NUEVA EDICIÓN Especial 50 años Cineteca UdeChile de REVISTA SÉPTIMO ARTE

29 06 2011

La publicación del Cineclub Universitario, «REVISTA SÉPTIMO ARTE» (R7A) lanza su edición Nº6 con un especial por los 50 años de la CINETECA UNIVERSIDAD DE CHILE. El número enfocado particularmente en PATRIMONIO y MEMORIA ya está disponible de forma gratuita en el sitio web r7a.cl



«Angelito» y «La universidad en la antártica» cierran la retrospectiva dedicada al gran artista Luis Cornejo

27 06 2011

Este miércoles, Cineclub presentará de manera exclusiva las primeras películas dirigidas por el gran director chileno Luis Cornejo, cerrando así el ciclo dedicado a su obra.  Se trata de «Angelito», un cortometraje sobre las dificultades de las empleadas domésticas en los años ’60, y «La universidad en la antártica», imperdible registro de las labores científicas de investigadores universitarios en el desierto blanco. ¡No se lo pierdan!

«ANGELITO» (1965, 16 min)

Sinopsis: Una empleada doméstica pierde todos sus trabajos debido a que su niño llora por las noches, molestando a los patrones.

Con: Sara Astica, Elena Moreno, Violeta Vidaurre, Tennyson Ferrada, Yoya Martínez y Nelly Meruane.

y «LA UNIVERSIDAD EN LA ANTÁRTICA» (1962, 37 min)

Sinopsis: Registro de la vida cotidiana de un grupo de científicos de la Universidad de Chile que trabajan en la base antártica Gabriel González Videla.

MIÉRCOLES 29 de JUNIO, 18:30 hrs

ENTRADA LIBERADA

SALA JORGE MÜLLER, Instituto de la Comunicación e Imagen

A pasos de la esquina de Macul con Las palmeras



El Fin del Juego, o el retrato del arribismo chileno

27 06 2011

Por Luis Horta

Equipo Cineclub

-“Éstos convierten la vida en un guáter. Lo que es yo, me conformo con comprar números de la lotería; si gano, es por que estoy destinado a tener plata, si no, que le vamos a hacer”

La representación del decadentismo de las clases altas en decadencia es la tesis que plantea “El Fin del Juego”, único largometraje de Luis Cornejo y realizado en 1970, año en que triunfa la Unidad Popular y el cine de corte militante se imponía como forma de apoyo a un sistema socialista que llegaba por vías electorales al gobierno. Cornejo, militante comunista, era quizá el único cineasta que provenía realmente del mundo popular, y su primera película de largometraje –que podría haber sido una muestra mas del panfletario militarismo de muchos cineastas militantes- se concentra en la decadencia de una estirpe en declive, en las clases medias aspiracionales.

Formalmente, “El Fin del Juego” se instala alejado de la corriente experimental del cine de aquellos años que hibridaba elementos del género documental con la puesta en escena del imaginario popular. Antítesis de “Valparaíso mi amor” (1969), “El Chacal de Nahueltoro” (1969) o “Tres tristes tigres” (1968). Su vocación ni siquiera se acerca a estas películas consideradas claves del periodo y realizadas casi de manera simultánea, lo que en parte ha permitido opacar e invisibilizar la obra de un cineasta quizá menos radical, pero igualmente importante en su representación de clase. El ejercicio que hace Cornejo es bastante lúcido: se acerca al subdesarrollo interno de un pueblo tercermundista, donde dos vías de aceptar el capitalismo se instalan como parte del relato. Por una parte, el protagonista –El “sablazo Orrego”- que encarna la vanidad y sumisión en torno al capital económico, un burgués que ha desperdiciado el dinero de su esposa en un viaje por Europa. Acomodado ante esta fortuna, que finalmente pierde, retorna a Chile con el aura de la derrota pero a la vez de la gloria pasada, por supuesto impropia.

Por otra parte está la esposa, que sumida ahora en la degradación (moral, social) se aventura a realizar diversos trabajos que en apariencia la denigran en relación a su alta clase social. Así, pasa de burguesa a proletaria, siendo sujeta del mismo sistema capitalista que ella alimentó otrora. Se convierte en la mano de obra del sistema, ayudándolo y alentándolo.

