El Silencio

15 07 2015

¿Para qué buscar el ruido cuando reina el silencio?
Yasujirō Ozu

Pese a que en su origen el cine fue mudo, paradójicamente no nos dimos cuenta de la importancia del silencio hasta que el sonido inundó la pantalla, es en esta conquista tecnológica que a mitad del siglo pasado buscaba  dotar de sonido las imágenes, donde el silencio emergió como uno de los elementos expresivos más potentes del cine.

No es coincidencia que un realizador como Ingmar Bergman, una de las catedrales del cine moderno, haya utilizado el silencio como un elemento estructurante en el film Tystnaden (El Silencio)  – estrenado en 1963 – la cual resultó ser una de las películas más polémicas del cineasta, llegando a ser censurada en su natal Suecia a la semana de su estreno comercial. Es quizás lo que esconde este silencio, ese elemento indecible del cual se edifica el componente peligroso que pone en juego la película.

Los elementos que construyen el relato son en apariencia bastante simples, Esther y Anna son dos hermanas que viajan junto a Jonah – el hijo de esta última-, su viaje se ve interrumpido por el delicado estado de salud de Esther que los obliga a hospedarse en un viejo hotel. Es en esta fisura inesperada en el tránsito de un viaje  lo que permite descubrir una tensión albergada en la relación silenciosa de estas dos hermanas.

La constante tensión,  el calor que cuela por los cuerpos de  Esther y Anna se constituyen como una verdad por sobre lo indecible, donde las palabras llenan de culpa al deseo.  Esta atracción sexual incestuosa se nos presenta no sólo para tensionar la escena si no el lenguaje mismo, el deseo incestuoso emerge desbordando los límites de lo real, haciendo que las palabras se vuelvan insuficientes, es aquí donde reina el silencio. Este mutismo reinante en el film libera a su vez la potencia expresiva de la cámara,  a través el constante uso de primeros planos, se nos hace posible penetrar el umbral del logos accediendo directamente a la emocionalidad de los personajes.

La obra de Bergman nos plantea la posibilidad de habitar en los bordes del lenguaje,  a construir sobre lo oculto de lo aparente, dándonos a entender que  no es lo que se dice lo importante si no lo que queda exactamente fuera de la palabra, nos conduce a descubrir en aquella constante incomunicación, en aquellos gestos de incomodidad,  los residuos de una pasión culposa.

Camila Toro

Equipo Cine Club 2015

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