Caliche Sangriento

3 07 2013

    El proceso de restauración de la película nacional “Caliche Sangriento” es una interesante metáfora para aventurar una reflexión sobre el trato hacia el patrimonio fílmico en Chile. Aquella película que en 1970 se proyectó en el festival de Cannes -junto a “Valparaíso, mi amor” de Aldo Francia- en una modesta exhibición, hoy es recuperada a pesar de su deterioro irreversible. Mutilada, sucia, destrozada e intervenida, son los vestigios de una imagen que se niega a morir.

 

Al abrir las latas oxidadas de “Caliche Sangriento” apareció un film que se encontraba mutilado en su totalidad y que había sido dañado por la manipulación en las salas de proyección y el deterioro químico propio del Eastmancolor, la película con la que se filmó en 1969. Las copias habían sido manipuladas en primera instancia por empalmes de cemento, algunos muy mal efectuados llegando a imprimirse en la película los dedos de quien efectuara esta labor, posiblemente luego de una o varias proyecciones realizadas sin el rigor necesario.

 

El cine, tal como la música, las artes visuales o la arquitectura, merecen un sitial que consolide su carácter, su tradición y su mirada. El arte es y será una particular visión del mundo. Y el cine, en su más amplia gama de estilos, escuelas, tendencias o formas, es una manera excepcional de plasmar la identidad de manera artística. Abstracta o concreta, reflexiva o humorística, satírica o complaciente, propagandística o con punto de vista, discursiva o panfletaria, irregulares u obras maestras… cada una de las obras pertenecientes al patrimonio fílmico de la humanidad, y deben conservarse con el cuidado que se cuenta en un edificio del siglo XV o con el respeto con que se guarda una deidad Maya. Una obra no está restaurada hasta que se exhibe: es en su contexto natural de la sala de cine y exhibida en colectivo, donde cobra sentido.

 

 

Restaurar “Caliche Sangriento” de Helvio Soto es una reflexión sobre el respeto al acervo audiovisual nacional, a los cineastas que vivieron la inclemencia del desierto para filmarla, a los actores de la Universidad de Chile sede Antofagasta que ahí aparecen. Nunca más debería repetirse que tras abrir una lata de película, se descubra que miles de manos con dudosa autoridad y criterio, se dieron la libertad de intervenirla a tal punto que no habrá qué recuperar. Pero no solamente es un tecnicismo: mientras no existan políticas públicas claras, decisiones institucionales pertinentes y respetuosas, opiniones expertas o estrategias proyectadas en el futuro, inevitablemente nuestra memoria seguirá en peligro. Ya no basta con instrumentalizar a los archivos, sino que deben ser parte de un proyecto serio de rescate del patrimonio fílmico nacional.

 

 Caliche Sangriento en su momento fue censurada por que ofendía el honor de nuestra patria y los soldados. Nadie reparó en que cada persona puede tener una mirada distinta de la historia, y que esa opinión personal sobre nuestro propio país es lo que nos hace ciudadanos. Un pueblo sin voz es casi como un pueblo sin historia. Que es casi lo mismo que un país con una historia oficial: artificios muchas veces organizados de manera gloriosa pero con muy poca profundidad y perspectiva histórica, la misma perspectiva que puede otorgar una película, un libro, un diario, un noticiero o una crónica casera.

 

Gracias a muchos noticieros de TV o reportajes de prensa escrita aparecidos días después del Golpe de Estado de 1973, es que podemos entender aquellos terribles sucesos históricos, y nosotros que nacimos mucho después, poder forjarnos una idea y tener una opinión de lo terrible que fue para nuestro país una Dictadura cívico militar. El cine, y las artes están para ser precisamente una mirada. Los medios de comunicación, en todos sus estilos, líneas editoriales o tendencias, proyectarán en la historia ese particular momento.

 

La tarea ahora es ardua, “Caliche Sangriento” es una primera piedra, que esperamos no se interrumpa y continúe no sólo con la exhibición del film sino con la recuperación de la obra entera de Helvio Soto, un maestro de nuestro cine.

 

Luis Horta

Camila Pruzzo

Equipo Cine Club 2013

 

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