¿Quién te ha visto y quién te ve, Edmundo Desnoes?

17 10 2012

por David Antich

Equipo Cine Club

Hay un imaginario muy cerrado pero también muy extendido sobre la revolución cubana, que vincula a la burguesía de la isla exclusivamente con el complot, con Miami y los atentados. Pero como resume la sinopsis original, Memorias del subdesarrollo es la historia de Sergio, un pequeñoburgués en Cuba, durante los primeros años de la revolución, a través de cuyas contradicciones se reflejan las de toda la sociedad cubana, en el momento que se comenzaba a solidificar el nuevo orden fundado por la revolución.

Basada en la novela homónima del escritor y crítico Edmundo Desnoes, Memorias del subdesarrollo, es una pieza única y magistral de la cinematografía latinoamericana. No solo por el cliché de que “revela el espíritu de una época”, lo que nos puede llevar al error de pensar que a cada momento histórico le corresponde su arte propio, sino porque se sumerge en problemas comunes a las burguesías latinoamericanas frente a los procesos de transformación social de los 60 y 70, problemas “culturales”, de identidad, de reconocimiento, de la mirada y la razón europeas frente a la heterogénea “autenticidad” latinoamericana.

Desarrollo y subdesarrollo son las dos líneas de tensión ideológica sobre las que se mueve el pensamiento de Sergio, el protagonista, un joven culto y desencantado, heredero de varias propiedades en el centro de La Habana, cuya familia se ha marchado a los Estados Unidos en 1962, un año después que los reaccionarios atacaran Bahía de Cochinos con el apoyo de la CIA y se generalizara el embargo económico contra la isla.

Así como toda Cuba comienza una nueva vida a partir de esos años, Sergio, al quedarse solo en su departamento habanero de 300m2, se sumerge en sus reflexiones políticas y existenciales, al modo de un monólogo interior por medio de su voz en off. “Esta ciudad que era el París del Caribe ahora será la Tegucigalpa del Caribe”, sentencia. Pero el buen gusto, los refinamientos y las comodidades de clase no constituyen para él los símbolos del desarrollo, pues desprecia por igual al resto de la burguesía cubana y al sencillo pueblo caribeño, todos incultos, dependientes y maleables: “La revolución, aunque me destruya, es mi venganza contra la estúpida burguesía cubana”.

Su vida deriva, así, en las aventuras y recuerdos de sus amantes. La ingrata evocación de su ex esposa, que huyó a Miami; Noemi, la mujer protestante que va a hacer aseo a su departamento y en la que posa su mirada; y Elena, una jovencísima muchacha que busca ser actriz y termina enfrentando a Sergio en tribunales, a causa de las presiones de su familia conservadora.

En una admirable demostración de manejo del lenguaje cinematográfico, Tomás Gutiérrez Alea intercala a la narración, imágenes de archivo de Playa Girón, de la represión de Batista, de la crisis de los misiles, haciendo de ésta una historia absolutamente situada. La lectura de Sergio de unos fragmentos del libro Moral burguesa y revolución de Leon Rozitchner sobre las imágenes del juicio a los contrarrevolucionarios capturados en Bahía de Cochinos constituye una de las partes más notables del filme, en un sentido filosófico que tensiona las responsabilidades individuales de los criminales en actos colectivos.

Otra de las escenas destacables es un coloquio sobre Literatura y Subdesarrollo, al que asiste Sergio. Cuatro intelectuales, entre los que está el mismo Desnoes, exponen sus interpretaciones sobre el concepto de subdesarrollo, descubriendo la trampa de su uso ligero y el enredo que implica oponer el imperialismo norteamericano frente a las naciones explotadas, sin reconocer la centralidad del sistema capitalista, que pone en marcha esta dominación.

Gutiérrez Alea examina la mirada neo-colonial con mucha precisión y crítica. En el coloquio, un norteamericano pregunta por qué usan las viejas técnicas que separan al público del expositor, si la revolución cubana quiere ser auténtica. El cine de TGA fue una renovación en muchos sentidos, por eso llegó a ser el gran referente de un movimiento cinematográfico que se vitalizó en su relación con el público. Y eso lo reconoció la Federación Internacional de Cineclubes en 1970 al premiarla en Checoslovaquia. Y lo seguimos reconociendo, a más de 40 años, desde este pequeño espacio que el mismo público construye, mostrando sus obras a la manera de un sencillo pero contundente homenaje.

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