Cine Club de la Universidad de Chile conmemora sus 60 años con homenaje a tres grandes cineastas chilenos

26 03 2014

Fundado en 1954 por el documentalista Pedro Chaskel, cerrado tras el golpe militar y reabierto en 2009, el histórico Cine Club Universitario ha sido una instancia de educación en torno al cine, que además sirve como plataforma de difusión y crítica para cineastas emergentes y aquellas películas que no tienen acceso a las salas comerciales.

 

Sesenta años atrás, un grupo de estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Chile, apoyados por la FECH, comenzaron a exhibir en el Salón de Honor de la Universidad un tipo de cine que consideraban importante por sus cualidades artísticas y estéticas, pero que no tenía lugar en las salas tradicionales. El nacimiento del Cine Club de la Universidad de Chile sería un acontecimiento paradigmático, y el primero de sus características en Chile, sumándose a lo que realizaban desde los años 20 en Europa, con cultores emblemáticos como François Truffaut y Jean Vigo. Ampliamente citado en investigaciones de todo el mundo, el nacimiento del Cine Club Universitario ha sido considerado como la cuna del “Nuevo Cine Chileno”, y contó entre sus habituales participantes a Raúl Ruiz, Sergio Bravo, José Román, Fernando Bellet y Pedro Chaskel, este último fundador de la iniciativa.

 

Actualmente, el Cine Club Universitario se mantiene activo gracias a estudiantes y académicos, que decidieron reabrirlo el año 2009 en el Campus Juan Gómez Millas, con el apoyo del Instituto de la Comunicación e Imagen y la Cineteca de la Universidad de Chile, dando vida a una nueva ola del movimiento cineclubista en todo el país. Cada miércoles se abre a la comunidad la exhibición de filmes y foros gratuitos, proponiendo un innovador sistema de aula abierta destinado a generar nuevas metodologías de educación por medio del cine. Además, desde 2011 cuenta con tecnología 2K para proyecciones digitales en alta definición, gracias a una subvención del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, además de publicar una revista especializada en estudios de cine como es “Séptimo Arte”.

 

La actividad también ha sido una plataforma para aquellos cineastas chilenos, cuyas obras no tienen circulación en salas de cine tradicionales. Así, en numerosas ocasiones, el Cine Club cuenta con la presencia de los propios realizadores, además de académicos de la Universidad de Chile, que realizan una clase abierta a través del cine foro posterior a la función. De este modo, se genera un debate crítico desde diversas ópticas, con el objetivo de reconocer en el público la diversidad y actividad que lo caracteriza, y que se le niega en los espacios tradicionales.

 

Conmemorando el cumpleaños número 60 del Cine Club, es que durante el año 2014 se realizarán una serie de actividades especiales, comenzando durante los meses de Abril y Mayo con una retrospectiva dedicada a tres de los más importantes cineastas nacionales: Raúl Ruiz, Patricio Guzmán y Alejandro Jodorowsky, cuyas películas se exhibirán por primera vez en Chile en tecnología digital 2K. Entre las obras a proyectar se cuenta la trilogía completa de “La Batalla de Chile”, uno de los documentales políticos más reconocidos en el mundo y cuyo autor, Patricio Guzmán, donó recientemente a la Cineteca de la Universidad de Chile con el doble objetivo de conservarlo en un espacio estatal y también para su exhibición gratuita.

 

 

Todas las sesiones se realizarán en la sala Jorge Müller del Instituto de la Comunicación e Imagen, que lleva el nombre del camarógrafo de “La batalla de Chile”, detenido desaparecido hace 40 años, en manos de las fuerzas represivas de la dictadura.

 

Igualmente se proyectará la que es considerada por investigadores y críticos como la primera película “de culto” en la historia: “El Topo”, realizada por Alejandro Jodorowsky en México y que le valió fama mundial por sus extravagantes imágenes. El ciclo contempla la exhibición de “El Dominio Perdido” de Raúl Ruiz, película en que el autor superpone diversos espacios y tiempos para realizar una alegoría sobre el golpe de estado de 1973.

 

Junto a lo anterior, el Cine Club realizará durante los meses de Junio y Julio una “Escuela de Espectadores”, dictando talleres gratuitos y abiertos a la comunidad para acercar la cultura cinematográfica a la ciudadanía, con el objetivo de entregar herramientas para una completa apreciación del cine como obra de arte, canal cultural e histórico, lo que se suma a una serie de actividades en regiones dedicadas a conmemorar una iniciativa pionera en la formación de las audiencias nacionales.

