El sabor de las cerezas

22 10 2014

El Cine iraní contemporáneo ha dado mucho que hablar desde hace bastante tiempo. No nos referimos a la alta cantidad de premios en los festivales más prestigiosos, sino en la calidad fílmica de estas obras. Exponentes como Bahman Ghobadi (Las tortugas también vuelan), Samira Makhmalbaf (La pizarra), Jafar Panahi (Off side) han sido influenciados por la mano de Abbas Kiarostami en la búsqueda de historias llenas de identidad iraní, en donde las narrativas tradicionales se complementan con las costumbres, con los contextos políticos y por sobre todo con la sensibilidad de ver el mundo desde los ojos del país persa.

“El Sabor de las Cerezas” de 1997 es el ejemplo claro de esto, temáticas globales como el “suicidio” y el “entierro”, junto a la realidad moderna de un Teherán cosmopolita del medio oriente. La película es el camino de Sr. Badill, un hombre que ha decidido terminar con su vida y ante la soledad que lo rodea, busca a alguien que pueda enterrarlo después. Es así como durante toda una tarde, intenta convencer sucesivamente a un soldado iraní, un seminarista afgano y por último a un taxidermista turco, quienes harán cuestionar su decisión por abandonar el sabor de las cerezas, es decir, la vida.

Sr. Badill es la representación del existencialismo humano, donde no sabemos ¿Por qué se quiere quitar la vida? Los silencios abundan en un viaje donde la reflexión humana es vital. Considerando las costumbres iraníes, la muerte puede involucrar otra concepción, quizás algo más espiritual, donde el cuerpo pasa a ser un recuerdo y es precisamente la mezcla de estos dos factores, lo que hace que Sr. Badill insista en el entierro de su propio cuerpo, de su materialidad. Se puede vislumbrar la muerte como un proceso de liberación. En una entrevista a Kiarostami, él declaró “La decisión de morir es la única prerrogativa que le queda al ser humano frente a Dios o las normas morales (…) esta fundamental libertad de morir da paso entonces a otras muchas libertades, conquistadas una a una”. El sabor de las cerezas, es una historia sencilla, en donde la belleza de la obra radica esencialmente en eso, en hacer sencillo lo complejo, a través de una película áspera, diferente, poética, que funciona como una metáfora lúcida y plena sobre la condición humana.

Tomando como influencia al director sueco Ingmar Bergman y su película “Fresa Salvaje”, Kiarostami hace su propio recorrido hacia la libertad tras la muerte. Ganadora de la Palma de Oro en Cannes El Sabor de las Cerezas es considerada una de las obras más importantes del cine iraní contemporáneo, que podría marcar un antes y un después ya que luego de este film, “occidente” comienza a valorizar este potente y creciente cine iraní.

Isidora Torrealba
Daniel Miranda

 

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