Videodrome: El cuerpo re-presentado

8 10 2014

El deseo es lo que mueve a las personas. Ese impulso que busca diferentes formas de ser satisfecho, aunque al parecer nunca puede de una forma completa, quedándose “a medio camino”, en algo truncado, incompleto. Quiere más.

Esa es lógica de la modesta estación televisiva de Max Renn, o más bien la sublimación de ese deseo, que la gente satisfaga sus impulsos por medio de la televisión, no dañando, eventualmente, en ese ejercicio a ningún tercero, o bien haciendo nada que sea socialmente inaceptado, ya que no necesitan tener contacto con un otro. Es una relación entre ellos y la caja de “rayos catódicos”, aislados en una habitación.

 

Es en la búsqueda de satisfacer cada vez más ese deseo “inconcluso”, y de captar nuevos y extremos públicos, que Max se obsesiona con la señal “pirata” de Videodrome, aquel programa sadomasoquista que se revela lenta, y aparentemente, como un “video snuff”, para terminar siendo un dispositivo destinado al control mental, en el cual Renn es sólo un peón que servirá a los bandos en disputa.

El sexo, la violencia y lo sensual/sensorial, se erigen como los ejes de este video y sus efectos, en donde progresivamente los límites entre lo que puede entenderse como un cuerpo real y un cuerpo virtual o mecánico, comienzan a difuminarse, o pasan a constituir parte de un todo indiferenciado. Es un tránsito a vivir una nueva realidad, otra re-presentación, en donde se concluye en una “nueva carne”, mecánica en este caso.

La conciencia se trasvasija en este nuevo ente, ya no son necesarios órganos, lo orgánico, sólo los flujos de deseo y lo mecánico. El profesor O’Blivion ya lo adelantaba, o se acercaba a esa idea, a través de sus presentaciones y conversaciones únicamente a través de cintas de video y la pantalla de un televisor. Aquel era ahora era su cuerpo, que orgánicamente ya no existía por lo demás, y su conciencia, su pensamiento, estaba depositado en aquellas miles de cintas. Ahora él era eso. Su nueva re-presentación.

Son las máquinas, llevando la idea a un concepto más amplio y transversal en cuanto a épocas y contexto, quienes en cierto modo van tomando el lugar de las personas, o se erigen como re-presentaciones, conteniendo o “sabiendo” cada vez más de nosotros, de nuestros gustos, aptitudes, fracasos. “Recuerdan”, incluso más que nosotros mismos, lo que hicimos, con quién estuvimos, a dónde fuimos y qué conversamos. Cuestión de ver la gran cantidad de información que puede albergar un perfil de Facebook, o una conversación de WhatsApp.

En los ’80 fue la televisión y el video. La masificación de la primera desde la segunda mitad de la década anterior implicó un importante cambio cultural, en las relaciones sociales y familiares, y en el contacto que se tendría con el mundo. Era esa suerte de ojo que te permitía ver aquello que ocurría en otro lugar, alejado, e incluso, y cada vez más, en tiempo real. Hoy esto ha cambiado, se ha maximizado, los ojos existentes vienen en diferentes artefactos, con una fidelidad que los hace muchas veces “hiper-reales”; y la cantidad de información que se puede almacenar es inmensamente mayor.

Creamos nuestros perfiles virtuales, entramos en contacto con otros, y en diferentes niveles (afectivo, laboral, sexual, etc.), a través de estos intermediarios, y constituimos acaso un “cuerpo virtual” compuesto de diversos artefactos que vendrían a ser extensiones nuestras, re-presentaciones de nosotros mismos. Videodrome tal vez no esté tan lejos.

 

Carlos Molina González

EQUIPO CINE CLUB 2014

 

 

 

 

 

 

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