71 Fragmentos de una Cronología del Azar

23 07 2014

“71 Fragmentos de una Cronología del Azar” (1994) es el tercer largometraje de Michael Haneke y la última parte de su trilogía de la glaciación emocional. A partir de retazos de la vida diaria recorremos la intimidad de diferentes habitantes de Viena días antes de enfrentarse a una trágica balacera que deja tres muertos en la víspera de navidad: un niño que emigra ilegalmente desde Rumania, una pareja que intenta adoptar, un abuelo cuya única compañía es su televisor, un guardia de seguridad que vive una crisis marital, un estudiante universitario marcado por la presión y la competencia.

Al igual que en “El Séptimo Continente” (1989) y “El Video de Benny” (1992), esta entrega toca temas como la violencia, la apatía, el individualismo, la mediatización de las relaciones humanas y el deseo de escapar de la rutina, pero juega con el lenguaje cinematográfico para remarcar aún más un sentimiento de separación e incomprensión entre los personajes: fragmenta el relato escogiendo pequeños instantes que se van intercalando de manera aparentemente azarosa hasta llegar a un desenlace en que todos los elementos logran encajar en un solo evento final.

A esto se suman noticieros que van mostrando también fragmentariamente y en un orden aleatorio la violencia que se vive en conflictos sociales y políticos desde diferentes rincones del planeta, Haneke involucra de esta forma al público en la misma lógica de  mediatización de la realidad que afecta a los personajes dentro de la historia, nos pone en su lugar, dando énfasis a una reflexión sobre el estar sentado frente a una pantalla observando el dolor humano, preguntándonos por nuestra propia responsabilidad en el cómo construimos día a día este mundo que sufrimos, cuestionándonos en qué medida nosotros también somos una parte de la monstruosidad, la dejadez y la hipocresía representadas en la obra.

Pero este juego narrativo de llevar caminos azarosos y distantes a un único destino final también es lo que hace a esta película diferenciarse de sus predecesoras. “71 Fragmentos…” nos deja con una sensación menos asfixiante y nos plantea al menos una luz: todo está conectado, nada es al azar, hasta nuestros actos  más insignificantes tienen consecuencias en quien está a nuestro lado, nuestro dolor no tiene nacionalidad, ni raza, ni clase social, nuestro propio pesar y el de los hombres y mujeres que pudieran estar en Líbano, Sarajevo, Somalia o Haití comparten un mismo elemento: su condición humana. La solución al problema está ahí a nuestro alcance, depende de nosotros no dejar que las imágenes pasen inadvertidas ante nuestros ojos.

 

Felipe Garrido

Equipo Cine Club 2014

 

 

 

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