119 Esperanzas

28 11 2013

Hoy salimos como todos los días. Caminamos por las calles que siempre transitamos. En casa quedó la familia, todo sigue su curso rutinario. Hay preocupaciones, alegrías, tristezas, como siempre. El día continúa, trabajo, escuela, universidad, compartir con los amigos, la pareja, lo acostumbrado. Pero la rutina se quiebra. Ya no volveremos a casa. Ese lugar se tornará extraño, silencioso. No será el mismo, quienes quedan tampoco. La constante y nerviosa espera, el esperanzador golpeteo de la puerta. Si incluso nuestra pieza, nuestras cosas, pareciesen aguardar que de un momento a otro lleguemos y retomemos esa vida que parecimos, o más bien nos forzaron, a dejar en pausa.

 

Aquellas vidas quedaron detenidas en un momento. Su hogar pareciese aún esperarlos y, cómo no, también su familia y amigos. ¿Por qué, para qué? Son preguntas que siempre debiesen resonar en una sociedad. La respuesta es difícil, pero quizás para quienes quedaron importa un poco menos que la respuesta a la otra pregunta, esa incómoda y que recuerda que aún hay una gran ¿deuda? En verdad, esta palabra va más de la mano con algo monetario, un objeto. No son eso, aunque algunos quisieron verlos así, sino personas, vidas, dignidades. Y la pregunta no es otra que, ¿Dónde Están?

 

Hilando más fino, nos damos cuenta que detrás de aquella frase hay personas que la han repetido una y otra vez; que hay algunas que ya no están aquí y que no obtuvieron respuesta; que hay vidas que también fueron cortadas, y que, de alguna u otra forma, debieron rearmarse y seguir el día a día, no sólo para pelear por quienes les habían arrebatado, sino para estar también con y por los que quedaron, y los que fueron llegando con el paso del tiempo. Hay toda una resignificación de la vida en sí, algo que difícilmente podríamos llegar a comprender en toda su complejidad sin haber vivido aquello. Es.

 

Pero también podemos darnos cuenta que quienes no volvieron son más que una frase, una condición jurídica, o incluso una cifra. Son personas. Personas que amaban, tenían sueños, rabias, tristezas, logros y caídas. Eran, son, uno de nosotros, que es lo fundamental, y no puede perderse de vista.

 

Físicamente ya no están, pero viven, habitan los espacios, territorios, la sociedad, a través de sus fotografías, cartas, ideales y recuerdos que tienen de ellos sus hijos, madres, padres, compañeros, compañeras y amigos. La memoria en torno a ellos les hace trascender esa ausencia física, la que se trasforma en una presencia, en un estar aquí.

 

Cuando la verdad y la justicia parecen algo lejano, difícil de alcanzar, es la sociedad (o sectores de ella), las personas, que son lo verdaderamente importante de esa construcción llamada nación o país, las que deben asumir una responsabilidad de restituir la dignidad arrebata, de no olvidar aquello que ocurrió. Es ahí donde puede encontrarse una justicia, dar una enseñanza, y que, en cierto modo, todo lo acontecido no sea en vano. Es lo que permite que ellos sigan viviendo y no vuelvan a desaparecer. Que sean Memoria.

 

Carlos Molina González

EQUIPO CINECLUB

 

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