Female Trouble: El crimen es belleza

27 05 2015

John Waters, es reconocido como un realizador transgresor, tanto por las temáticas que trata en sus filmes como por el modo en que las aborda desde una postura satírica, en torno a la cual construye una obra cargada de simbolismo y crítica social.

Y así, siguiendo constante en su estilo, marcado por actuaciones exageradas y por decorados y vestuarios igual de saturados, Waters y los dreamlanders –su equipo fiel en toda su obra cinematográfica- llega esta vez a escribir, dirigir y filmar Female Trouble, una de las películas que conforman la Trilogía de la basura.

Female Trouble, cuenta la historia de Dawn Davenport, una joven rebelde obsesionada con la belleza y la fama, y que orgullosamente se define a sí misma como “ladrona, vulgar… y me gustaría ser famosa”. De esta forma, la película relata los sucesos que marcan la vida de Dawn en esa búsqueda de la belleza y la fama como su objetivo de vida, generando una crítica constante no sólo a la forma en que éstas son entendidas y se construyen en la sociedad estadounidense (y occidental), sino a cómo ellas se transforman en el eje de una vida y una sociedad sin sentido.

Davenport es representada por Divine, alter ego del actor y cantante Harris Glenn Milstead, y uno de los íconos de la obra de Waters. Divine, una de los dreamlanders y protagonista frecuente dentro de las películas del director, fue construida como personaje por Milstead y Waters como una forma de satirizar a las drag queen en su anhelo de parecer mujeres “naturales” y de responder a los cánones de belleza que se les imponen a éstas. De esta forma, el cuestionamiento de la belleza y de las convenciones sociales aparece no sólo como el fundamento de Female Trouble, sino como uno de los argumentos constantes en la creación de Waters y de la misma Divine.

A lo largo del filme, el director intenta darle un giro a la noción de belleza, cuestionando la forma en que ésta se naturaliza y sostiene en la sociedad, remarcando la idea de que no es más que una construcción y que su fuerza y fundamento no viene más que de convenciones específicas que responden sólo a los grupos sociales que las definen y legitiman. De esta forma, el director juega a distorsionar y ridiculizar la noción de belleza asociándola a la de crimen, dando lugar a la idea de que mientras más criminal (e incorrecto) sea algo o alguien, más bello (y correcto) serán, al menos en la comunidad en que se define esa convención, que en este caso es el circuito artístico en el que se mueve Dawn.

La idea de que “el crimen es belleza” fue recogida por Waters de Charles “Tex” Watson, un asesino estadounidense perteneciente a la “La familia”, grupo liderado por Charles Manson y reconocido por un gran número de crímenes, entre ellos el de Sharon Tate, la esposa del director Roman Polanski. Aparte de esta inspiración y referencia a Watson, en Female Trouble es posible encontrar una gran cantidad de referencias a personajes públicos estadounidenses, particularmente criminales y activistas políticos, quienes son nombrados abiertamente en distintos momentos de la película. Esto logra no sólo visibilizar la admiración de Waters por estos personajes, sino, y sobre todo, una manera particular de comprender el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. A fin de cuentas,  Waters es conocido y reconocido por eso, por jugar con los límites de lo correcto y lo incorrecto, de lo aceptable y lo inaceptable.

María Consuelo León-Lohaus.

 

 



La comedia de la repulsión

20 05 2015

Desperate Living cuenta la historia de la desequilibrada Peggy Gravel, una adinerada mujer burguesa convencida de que todos están en contra suyo, que junto a Grizelda Brown, su gorda empleada negra deciden escapar por sus crímenes y terminan involucrándose en la miserable vida de Mortville, una ciudad repleta de lunáticos y asesinos dominada por la repulsiva reina Carlotta. En ese lugar y junto a un grupo de lesbianas se verán involucradas en sus dilemas, vicios y disyuntivas sociales causadas por sus propias acciones y a la merced de la despótica reina, todo mezclado con una cómica representación de la libertad sexual de su la época.

