El rescate de lo invisibilizado.

27 05 2014

La tercera parte de La Batalla de Chile quizás se vea minimizada por la efervescencia política retratada en las que la preceden. Su eje ya no serán las grandes consignas políticas y sociales, sino una deconstrucción de estas y las nuevas dinámicas que se desarrollaron a partir de este ejercicio. En la búsqueda fervorosa por una democracia realmente participativa se devela paulatinamente un vacío, un agotamiento del sistema y de la institucionalidad, propiciando así la aparición de organizaciones espontáneas que se levantarán como alternativa inmediata de respuesta, el objetivo no era delegar sus problemas de clase a la institucionalidad burguesa y sectores reaccionarios, sino adelantarse y tomar por sus manos esta lucha reivindicativa que comenzó con el gobierno de Allende y que se vio truncada por los métodos fascistas del imperialismo. Almacenes comunitarios, cordones industriales, comités campesinos y una serie de organizaciones personificarán el proyecto de una comunidad activa y participativa; del Poder Popular.

 Sin embargo, a medida que va avanzando la narración comienza a vislumbrarse el inevitable final. Y es que no se plantea esta tercera parte como algo lineal, sino como un quiebre de una utopía, un vuelco contra sí misma con el término brutal de un proceso histórico cuyo propósito comenzaba a materializarse.

Esta urgencia por filmar el último año del gobierno popular con sus acontecimientos y desencuentros da cuenta de las inquietudes relativas al hacer cine por parte de los realizadores, enmarañando –inevitablemente- en esta práctica una postura política que se evidencia tanto en la medida donde se emplazan los registros como la manera en que son retratadas las personas que dan su testimonio. No es el mero fetiche de documentar una imagen y delimitarla a un hecho en particular, sino en cómo las reflexiones se plasmaban considerando que constantemente surgía nuevo material y puntos de conflicto: el trabajo colectivo frente a la crisis política y económica, las estrategias que se iban tomando para solucionar el problema del abastecimiento, etc.

Paralelo a esto, su compromiso y  hambre por la imagen los lleva a recurrir constantemente a planos secuencias con el fin de no interferir en los que acontecía para no limitar su potencial. Planos que parecen exacerbar cada situación que bajo otra mirada parecería trivial, pero que acá se instalan casi en una dimensión poética. Estos ambientes que muestran una reflexión de cada elemento que alberga, como si cada plano nos transmitiera una intensidad particular que van entrelazándose en el transcurso. La construcción de una nueva temporalidad hace emerger elementos invisibilizados por el cotidiano, privilegiando así una nueva construcción de la representación: gestos, miradas de los trabajadores, la retórica obrera y campesina, la concepción de pueblo plasmada en discursos, los contrastes y otros, van configurando un imaginario particular que no se logra transmitir en otras obras y que retrata de manera exquisita el último año de Salvador Allende.

“La escena del hombre del carretón elevados del suelo como si volara, es uno de los cientos de planos bellos que Jorge nos dejó, y eso era posible no sólo por sus habilidades como camarógrafo, más bien son frutos de su profunda humanidad y mirada con amor a sus semejantes y por sobre todo a los más pobres, Sergio Trabucco.

 

 Pascale Céspedes

Equipo Cine Club 2014

 

 

 

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