 

Las funciones son liberadas y se realizarán todos los Miércoles a las 19 horas en la Sala Jorge Müller del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile (Av. Ignacio Carrera Pinto #1045, al interior del Campus Juan Gómez Millas. Ingreso por calle Las Palmeras).



Pulp Fiction. Hurgueteando en el basurero.

26 03 2014

Pocos estrenos durante la década del ’90 concitaron tanta atención como el segundo largometraje del incombustible Quentin Tarantino. Pulp Fiction (1994) fue un tremendo éxito de taquilla y de crítica, obteniendo tanto un Óscar (por Mejor Guión Original) y la Palma de Oro en el Festival de Cannes[1], asunto que no es menor: revela la buena recepción que tuvo la película tanto en circuitos comerciales como especializados. Más allá de su acalorada recepción, 20 años después este relato de narrativa traviesa y exageradas actuaciones sigue manteniéndose fresco y siendo objeto de todo tipo de referencias y parodias. Si la misma película era un largo compendio de homenajes a las subterráneas corrientes de la ficción “criminal”, iba a ser solo cosa de tiempo que se convirtiera ella misma en un objeto de culto, venerado y odiado por su telúrica aparición y su expansiva influencia[2].

Pulp Fiction es una de las grandes responsables de la emergencia del sentimiento de “retromania[3]”, ejercicio estético que se nutre de referentes culturales pasados para explorar y desarrollar desde ahí nuevos derroteros estilísticos que atrapen a la audiencia desde una suerte de instrumentalización del recuerdo. Esta idea que comienza a agarrar fuerza en los ’90 –probablemente animado por la sensación de un acabose cultural-, sigue siendo útil como clave de lectura contemporánea, como concepto para analizar la producción simbólica de la cultura de masas actual. Leído de esta forma, el éxito de Pulp Fiction es más un síntoma cultural que el efecto de una soberbia muestra de habilidad cinematográfica (sin desmerecer el intrépido aliento narrativo de su trama y la inteligencia con que relaciona distintas formas de la cultura de masas del pasado), que ayudó al desarrollo de estilos que prefieren remover el basurero cultural y establecer así lo que es la marca del “pop contemporáneo”: el virtuosismo para trabajar el pastiche y ser reflexivos al respecto.  Si hay un valor en revisitar Pulp Fiction 20 años después, es para poner a prueba lo seminal de ciertas cuestiones.

Dicho esto, se podría considerar a Pulp Fiction como la obra más importante de un primer período de Tarantino que termina con Death Proof (2007): mientras Inglourious Basterds (2009) y Django Unchained (2012) revuelven y componen su estética a partir de referentes “duros” e históricamente localizados (la Segunda Guerra Mundial, la época de la esclavitud en Estados Unidos), toda su filmografía anterior se involucra sensualmente con referentes “blandos”, o sea, ficciones extraídas del imaginario de la cultura producida en masa y entregada a públicos específicos: la Nouvelle Vague, el cine B, la literatura “pulp”, la música funk y disco, el anime, etc[4]. Si los intereses recientes de Tarantino se han volcado hacia la revisión histórica en su forma más bastardamente estilizada posible, esto afirmaría que en su mundo ya no es el desdibujamiento entre alta y la baja cultura lo que es importante, sino la “ficción imaginaria” y la “realidad histórica” como un juego de espejos trizados cuyos reflejos no hacen sino devolver la imagen de un tiempo titubeante que solo se resuelve en nuevas ficciones. Lo que allí emana es un problema poético: ninguna imagen y ninguna historia es transparente, sino todo se juega en la incontrolable ansia de verosimilitud en un mundo simulado. Cuál es la política de este juego, es un asunto más extenso que debe ser analizado con  mayor distancia[5].

 



[1] De todas formas, esto no debería sorprender si consideramos que el Presidente del Jurado ese año era Clint Eastwood, y la película es un largo homenaje a la tradición del cine de crimen norteamericano, ámbito donde el director de Los Imperdonables se siente muy a gusto. Incluso, uno podría conjeturar más allá: lo que le fascinó a Eastwood de Pulp Fiction fue lo “americana” que era la película.

[2] Esto expone que la historia de las producciones simbólicas no son sino un constante “ir y venir” entre referentes.

[3] El concepto, al parecer, es del crítico de música Simon Reynolds.

[4] Habrá que esperar varios años y examinar la futura filmografía de Tarantino, para comprobar cierta validez en esta hipótesis.

[5] En 20 años más, quizás.

Por Guillermo Jarpa






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