Violenta, casi pornográfica, un poquito gore, ridículamente histérica y sobretodo bizarra, la película nos adentra desde los mismos créditos iniciales en una estética de comedia absurda, con un ratón siendo lentamente devorado entre ensaladas y una mesa muy bien servida y elegante, que bien podría considerarse una pequeña y delicada degustación de la trama. La ruina espléndida de una sociedad basada en los principios éticos de su estilo de vida (el tan sobrevalorado american way of life), el cual encuentra en su protagonista Peggy la representación máxima de la enfermedad capitalista: una mujer incapaz de sentir empatía que dominada por la locura del poder, puede llegar a valerse de lo que sea con el fin de alcanzar sus deseos de supremacía, la peligrosa mosquita muerta.

El uso de técnicas cinematográficas no destaca por su prolijidad ni belleza estética, siendo éste aspecto lo que le da fuerza y coherencia al relato. Aquí no existe desarrollo atmosférico, pues tanto la fotografía como el sonido cumplen con describir la historia. Aunque es necesario reconocer la intención de realzar las características repulsivas de sus personajes con encuadres cerrados que denotan sus defectos físicos y actitudes grotescas, así también ciertas piezas musicales que realzan la rareza de las situaciones y crean un ambiente incómodo para el espectador. Todo un manjar que grita a vómitos (literalmente) una postura políticamente incorrecta. Mención honrosa a los vistosamente variados decorados, pobres como el presupuesto de la película misma.

Podríamos decir que nos enfrentamos ante una obra juguetonamente crítica, una metáfora del “país de la libertad”. ¿Quién gana por cordura en el metraje? ¿La aristocracia fascista? ¿La decadente burguesía? ¿La disidencia sexual y rebelde? Aunque uno tiende a inclinarse por éstos últimos, pareciera ser que John Waters filma apuntando la escopeta recortada a todo el mundo: a final de cuentas todos son criminales, todos son parte de la basura, víctimas de su propia y corrupta existencia. Pero bueno, hay que hacer una pausa y respirar con los niños, aquellos seres incapaces de concebir malicia, personajes delicados e inocentes, las verdaderas víctimas de la cuestión.

 

Pablo Rauld Fuentes

Equipo Cine Club 2015



Recado de Chile (1979) Por la vida (1987)

14 05 2015

Cuando hablamos de la producción cinematográfica durante la Dictadura militar, por una parte, se suele decir que desapareció o que algunas cintas pudieron dar a luz. Por otro lado, fuera de las fronteras del país, en exilio, se realizó una cantidad importante de obras que hablaban del conflicto que se vivía en Chile. En ambos casos, el conocimiento ha sido escaso.

Recado de Chile y Por la vida, entran en el primer grupo de obras, siendo realizadas dentro del país. Ambas en contextos diferentes, pero similares en su objetivo poético y político. La primera, realizada de manera clandestina a finales de los años setenta, se centra en la organización y denuncia de la “Agrupación de familiares de detenidos desaparecidos”. Mientras que la segunda, muestra las acciones del “Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo”.

En Recado de Chile, Carlos Flores junto a un grupo de realizadores, firmaron de manera anónima como “Cinemateca de la Resistencia”, con el fin de poder filmar clandestinamente este documental de denuncia. Registrando los exteriores con una cámara desde un Peugeot 404, los realizadores se centraron en la Vicaría de la Solidaridad en su sede de Recoleta, donde mujeres se reunían para hacer actividades y avanzar en conjunto por saber donde están sus seres queridos y en la lucha por justicia. El material sale de Chile rumbo a Cuba, donde Pedro Chaskel la montará.