Cornejo plantea personajes empequeñecidos, enceguecidos por su ánimo del lucro, por revisitar el pasado como náufragos frente a un trozo de madera.  No retrata la miseria física como si lo hacen otros cineastas también militantes comunistas (un ejemplo es “Desnutrición Infantil” de Álvaro Ramírez filmada en 1969), sino que se esfuerza en registrar una decadencia social, el arribismo de clase, la caída tras pontificar al poder económico. Valiéndose de esto es que aparecen los traumas propios del consumo: alcoholismo, robo, pereza, arrogancia. El protagonista humilla a un oscuro barman por su clase social, se emborracha a costa de sus amigos –con quienes posee una relación utilitaria-, engaña a su mujer representada como el sujeto de la abnegación y el pilar de una familia que se quiebra, así como termina humillado peleándose con unos pordioseros en la Estación Central, secuencia brillantemente filmada junto a la animita de Romualdito.

“El Fin del Juego” plantea otra forma de salir a registrar a la calle. Huye de los convencionalismos y se sitúa en un formalismo moderado y una temática ajena a lo que en el periodo eran “los grandes temas”. Presenta así una película mucho mas política que “Compañero Presidente”, filmada tan solo un año después, y que utiliza la retórica del presidente Allende como marco y contexto. Luis Cornejo va mas allá y profundiza en la concepción de clase, pero no en la mirada partidista sino que en el subdesarrollo interior, la decadencia de clase.

Quizá esta lucidez es la que aparece desfasada con su época. “El Fin del Juego” es un título metafórico, pero a la vez desapercibido en nuestra cinematografía que parece querer beber eternamente de Raúl Ruiz o “El Chacal de Nahueltoro”, gentilmente colaborando en perpetuar el olvido a piezas de enorme valentía y audacia como ésta. Con una impecable fotografía de Héctor Ríos realizada en una clave completamente opuesta a sus películas del periodo, pero con actuaciones muchas veces desafortunadas, no hay que esconder que se trata de un film irregular. Sin embargo, sería la última película de Luis Cornejo, quien tras ser expulsado de Chilefilms en 1973 se dedicó a escribir y vender sus libros en la Plaza de Armas de Santiago, con la dignidad de cualquier trabajador orgulloso de sus capacidades y no sujeto a las vanidades. Redescubrir esta película no significa un gesto nostálgico ni la mitificación clásica y banal, sino mas bien la puesta en escena de nuevos actores que complejicen el discurso gastado del cine del periodo, aquel que habla de lo militante en su literalidad olvidando personajes como Luis Cornejo. Y es sobre eso con lo que hay que combatir.



Comienza Retrospectiva de Luis Cornejo con «El fin del juego» (1970)

18 06 2011

El cine de Luis Cornejo -obrero baldosero, actor, escritor y cineasta- ha sido sistemáticamente omitido por las revisiones oficiales de la cultura nacional. Con la llegada del invierno, Cineclub Universitario trae al público una Retrospectiva dedicada a su obra, la que comenzará con «El fin del juego» (1970, 81 min).


Sinopsis: Película realizada por encargo del dueño de una fábrica de juguetes, muestra la decadencia de un pequeñoburgués santiaguino que dilapida la fortuna de su mujer en los bares del centro.

Reparto: Calvin Lira, Raquel Parot, Héctor Noguera, Lucy Salgado, Pury Durante, Domingo Teasser, Leonardo Perucci, Bélgica Castro.

MIÉRCOLES 22 de JUNIO, 18:30 hrs

ENTRADA LIBERADA

SALA JORGE MÜLLER, Instituto de la Comunicación e Imagen

A pasos de la esquina de Macul con Las palmeras



«El gabinete del Doctor Caligari» musicalizado en vivo por Óptica y Ondas celebra los 50 años de Cineteca

13 06 2011

Este miércoles 15 de junio, Cineclub da paso a una exhibición especial que abre las actividades de conmemoración por los 50 años de la Cineteca de la Universidad de Chile. En el auditorio José Carrasco Tapia del ICEI proyectaremos un clásico del expresionismo, que fue además la primera cinta en ingresar al patrimonio de la Cineteca: El gabinete del Doctor Caligari, con la musicalización en vivo del grupo Óptica y Ondas. La actividad es gratuita y hacia el final se ofrecerá vino de honor.


MIÉRCOLES 15 de JUNIO, 18:30 hrs

ENTRADA LIBERADA

AUDITORIO JOSÉ CARRASCO TAPIA, Instituto de la Comunicación e Imagen

A pasos de la esquina de Macul con Grecia



Kárhozat

10 06 2011

Por Mariano Xerez
Equipo Cineclub

En un largo plano secuencia nos internamos en el Titanik, un bar repleto de personajes inmóviles, que en un principio nos hacen creer que el tiempo se ha detenido. Son sólo los mínimos movimientos, casi imperceptibles los que nos revelan que Béla Tarr no está filmando una pintura, sino un mundo de condenados que está vedado para quien busca la rapidez y ligereza a la que se ha acostumbrado el ojo de la era de la TV. El movimiento es un bien escaso, tratado con un cuidado extremo, liberado sólo en pequeñas pulsaciones.

