarizado se puede preguntar: ¿qué es filosofía analítica? Lamentablemente no hay un consenso en la comunidad académica, ya que no hay característica alguna para homogeneizar esta escuela. Sin embargo, para nuestros fines, vamos a definirla como un estilo de filosofía en la cual prima la rigurosidad y claridad explicativa, usualmente ligada a la experiencia, en contraposición a constructos abstractos y oscuros.

«La diseñadora de videojuegos Allegra Geller presenta su última invención «eXistenZ» a un grupo de 12 personas, pero cuando estaban iniciando éste una persona se levanta del público y ataca a la diseñadora con una extraña pistola. Luego de eso, Ted Pikul, un guardia de seguridad, aleja a Alegra del lugar e intenta ponerla a salvo, así empieza la película y lo que sigue es una serie de sucesos que hacen al espectador cuestionarse qué es la realidad y cómo afecta la tecnología a la humanidad.

La gran duda que plantea la película es lo que el filósofo francés Descartes se pregunta: ¿de qué podemos estar seguros? A lo que él respondería: sólo de la existencia de uno al pensar (cogito ergo sum). No obstante, sin desmerecer la importancia de la pregunta, el filósofo analítico intentaría, en la medida de lo posible, evadir preguntas como ésta, pues intentar buscar su respuesta parecería ser un ejercicio algo fútil.

Un filósofo analítico como Andy Clark diría al ver la película que sería natural al hombre y la mujer poder extender su cognición y sus experiencias sensoriales, puesto que nosotros somos naturalmente cyborgs para explicar la relación tecnología-humanidad (véase Natural-Born Cyborgs).

Otros filósofos analíticos, inspirados en la metáfora del cerebro como un computador de John von Neumann, explicarían la posibilidad de usar una interfaz externa para el procesamiento de un juego en la mente de una persona basados en que los procesos cerebrales, al igual que un ordenador, serían un sistema de manipulación de símbolos, por lo que se podría instalar un software en el sistema.

Puntos de vista como estos podrían tomarse en el análisis de «eXistenZ» desde la tradición analítica. Pero para aclarar, hay que mencionar que los dos análisis anteriores responden a subcategorías de la filosofía analítica, la filosofía de la mente y la ciencia cognitiva. Ambas ramas se relacionan para explicar la naturaleza de la mente, y para este caso resultan iluminadoras para dar una “perspectiva analítica” al análisis de la película.

Eric Pezoa

GEFAUCH

El cuerpo como receptáculo, como un límite para alcanzar otro nivel, como estado pasajero, o un simple estado posible dentro de otros. Es una de las ideas que explora “eXistenZ”, pero que ya venían insinuándose, en cierto modo, en “Videodrome”, aunque aquí no es la “realidad virtual” de los video juegos, sino el video-casette y la televisión quienes construyen ese otro mundo, hijo de su tiempo por lo demás, ya que no podemos obviar que es una película de inicios de los ‘80, donde acaso recién la “realidad virtual” estaba dando sus primeros pasos.

Conocedores de ello, podemos plantearnos el salto que da Cronenberg en su visión visceral, pornográfica y sexual de la tecnología y su relación con los humanos, tópicos transversales a ambas obras. Es la carne la que adopta un nuevo estado, es lo sexual lo que parece posibilitarlo, el elemento creador de él. Aunque más bien lo que se busca es trascender esa carne, ella sólo es un inicio, un paso hacia el borrar límites, anular los binarios que guían nuestras vidas, e imaginar otros mundos, e incluso habitar.

Ese borrar límites no sólo es palpable en las premisas de la película, sino en su construcción misma. Un film en sí mismo, podríamos decir, es un borrar límites, nos permite introducirnos, visual, y emocionalmente, en otro mundo (construido) o realidad, vivirlo en cierto modo, más aún con los (no tan nuevos) 3D y 4D. No se trata sólo de ver, sino de vivir la experiencia, estar insertos en ella, o al menos sentir que lo estamos.

¿Vemos la película o el desarrollo del juego que, valga la redundancia, juegan Allegra Geller y Pikul? La línea narrativa del juego “eXistenZ” se confunde con la del film, del mismo nombre. Los diálogos se reiteran con el objeto de sacar a los personajes de su estado de “pausa”, y así hacer avanzar la historia en virtud también de la trama que ha estructurado el juego para sí mismo. Luego nos daremos cuenta, aunque una vez entrando en la lógica del film algo podemos prever, que el juego no es “eXistenZ, sino un juego dentro de otro juego, o al menos eso parece, mas no lo tendremos del todo claro.

La realidad es lo que percibimos, sentimos. Ello constituye nuestra realidad. Es una forma de entender el “asunto”, desde luego limitada, pero no carente de sentido de acuerdo a la película. ¿Si todo se siente tan real, lo es?, para algunas y algunos sí, otros dirán que no. Las emociones que sentimos al ver una película son reales, aun cuando tenemos consciencia de lo que vemos no es lo que llamaríamos “real” precisamente, sin embargo, por un momento, la pantalla, el límite físico, pareciera desvanecerse, dando paso a un Todo.

Cronenberg juega con varios mundos dentro de otros mundos, o paralelos. Es un dios o arquitecto, pero que no se revela en la misma película. No rompe esa diégesis. No evidencia el artificio. Tal vez no es necesario. Al encenderse las luces somos sacados de ese estado absorto o más allá de la pantalla, y regresados a nuestro cotidiano.

También podemos ser dioses y diosas, directores y directoras, construyendo vidas en las redes sociales, en nuestra mente. Pero, a su vez, puede que no podamos dejar de preguntarnos, al encenderse las luces, si realmente esto es real (lo sentimos, debería serlo), o bien se trata de un sueño, de un “juego de video”, o una película de la cual no somos conscientes (no olvidar lo que muestra “The Truman Show”, sólo por dar un ejemplo). Tal vez sólo somos personajes que hacemos posible el juego de otra u otro, o aquellos hacen posible el nuestro, o bien somos parte de sueños ajenos.

 

Las preguntas están ahí, no son nuevas, Cronenberg es consciente de ello y por eso las utiliza, aprovechando una época en donde lo virtual era cada vez más “real”, lo que las hacía aún más plausibles e inquietantes. Quince años más tarde ello sigue alcanzando nuevos niveles: inteligencia artificial, gráficas perfeccionadas, miembros y extremidades biónicas, robots que parecen aprender. Los límites continúan estrechándose, y nuestra “realidad” expandiéndose. Al menos lo que entendemos por ella.

Carlos Molina González

EQUIPO CINE CLUB 2015






Social links powered by Ecreative Internet Marketing