Realidad (Re)Mediada: Benny’s Video

8 07 2014

Benny conoce y se contacta con el mundo a través de las imágenes. Con su cámara de video registra todo lo que puede, lo que le interesa, e incluso no se molesta en abrir las cortinas de su habitación para ver el exterior. No lo necesita en realidad, una cámara conectada a un monitor le muestra en tiempo real lo que ocurre allá afuera. Lo mismo con su entorno más amplio, una televisión es la forma de saber qué ocurre en su país y Europa, que se ve removida a consecuencia de la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética.

El contacto directo con el otro no es su fuerte. El de nadie en el mundo que lo rodea a decir verdad. Las comidas junto a sus padres se convierten en incómodos momentos en donde nadie da la sensación de querer hablar, y la “ruptura del hielo” sólo hace más patente ello, al tratarse de conversaciones triviales, por convención social casi, forzadas desde el inicio. La única relación bien llevada parece ser la posibilitada por el dinero.

Éste actúa como un intermediario social, permitiendo entablar alguna relación o vínculo, comercial en este caso, con un otro. Es un otro sin rostro desde luego, no importa quién sea. No importa su condición de sujeto, sino su posición dentro del engranaje social/económico. Es alguien prescindible. Así como hoy lo puede hacer “A”, mañana lo puede hacer “B”, y eso no hace diferencia.

Quizás el único momento de un contacto más real, físico hasta cierto punto, es el que se da entre Benny y la chica del video-club que termina por asesinar. Ahí se esboza algo, un cierto acercamiento, truncado desde luego, aunque, una vez más, ninguno en un comienzo parece saber muy bien cómo comunicarse, o establecer un vínculo.

Esa incapacidad Benny la llevará al extremo más adelante, al contarle a su cámara cómo se siente en ese obligado viaje a Egipto, mientras su padre se deshace del cadáver de la niña. Algo que no fue capaz de decirle a él o a su madre, ahora lo hace sin mayores complejos frente a este intermediario. Ahora bien, y en esta misma línea, no puede obviarse que fue a través de la grabación de la muerte de la chica que los padres de Benny se enteraron del hecho, y no porque él les haya contado.

El intermediario, quizás esa podría ser la clave, o una lectura posible más bien, del segundo film de Michael Haneke. En toda relación entre personas, o entre personas y el mundo que los rodea, existe un “algo” que sirve de puente, que evita que el contacto sea directo, pero que a la vez refleja su incapacidad de realizarlo por sí mismos. Puede ser la cámara de video, una televisión, el dinero, o los periódicos. Incluso, si fuésemos un poco quisquillosos, podríamos afirmar que el propio film actúa como intermediario para conocer esta realidad, esta historia, que representa lo que ocurría probablemente en muchos hogares en ese momento, y que también encuentra un correlato en nuestros días.

En un estado actual de cosas, en donde muchas de las relaciones sociales se desarrollan en el espacio virtual, pudiendo incluso “asistir” (o creer que se hace) a manifestaciones o concentraciones desde un computador, celular, tablet, etc., evidentemente un film como este encuentra un eco. Cierto es que no son los mismos tiempos, el mismo país, ni el mismo medio en cuestión, pero finalmente las películas siempre articulan al menos una doble memoria: por un lado la que dejan de su contexto de creación, y, por otro, la que gatillan años después al ser releídas en un contexto distinto, con otro bagaje.

De alguna forma nuestros días extreman lo que muestra Haneke, con un entorno más despersonalizado, y a la vez normalizado muchas veces, en donde igualmente parecemos conocer el mundo más a través de las fotos/videos que tomamos, que por vivirlo en sí, un poco insertos en el absolutismo de la imagen, y del hacerlo porque podemos. En este sentido, veremos que la muerte de la niña no importa en sí mismo, incluso es cosificada, “deshumanizada”, tanto por Benny, que sale y deja su cuerpo tendido en el piso como si nada, como por los padres, que hablan de ella como si fuese “cualquier cosa”. Es más un gatillante que sirve para mostrar esta realidad en toda su complejidad.

Y bueno, sólo para concluir, incluso el final de “Benny’s Video” está mediado. No es la “cámara de Haneke” la que lo muestra, sino una cámara de seguridad, que está siendo filmada por la cámara del director. Es más, hasta estas mismas palabras están siendo mediadas por el papel o la pantalla de un computador u otro afín. Incluso el lenguaje es un mediador. El punto es cuántos pasos nos separan de un otro.

Carlos Molina González
Equipo CINECLUB

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