Venceremos + Trilogía del Che

6 05 2015

Siguiendo la línea del ciclo que estamos desarrollando este mes, esta sesión presentamos cuatro trabajos de Pedro Chaskel, por un lado Venceremos (1970), documental realizado en Chile en conjunto con Héctor Ríos y al alero de Cine Experimental de la Universidad de Chile, y por otro la llamada “Trilogía del Che” compuesta por los cortos: Una foto recorre el mundo (1981), Constructor cada día, compañero (1982) y Che, hoy y siempre (1983), llevados a cabo en Cuba de la mano del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinemat.

Si bien la realización de Venceremos y la Trilogía del Che corresponde a tiempos y espacios distintos, lo que hace que tengan diferencias fundamentales en cuanto a estilo, narrativa y montaje, también podemos encontrar semejanzas importantes en su función. Así, ambas constituyen obras con una intención y una posición política clara en su respectivo contexto; mientras Venceremos puede entenderse como una muestra de apoyo a la Unidad Popular y al movimiento popular que estaba gestándose en el Chile de los 60’ y 70’, la Trilogía del Che, claramente está comprometida con el comunismo en Cuba y el trabajo de los guerrilleros, encarnados en la figura del Che Guevara.

Por un lado,  respecto a Venceremos, su compromiso político queda aún más claro si tenemos en cuenta la adscripción de Cine Experimental al Manifiesto de los cineastas de la unidad popular, en el cual, entre otras cosas se señala la necesidad de que el cine sea “un arte revolucionario” en tanto los cineastas, antes que cineastas son personas “comprometidas con el fenómeno político y social de nuestro pueblo y con su gran tarea: la construcción del socialismo”. De todas formas, la firma de este manifiesto o cualquier compromiso con algún proyecto político no implica en este caso la instrumentalización de la obra audiovisual, al contrario, Venceremos expresa acá una manera particular de construir y dar sentido al mensaje político, el que, de cualquier forma, antes que un mensaje partidista constituye un mensaje humano y social, en tanto su objetivo no es más que motivar y representar al pueblo en la lucha por sus derechos más fundamentales. De este modo, a través de un montaje que juega con la idea de la contraposición constante de los opuestos tanto en lo visual como en lo sonoro, este documental representa de una manera dinámica y crítica las cruentas desigualdades sociales que vivía el Chile de la época. Desigualdades que, a modo de una síntesis dialéctica, llevarían al surgimiento de un movimiento popular que celebra la esperanza de un presente y un futuro en los que el pueblo pueda vivir en igualdad y paz social.

Por el otro, en relación a la Trilogía del Che, cabe mencionar que ésta fue realizada por Chaskel en su época de exilio en Cuba, donde trabajó como montajista y director en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinemat (ICAIC), institución creada en los inicios de la Revolución Cubana, en tanto se entendía que la imagen y el cine eran herramientas políticas fundamentales para el desarrollo del proyecto revolucionario. Dentro de este contexto, en los años 80’ Chaskel fue encargado de realizar (entre otras) estas tres obras que, cada una a su modo, buscan rescatar y fortalecer la imagen y el imaginario del Che Guevara  y del proyecto político que él representa. Así, Una foto recorre el mundo se centra en la icónica imagen del Che –esa imagen de la boina y la mirada profunda y perdida en el horizonte que se nos viene automáticamente a la mente cuando alguien dice “Che Guevara”-, explicando cómo se originó y cómo logró expandirse por el mundo entero, siendo usada en cada marcha y en cada manifestación como un símbolo de la lucha social. En ese sentido es interesante ver la fuerza simbólica y la capacidad representativa que alcanza la imagen del Che, tanto entre los movimientos sociales, que buscan reproducirla constantemente, como entre los sectores hegemónicos que, en tanto ven amenazada la construcción simbólica que sustenta su poder, buscan destruirla totalmente.

Luego, en Constructor cada día, compañero, se busca hacer otra construcción del Che Guevara, en este caso ya no tomándolo como un ícono o como un símbolo abstracto, sino como un hombre de carne y hueso. De esta manera, el documental recurre a relatos de trabajadores, quienes, a través de recuerdos y anécdotas, van configurando la idea del Che como un igual, como una persona de carácter sencillo y cercano con la que un trabajador o dirigente podría identificarse. Pero, en tanto los trabajadores le atribuyen también características especiales como fortaleza, perseverancia y liderazgo, se transforma también en un ejemplo a seguir. Entonces, desde los discursos de los trabajadores se va constituyendo una imagen del Che como una persona concreta, pero que aún representa y personifica valores abstractos; esos valores abstractos que todo trabajador y dirigente debería aspirar a tener para cumplir con los ideales y el proyecto de la revolución. 

Mientras, en Che, hoy y siempre (1983) se hace un ejercicio similar al anterior, pero esta vez no desde la voz de los trabajadores, sino desde su propia voz. De este modo, el documental reproduce un discurso de Guevara, en el que é da directrices a la juventud comunista de cómo debería actuar para mantener el proyecto de la revolución cubana. Este discurso denso y potente es acompañado de imágenes del Che en su cotidianidad, visitando las industrias y trabajando como un obrero más; lo que nuevamente pareciera tener la intención de bajar al líder al nivel del pueblo. Por otra parte el documental incorpora otra herramienta narrativa que no había sido explorada en el resto de los trabajos que estamos revisando: introduce texto en pantalla, el que tiene la función de remarcar algunas de las ideas que Guevara está plasmando en su discurso y que, quizás, si no fuera por estos énfasis se perderían.

Para terminar, cabe mencionar también cómo entre estos últimos cortos de la Trilogía del che, se va transformando el uso que Chaskel hace del recurso sonoro, pasando de la utilización de música cantada, que daba la posibilidad de transmitir un mensaje literal que acompañara y reforzara lo que estaban expresando las imágenes, al uso de música más bien incidental, la que de todas formas tiene una función expresiva, en tanto genera atmósferas que inducen y apoyan una determinada codificación de las imágenes.

De todas formas, dentro de estas diferencias y semejanzas, lo interesante es ver cómo las herramientas narrativas y expresivas que utiliza Chaskel se van transformando según las intenciones y los contextos que dan origen a los documentales, y, no obstante, manteniendo una continuidad que da cohesión a su obra.

 

María Consuelo León-Lohaus.

Equipo Cine Club 2015

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