Para creer nuevamente en la humanidad

22 04 2015

Resulta asombroso pensar que hay quienes creen que el tema sobre las dictaduras latinoamericanas está agotado, cuando en realidad no se ha hablado lo suficiente. Me es imposible no sentir rabia e impotencia al escuchar los relatos de aquellos que lograron sobrevivir a una de las mayores masacres del siglo XX, a aquellos que sufrieron el rigor de los golpes y el maltrato, quienes incluso fueron exportados como cargas al extranjero para ser aniquilados y torturados en una fría hermandad militar entre países como Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Brasil y Chile.

La Operación Cóndor, “la trasnacional de la tortura”, requería del apoyo de Estados Unidos para mantener bajo control la “invasión” que sufría Latinoamérica en manos del marxismo, cuando en realidad los únicos invasores eran el consumismo y la apatía, el abuso de poder y la desconfianza, en manos de los serviles militares anti-institucionales, tras la política de la buena economía de los dictadores y sus expertos, apoyados una vez más por el gran Tío Sam.

Llenaron a nuestros padres con temor, nos volvieron ciegos y sordos a la violencia para no estorbar, se construyó una falsa democracia para que “vivamos felices”, olvidando que aun quedan nombres en extensas listas, que aun hay padres, abuelos, hermanos e hijos buscando a sus familiares,  historias que no han encontrado ni justicia ni fin en esta dulce patria.

En medio del dolor que guarda la memoria, los sobrevivientes de la dictadura recuerdan con cariño aquellas esperanzas que los ayudaron a vivir en medio de la oscuridad. Describen a sus compañeros, sus hijos, amigos y parientes, mártires quienes no contaron con la suerte que ellos describen. Testimonios de vida, historias para creer nuevamente en la humanidad, en la capacidad de resistir a la tempestad y poner el hombro, contar aquello que por mucho tiempo nos negaron y conocer la historia de un país que se empeña en olvidar.

Películas como ésta nos aterriza en la realidad, en aquella que se esconde tras las múltiples políticas de la reconstrucción, en la que queda estigmatizada para las conmemoraciones televisivas del 11 de Septiembre, sin reconocer que desde esa fecha el país dejó de ser el mismo, que no recuperamos la democracia sino que la disfrazamos para engañarnos una y otra vez. Pero también nos enseña a celebrar la vida, los logros de aquellos que luchan por años en la búsqueda de sus familiares, quienes prestan sus testimonios para resguardarlos y despertar a otros, sacarlos de la anestesia en la que permanecen a diario entre el consumo y el individualismo promulgado por el desarrollo y la post-modernidad. Tener más cineastas como Pedro Chaskel, más artistas exaltados por la injusticia y la indignación, pero que a su vez logren rescatar la admiración y el entusiasmo, descubrir una vez más en cada obra, el rescate de la memoria y la humanidad.

 

 

Camila Pruzzo M.

Equipo Cine Club 2015






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