Pulp Fiction. Hurgueteando en el basurero.

26 03 2014

Pocos estrenos durante la década del ’90 concitaron tanta atención como el segundo largometraje del incombustible Quentin Tarantino. Pulp Fiction (1994) fue un tremendo éxito de taquilla y de crítica, obteniendo tanto un Óscar (por Mejor Guión Original) y la Palma de Oro en el Festival de Cannes[1], asunto que no es menor: revela la buena recepción que tuvo la película tanto en circuitos comerciales como especializados. Más allá de su acalorada recepción, 20 años después este relato de narrativa traviesa y exageradas actuaciones sigue manteniéndose fresco y siendo objeto de todo tipo de referencias y parodias. Si la misma película era un largo compendio de homenajes a las subterráneas corrientes de la ficción “criminal”, iba a ser solo cosa de tiempo que se convirtiera ella misma en un objeto de culto, venerado y odiado por su telúrica aparición y su expansiva influencia[2].

Pulp Fiction es una de las grandes responsables de la emergencia del sentimiento de “retromania[3]”, ejercicio estético que se nutre de referentes culturales pasados para explorar y desarrollar desde ahí nuevos derroteros estilísticos que atrapen a la audiencia desde una suerte de instrumentalización del recuerdo. Esta idea que comienza a agarrar fuerza en los ’90 –probablemente animado por la sensación de un acabose cultural-, sigue siendo útil como clave de lectura contemporánea, como concepto para analizar la producción simbólica de la cultura de masas actual. Leído de esta forma, el éxito de Pulp Fiction es más un síntoma cultural que el efecto de una soberbia muestra de habilidad cinematográfica (sin desmerecer el intrépido aliento narrativo de su trama y la inteligencia con que relaciona distintas formas de la cultura de masas del pasado), que ayudó al desarrollo de estilos que prefieren remover el basurero cultural y establecer así lo que es la marca del “pop contemporáneo”: el virtuosismo para trabajar el pastiche y ser reflexivos al respecto.  Si hay un valor en revisitar Pulp Fiction 20 años después, es para poner a prueba lo seminal de ciertas cuestiones.

Dicho esto, se podría considerar a Pulp Fiction como la obra más importante de un primer período de Tarantino que termina con Death Proof (2007): mientras Inglourious Basterds (2009) y Django Unchained (2012) revuelven y componen su estética a partir de referentes “duros” e históricamente localizados (la Segunda Guerra Mundial, la época de la esclavitud en Estados Unidos), toda su filmografía anterior se involucra sensualmente con referentes “blandos”, o sea, ficciones extraídas del imaginario de la cultura producida en masa y entregada a públicos específicos: la Nouvelle Vague, el cine B, la literatura “pulp”, la música funk y disco, el anime, etc[4]. Si los intereses recientes de Tarantino se han volcado hacia la revisión histórica en su forma más bastardamente estilizada posible, esto afirmaría que en su mundo ya no es el desdibujamiento entre alta y la baja cultura lo que es importante, sino la “ficción imaginaria” y la “realidad histórica” como un juego de espejos trizados cuyos reflejos no hacen sino devolver la imagen de un tiempo titubeante que solo se resuelve en nuevas ficciones. Lo que allí emana es un problema poético: ninguna imagen y ninguna historia es transparente, sino todo se juega en la incontrolable ansia de verosimilitud en un mundo simulado. Cuál es la política de este juego, es un asunto más extenso que debe ser analizado con  mayor distancia[5].

 



[1] De todas formas, esto no debería sorprender si consideramos que el Presidente del Jurado ese año era Clint Eastwood, y la película es un largo homenaje a la tradición del cine de crimen norteamericano, ámbito donde el director de Los Imperdonables se siente muy a gusto. Incluso, uno podría conjeturar más allá: lo que le fascinó a Eastwood de Pulp Fiction fue lo “americana” que era la película.

[2] Esto expone que la historia de las producciones simbólicas no son sino un constante “ir y venir” entre referentes.

[3] El concepto, al parecer, es del crítico de música Simon Reynolds.

[4] Habrá que esperar varios años y examinar la futura filmografía de Tarantino, para comprobar cierta validez en esta hipótesis.

[5] En 20 años más, quizás.

Por Guillermo Jarpa

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