Umberto D

26 06 2014

Campanas, la ciudad, las protestas y una melancólica música que evoca un sinnúmero de emociones mezcladas, dan comienzo a la historia de Umberto Domenico Ferrari, una historia ficticia pero tan real incluso en nuestros días, más de cinco décadas después.

“Aumenten la pensión”, “Justicia para los pensionados”, “Somos los parias de la nación”, “También los viejos tiene que comer” “Hemos trabajado toda la vida”. Esos son los potentes mensajes a través de los que nos vamos acercando a Umberto D., un pensionado, que luego de trabajar toda su vida como funcionario público, de haber dedicado su vida al servicio del Estado y de su país, se encuentra con que la pensión con que éstos le retribuyen su trabajo y dedicación de toda la vida, le alcanza con mucho esfuerzo para apenas comer. Y esta situación tan lamentable, lejos de ser una infame excepción, es la generalidad, es la tónica que marca la vida de otros pensionados como él que, también en la lucha por una vida más digna y por una vejez más justa, se ven obligados a salir a las calles a protestar como una de las pocas formas que les quedan de mantener la lucha y la esperanza en sus vidas.

Porque finalmente de eso se trata la historia de Umberto Domenico, de mantener la esperanza y seguir en la lucha, aun cuando parece no haber nada más por qué seguir en esa lucha continua que es la vida, y aun cuando parece que ya no se puede esperar nada más de ella.

“Aumento, aumento”, “Queremos ser escuchados”. Esas son las primeras frases que pronuncia Umberto D., frases que pronuncia con tal desgarro, humildad y verdad que es imposible mantenerse indiferente y no ponerse en su lugar. Puede ser porque Umberto D. no es sólo un personaje, es una persona que podemos ver día a día en las calles; es una persona, es una vida que quizás no se alejó mucho de la del mismo Carlos Battisti, profesor que representa a Don Umberto en el filme. Así, la elección de deSicade poner a “actuar” a personas que no tienen por oficio la actuación tiene genera que estos logren transmitirciertamente una subjetividad y una no-ficción que conmueve.Y puede ser también por la cercanía que provocan los tópicos tratados en la historia de Umberto, en tanto éstos se mantienen desgraciadamente actuales, con situaciones que pueden ser recreadas de manera cotidiana cada día en el mundo.

 

Uno de esos tópicos que permanecen actuales es el del problema de la vejez. Umberto D. nos transporta a los problemas propios de los viejos, que aparte de las bajas pensiones, está marcada en unabuena cantidad de casos por la más desoladora soledad. Y ese es el caso también de Don Umberto, quien no cuenta con más compañía que la de María, la sirvienta de la pensión donde se aloja, una muchacha buena y preocupada, que aparece como una seudo-hija y única especie de familia para él. Y así, tanta es la soledad, que no se escapa persona en la calle u otro lugar con el que Umberto no busque con desesperación y esperanza interactuar, ya sea para lograr conseguir dinero que le permita “parar la olla” un día más, o tan sólo para poder tener un momento de compañía, por más efímera que sea. Y claro, no hay que olvidar a la compañía más importante y constante de Don Umberto: Flike, su fiel compañero, el único que está en todo momento con él, incluso en los momentos más oscuros en que se pone en juego la dignidad e incluso la vida misma. Flike, es el gran compañero que permanece en la lucha con Umberto Domenico, y es el único que al final de cuentas hace que su vida tenga algún sentido, aun cuando ya no haya nada más.

La dirección, los personajes, la música, la fotografía, y todos los elementos que se articulan en este film dan como resultado una bella y esperanzadora historia, cuya belleza y esperanza  no dejan de emerger pese a la tristeza de la misma, tristeza que se hace cada vez más profunda en tanto seguimos encontrando Umberto D cada día y en cada lugar. Y así,mientras las desigualdades y las realidades de las que nos habla Vittorio de Sicca y el Neorrealismo no dejen de existir, este film, la historia de un Umberto Domenico Ferrari, no dejará de conmover y de dar cada vez más fuerza no sólo al campo de las emociones, sino también al de la conciencia social.

María Consuelo León-Lohaus

Equipo Cine Club






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