Más allá de lo increíble de su realización, el documental tiene aspectos formales sumamente interesantes como el uso de material de archivo, que Pedro coloca para ejemplificar las resoluciones de las Naciones Unidas o los murales que apelan simbólicamente a la búsqueda de justicia y libertad. Pero lo que hace a esta obra una pieza fundamental,  es el uso del plano secuencia donde, una por una, las mujeres de la agrupación dicen el nombre del detenido, su militancia y fecha de desaparición. Esta secuencia produce una emotividad única en el filme, y es un gran acierto de Chaskel haberla dejado “ser”, por la espontaneidad del micrófono, de la cámara que busca acercarse a los rostros, es la voz de denuncia de todo un país.

En Por la vida, la dupla Chaskel– Salas realiza su tercer documental. Todo nace cuando Chaskel ve el material de cámara de Pablo Salas en diversas manifestaciones callejeras del “Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo” y decide montarlas. Luego, realizarán entrevistas a los integrantes, generando un documental de denuncia frente a la fuerte represión del régimen en la mitad de los años ochenta. Es interesante como el montaje va hilando un discurso emotivo de los personajes que es admirable, en un contexto donde la lucha popular y callejera ya no tenia miedo de dar de la cara para derrotar a la Dictadura, pese a tener todo en contra. En palabras del propio Chaskel: “El documental es un testimonio para la posteridad de que esa gente existió y en esas difíciles circunstancias se comportó de esa manera tan valiente, a pesar de todo: es un testimonio sobre la calidad humana”

Ambas películas muestran la cara de un Chile que luchaba contra la Dictadura y cómo el cine se utiliza como una herramienta más de denuncia en dichos contextos y que hoy se convierte en memoria viva.

En pocas palabras hacer cine durante la Dictadura, fue un acto de resistencia y rebeldía.

 

Daniel Miranda

Equipo Cine Club 2015



Venceremos + Trilogía del Che

6 05 2015

Siguiendo la línea del ciclo que estamos desarrollando este mes, esta sesión presentamos cuatro trabajos de Pedro Chaskel, por un lado Venceremos (1970), documental realizado en Chile en conjunto con Héctor Ríos y al alero de Cine Experimental de la Universidad de Chile, y por otro la llamada “Trilogía del Che” compuesta por los cortos: Una foto recorre el mundo (1981), Constructor cada día, compañero (1982) y Che, hoy y siempre (1983), llevados a cabo en Cuba de la mano del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinemat.

Si bien la realización de Venceremos y la Trilogía del Che corresponde a tiempos y espacios distintos, lo que hace que tengan diferencias fundamentales en cuanto a estilo, narrativa y montaje, también podemos encontrar semejanzas importantes en su función. Así, ambas constituyen obras con una intención y una posición política clara en su respectivo contexto; mientras Venceremos puede entenderse como una muestra de apoyo a la Unidad Popular y al movimiento popular que estaba gestándose en el Chile de los 60’ y 70’, la Trilogía del Che, claramente está comprometida con el comunismo en Cuba y el trabajo de los guerrilleros, encarnados en la figura del Che Guevara.

Por un lado,  respecto a Venceremos, su compromiso político queda aún más claro si tenemos en cuenta la adscripción de Cine Experimental al Manifiesto de los cineastas de la unidad popular, en el cual, entre otras cosas se señala la necesidad de que el cine sea “un arte revolucionario” en tanto los cineastas, antes que cineastas son personas “comprometidas con el fenómeno político y social de nuestro pueblo y con su gran tarea: la construcción del socialismo”. De todas formas, la firma de este manifiesto o cualquier compromiso con algún proyecto político no implica en este caso la instrumentalización de la obra audiovisual, al contrario, Venceremos expresa acá una manera particular de construir y dar sentido al mensaje político, el que, de cualquier forma, antes que un mensaje partidista constituye un mensaje humano y social, en tanto su objetivo no es más que motivar y representar al pueblo en la lucha por sus derechos más fundamentales. De este modo, a través de un montaje que juega con la idea de la contraposición constante de los opuestos tanto en lo visual como en lo sonoro, este documental representa de una manera dinámica y crítica las cruentas desigualdades sociales que vivía el Chile de la época. Desigualdades que, a modo de una síntesis dialéctica, llevarían al surgimiento de un movimiento popular que celebra la esperanza de un presente y un futuro en los que el pueblo pueda vivir en igualdad y paz social.

