Búsqueda en los supuestos paréntesis

4 04 2012

director de Huacho y Sentados frente al fuegoEn Sentados frente al fuego (2011), Alejandro Fernández Almendras reafirma su búsqueda estética: la observación de las relaciones entre los sujetos y su entorno. Al igual que en su largometraje anterior, Huacho (2009), Fernández construye un cine sobre las relaciones humanas, en un ambiente que permite la condensación de las emociones y su fugaz resolución: el mundo rural. Por ende, su cine trabaja la representación de lo cotidiano como una esfera dinámica, sujeta a condiciones que escapan a la voluntad de quienes lo habitan y construyen, pero que a la vez, sedimentan conflictos subterráneos que nunca explotan. Como una bomba de tiempo oxidada, su cine se articula en base a momentos perdidos en la niebla, pero que adquieren sentido en tanto conjunto experiencial articulados bajo dos lógicas – lo rutinario y lo excepcional – que rastrean lo esencial de los gestos humanos. Es una estética tanto humanista como antropológica; emocional y científica.

Para trabajar este modo experiencial, Fernández es lo suficientemente astuto como para trabajar un acercamiento visual que privilegia la mirada del espectador-testigo. Esta estrategia, mas que exaltar una suerte de “exotismo”, permite componer una distancia equilibrada entre el espectador y la imagen: nadie invade sus respectivos espacios, consagrando un mutuo respeto que permite la coagulación del conflicto latente, que se mantiene durante toda la película y en ningún momento alcanza cuotas de melodramatismo. Por lo mismo es que desconcierta la intromisión de la música en ciertos pasajes, ya que invade una parcela cuya propuesta estética no exige el arribo de elementos extradiegéticos. Son estos elementos que coquetean con un aparente efectismo – el breve diálogo entre el hijo y el protagonista, las instancias sexuales, etc. – los que desvían la atención y desbordan la imagen hacia una zona indeterminada.


Sentados frente al fuego es una película que reafirma una mirada preocupada por el flujo de la vida, que concentra su atención en las preocupaciones de los sujetos en tantos seres humanos en relación, constatando la importancia que merecen las historias mínimas y anónimas. La relevancia del devenir de la vida existiría no en los grandes eventos históricos, sino en como los sujetos continúan su vida entre las marejadas. Los “grandes sucesos históricos” de Chile – el terremoto de 2010 y el rescate de los mineros – son nombrados tangencialmente en la película, y sus huellas son difíciles de rastrear; así también sucede con la enfermedad de la protagonista, cuyos detalles no son relevantes para la estructura discursiva del largometraje. Lo importante son los gestos, los diálogos y las miradas que dialogan subversivamente en la imagen. Tenemos un cine proxémico, cuyo sentido se realiza entre los contornos y en justa relación con un entorno histórico que funciona como campo de acciones. Así, la pretensión de un humanismo en la representación llega a su meta con debida justificación.

Guillermo Jarpa Espinoza
Equipo Cine Club

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