Visiones de Francia

10 06 2014

Noche y Niebla: Lo irrepresentable.

El holocausto se ha transformado a través del tiempo en un recurso inagotable para el arte, especialmente en el ámbito cinematográfico. Además de las dimensiones históricas y morales que se puedan desprender de este hito, alberga en él infinitas posibilidades de abordarlo tanto temática como estéticamente. Nuit et Brouillard (Noche y Niebla) es una película documental realizada en 1955 a partir de fotografías y material cinematográfico confiscados a los nazis, emerge quebrando conceptos e instaurándose como un relato poético y subjetivo, siendo un punto trascendental en la manera de hacer y percibir el documental. Lo interesante es que se emplaza en un momento crucial para la historia de Francia, pues las fuerzas de Argelia tomaban represalia de los años de colonización. Esta lucha por la independencia se mostró con crudeza desde sus comienzos; matanzas por ambos bandos y una durísima represión por parte del ejército francés. Por lo tanto la obra de Renais podría ser una suerte de advertencia, como una manera de evidenciar la contradicción de posturas frente a la violencia, incluso increpando al público con la pregunta: ¿son sus caras en verdad diferentes a las nuestras?

La Jetée: La memoria como delirio.

La negación de una lógica instaurada de realidad con la que juega el director comprende la reorganización de la representación y la fragmentación del tiempo,  generando una tensión mediante el repliegue reflexivo que se genera: la aspiración a establecer un sentido o nosentido a la manera en que vivimos la memoria.  A pesar de estar inscrita como ciencia ficción, percibimos que hay una fractura, una desnaturalización de la ficción en los elementos formales: no apela a la abstracción ni crea elaboradamente la atmósfera de un mundo posible, sino que éste emerge al remitirse a recobrar la experiencia pasada; a destacar la huella, la imagen-recuerdo contenida especialmente en la única secuencia en movimiento en los párpados de la mujer al despertar.
La Jetée invita al análisis exhaustivo de cada escena, de la posibilidad de habitar presente/pasado/futuro en potencia contenido en una imagen inmóvil a través de la evocación dispersa de situaciones de un niño que no pudo hacerlo, que no pudo existir pero si recorrerlos de manera inquieta, revisitándolos tal vez igual que nosotros como meros espectadores. Marker nos sitúa en su obra con las mismas limitaciones que sufre el protagonista, buscando constantemente la huella de lo que fue, recordándonos que no existe ninguna forma de eludir al tiempo.


El Sena ha encontrado París.

Ivens retrata el Sena de manera íntima, con la misma delicadeza con que nos mostrará A Valparaíso años después. Cada movimiento, cada detalle y elemento que construye el imaginario de quienes pasean a las orillas del río resulta llamativo. La apropiación del espacio y el fluir de su cotidiano se ven reflejados en la búsqueda de un goce visual, en la configuración de una narrativa cargada de poesía más allá de la mera apreciación de un paisaje urbano.

Lo interesante de esta obra, al igual que en las anteriores, es la operación deconstructiva de la concepción visual y del uso del lenguaje, que resulta llamativa no sólo en la actualidad, sino en el contexto en que se escribe, desencadenando en su momento la formación de nuevas propuestas e invenciones para la imagen, formas de articular los recursos que serán fundamentales para el desarrollo de un nuevo cine europeo y nacional.

 

Pascale Céspedes

Equipo Cine Club 2014






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