“Archipiélago” de Pablo Perelman: recuperar una memoria fragmentada.

11 08 2015

Un archipiélago se define como un conjunto, generalmente numeroso, de islas agrupadas en una superficie más o menos extensa de mar. Los archipiélagos constituyen territorios fragmentados y muchas veces aislados de los grandes centros de la civilización. Tal es la metáfora que escoge el director, guionista y productor Pablo Perelman para contar la historia de un arquitecto que luego de participar en una reunión clandestina de oposición a la dictadura de Pinochet, recibe un balazo en la frente que lo lleva a la muerte a través de un viaje imaginario.

La narración funciona a través de relatos paralelos en los cuales Perelman intercala una masacre de la DINA hacia un grupo subversivo y un viaje onírico donde el protagonista se traslada hasta el archipiélago de Chiloé, lugar enfrentado a invasiones de personajes extranjeros tanto en el presente como en la época del pueblo Chono. Cada fragmento del relato funciona como una isla de información tanto para el público como para el personaje principal de la historia, armando un complejo puzle que nos lleva a descubrir algo que se encontraba oculto.

El protagonista, inmerso en una especie de limbo, es exiliado hasta una tierra mítica en donde intenta proteger la tradición que se encuentra amenazada por un invasor que corrompe el estado natural de las cosas, cometiendo sus objetivos a través del exterminio. En la medida que el arquitecto va comprometiéndose con la restauración de una iglesia chilota muy deteriorada y con la protección de los chonos enfrentados a los españoles, también va cuestionando y entendiendo su deber con la causa política que lo lleva finalmente a la muerte. Así logra una especie de reconciliación personal que lo saca del estado de confusión y caos que no lo deja descansar.

La propuesta narrativa compleja y arriesgada de la obra funciona en gran medida gracias a los aspectos técnicos que están muy bien logrados. La fotografía y el sonido crean una atmósfera lúgubre y misteriosa que mantiene el suspenso necesario para interesar al público en la progresión de este relato surrealista. Sobre todo destacan dos elementos: el montaje de Fernando Valenzuela quien en plena libertad juega con las imágenes para estimular psicológicamente al público de manera efectiva y  la sólida actuación de Héctor Noguera en el rol principal. Ambos aspectos hacen que el relato sea dinámico y que la historia se pueda sostener por los 80 minutos que dura el filme.

“Archipiélago”, estrenada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 1992 y ganadora del tercer premio Coral del 14° Festival de La Habana, nos muestra un retorno a la democracia donde se intenta recuperar una fragmentada memoria desde el impacto, la derrota y el trauma. La película delata un país que vive una transición tensa en la cual los mayores responsables de la dictadura aún siguen en cargos importantes de la administración del Estado y de las fuerzas armadas; donde aún no hay justicia para miles de desaparecidos, torturados y asesinados. Los derrotados deben conformarse con vivir bajo las reglas de un sistema que significa la oposición en extremo a la utopía socialista, dando la sensación de transitar desde una resistencia física a la dictadura de Pinochet a otra resistencia sicológica a una incómoda democracia incipiente en la cual el pasado es contantemente cuestionado para saber si realmente todo valió la pena. Vemos una parte del pueblo de Chile que, como el protagonista de la historia, anhela deshacer los errores que llevaron al país a aquel estado de las cosas, sentenciando un “…si tan sólo pudiésemos volver atrás”.

 

Felipe Garrido G.

Equipo Cineclub

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