La comedia de la repulsión

20 05 2015

Desperate Living cuenta la historia de la desequilibrada Peggy Gravel, una adinerada mujer burguesa convencida de que todos están en contra suyo, que junto a Grizelda Brown, su gorda empleada negra deciden escapar por sus crímenes y terminan involucrándose en la miserable vida de Mortville, una ciudad repleta de lunáticos y asesinos dominada por la repulsiva reina Carlotta. En ese lugar y junto a un grupo de lesbianas se verán involucradas en sus dilemas, vicios y disyuntivas sociales causadas por sus propias acciones y a la merced de la despótica reina, todo mezclado con una cómica representación de la libertad sexual de su la época.

Violenta, casi pornográfica, un poquito gore, ridículamente histérica y sobretodo bizarra, la película nos adentra desde los mismos créditos iniciales en una estética de comedia absurda, con un ratón siendo lentamente devorado entre ensaladas y una mesa muy bien servida y elegante, que bien podría considerarse una pequeña y delicada degustación de la trama. La ruina espléndida de una sociedad basada en los principios éticos de su estilo de vida (el tan sobrevalorado american way of life), el cual encuentra en su protagonista Peggy la representación máxima de la enfermedad capitalista: una mujer incapaz de sentir empatía que dominada por la locura del poder, puede llegar a valerse de lo que sea con el fin de alcanzar sus deseos de supremacía, la peligrosa mosquita muerta.

El uso de técnicas cinematográficas no destaca por su prolijidad ni belleza estética, siendo éste aspecto lo que le da fuerza y coherencia al relato. Aquí no existe desarrollo atmosférico, pues tanto la fotografía como el sonido cumplen con describir la historia. Aunque es necesario reconocer la intención de realzar las características repulsivas de sus personajes con encuadres cerrados que denotan sus defectos físicos y actitudes grotescas, así también ciertas piezas musicales que realzan la rareza de las situaciones y crean un ambiente incómodo para el espectador. Todo un manjar que grita a vómitos (literalmente) una postura políticamente incorrecta. Mención honrosa a los vistosamente variados decorados, pobres como el presupuesto de la película misma.

Podríamos decir que nos enfrentamos ante una obra juguetonamente crítica, una metáfora del “país de la libertad”. ¿Quién gana por cordura en el metraje? ¿La aristocracia fascista? ¿La decadente burguesía? ¿La disidencia sexual y rebelde? Aunque uno tiende a inclinarse por éstos últimos, pareciera ser que John Waters filma apuntando la escopeta recortada a todo el mundo: a final de cuentas todos son criminales, todos son parte de la basura, víctimas de su propia y corrupta existencia. Pero bueno, hay que hacer una pausa y respirar con los niños, aquellos seres incapaces de concebir malicia, personajes delicados e inocentes, las verdaderas víctimas de la cuestión.

 

Pablo Rauld Fuentes

Equipo Cine Club 2015

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