Por el otro, en relación a la Trilogía del Che, cabe mencionar que ésta fue realizada por Chaskel en su época de exilio en Cuba, donde trabajó como montajista y director en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinemat (ICAIC), institución creada en los inicios de la Revolución Cubana, en tanto se entendía que la imagen y el cine eran herramientas políticas fundamentales para el desarrollo del proyecto revolucionario. Dentro de este contexto, en los años 80’ Chaskel fue encargado de realizar (entre otras) estas tres obras que, cada una a su modo, buscan rescatar y fortalecer la imagen y el imaginario del Che Guevara  y del proyecto político que él representa. Así, Una foto recorre el mundo se centra en la icónica imagen del Che –esa imagen de la boina y la mirada profunda y perdida en el horizonte que se nos viene automáticamente a la mente cuando alguien dice “Che Guevara”-, explicando cómo se originó y cómo logró expandirse por el mundo entero, siendo usada en cada marcha y en cada manifestación como un símbolo de la lucha social. En ese sentido es interesante ver la fuerza simbólica y la capacidad representativa que alcanza la imagen del Che, tanto entre los movimientos sociales, que buscan reproducirla constantemente, como entre los sectores hegemónicos que, en tanto ven amenazada la construcción simbólica que sustenta su poder, buscan destruirla totalmente.

Luego, en Constructor cada día, compañero, se busca hacer otra construcción del Che Guevara, en este caso ya no tomándolo como un ícono o como un símbolo abstracto, sino como un hombre de carne y hueso. De esta manera, el documental recurre a relatos de trabajadores, quienes, a través de recuerdos y anécdotas, van configurando la idea del Che como un igual, como una persona de carácter sencillo y cercano con la que un trabajador o dirigente podría identificarse. Pero, en tanto los trabajadores le atribuyen también características especiales como fortaleza, perseverancia y liderazgo, se transforma también en un ejemplo a seguir. Entonces, desde los discursos de los trabajadores se va constituyendo una imagen del Che como una persona concreta, pero que aún representa y personifica valores abstractos; esos valores abstractos que todo trabajador y dirigente debería aspirar a tener para cumplir con los ideales y el proyecto de la revolución. 

Mientras, en Che, hoy y siempre (1983) se hace un ejercicio similar al anterior, pero esta vez no desde la voz de los trabajadores, sino desde su propia voz. De este modo, el documental reproduce un discurso de Guevara, en el que é da directrices a la juventud comunista de cómo debería actuar para mantener el proyecto de la revolución cubana. Este discurso denso y potente es acompañado de imágenes del Che en su cotidianidad, visitando las industrias y trabajando como un obrero más; lo que nuevamente pareciera tener la intención de bajar al líder al nivel del pueblo. Por otra parte el documental incorpora otra herramienta narrativa que no había sido explorada en el resto de los trabajos que estamos revisando: introduce texto en pantalla, el que tiene la función de remarcar algunas de las ideas que Guevara está plasmando en su discurso y que, quizás, si no fuera por estos énfasis se perderían.

Para terminar, cabe mencionar también cómo entre estos últimos cortos de la Trilogía del che, se va transformando el uso que Chaskel hace del recurso sonoro, pasando de la utilización de música cantada, que daba la posibilidad de transmitir un mensaje literal que acompañara y reforzara lo que estaban expresando las imágenes, al uso de música más bien incidental, la que de todas formas tiene una función expresiva, en tanto genera atmósferas que inducen y apoyan una determinada codificación de las imágenes.

De todas formas, dentro de estas diferencias y semejanzas, lo interesante es ver cómo las herramientas narrativas y expresivas que utiliza Chaskel se van transformando según las intenciones y los contextos que dan origen a los documentales, y, no obstante, manteniendo una continuidad que da cohesión a su obra.

 

María Consuelo León-Lohaus.

Equipo Cine Club 2015






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