“Que adorable multitud. Una fiesta. Baile. Brazos, piernas y caderas trabajando en perfecta harmonía. La forma en que el movimiento habla, vistazos que elevan al danzante sobre sus preocupaciones cotidianas”. Son palabras dichas desde la lejanía de una mesa, mientras el mundo casi estático que Béla Tarr ha dibujado se mueve repentinamente en un lento bien apretado. La belleza del movimiento de los jóvenes contrastan con la fuerza de lo inmóvil o de lo que en la filmografía de Béla Tarr es una constante, la construcción de espacios suspendidos, de personajes congelados, pero de fuertes emociones expresadas en actos que a simple vista parecen ligeros o menores.

El condenado principal es Karrer, un hombre solitario que pasas sus días en el bar, enamorado de una cantante cuyo esposo le impide cortejar. Al involucrar al hombre en un trabajo de contrabando, Karrer pretende poder acercarse al objeto de su deseo, pero es presa finalmente del estado de condenación que le es tan natural.

Kárhozat significa condenación, una palabra que viene del latín condemnatĭonis, de condemnāre. Palabra que evoca la reclusión, un estado de encarcelamiento o de penuria en el que se encuentra nuestro personaje, pero que también incluye una segunda acepción, la desaprobación y el rechazo. Un amor desaprobado y un trabajo cuestionable, son los elementos guías en esta historia de sufrimiento que transcurre en torno a un bar que coincidentemente hace honor a un barco hundido. Karrer está condenado a fallar, todo está condenado a hundirse y los intentos por mantenerse a flote son vanos. Esta no es la historia de una batalla, sino de una lucha cuyo fin ya está pactado, de personajes flotantes como trozos de iceberg que deambulan en el oscuro mar de Béla Tarr, como restos de un naufragio. Nosotros, los espectadores, los miramos a lo lejos y los vemos flaquear poco a poco mientras se internan en las profundas aguas, mientras la soledad, que es la condena final los reclama para sí. Los nombres no son al azar, no creo que sea una coincidencia que la palabra húngara para condenado (elítélt) sea tan parecida a la palabra vida (élet). Bienvenidos sean condenados.



«La condena» (1988) cierra el ciclo Estudios de Autor dedicado a Béla Tarr

5 06 2011

Tras las proyecciones de El hombre de Londres (2007) y Armonías de Werckmeister (2000), cerraremos este ciclo dedicado a estudiar la obra de Béla Tarr, gran cineasta húngaro cuyas películas nunca han sido exhibidas en salas de cine en Chile. Este miércoles 8 de junio, es el turno de La condena (1988, 118 min), un film de Tarr que se introduce en las profundidades de las relaciones humanas.

Sinopsis: Karrer vive una vida retirada en una comunidad minera, donde todas las tardes terminan en el bar Titanik. El dueño del bar le ofrece ser parte de una operación de contrabando, pero Karrer le cede el trabajo al esposo de la cantante del local.


Reparto: Miklos Szekely, Gyula Pauer, Hedi Temessy, Guorgy Cserhalmi.

Ficha técnica

Dirección: Béla Tarr
Guión: Béla Tarr, László Krasznahorkai
Producción: József Marx
Música: Mihály Víg
Fotografía: Gábor Medvigy
Montaje: Ágnes Hranitzky

Trailer

MIÉRCOLES 8 de JUNIO, 18:30 hrs

ENTRADA LIBERADA

SALA JORGE MÜLLER, Instituto de la Comunicación e Imagen

A pasos de la esquina de Macul con Las palmeras



Eclipse en la ciudad

2 06 2011

Pablo Inostroza

Equipo Cineclub

«Siempre más profundo. Todo lo más valioso ha de ocultarse bajo tierra, de tal manera que sea un esfuerzo -digno arte- el ir a su encuentro.

¿Hemos de esconder asimismo toda la luz y sus derivados de quién sabe qué peligro? Desembocar así en la total ausencia de vista”

Maximiliano Carrasco

Andreas Werckmeister fue un músico barroco alemán que en el siglo XVII desarrolló una serie de teorías sobre la afinación y el sistema tonal, que impactaron en particular sobre la obra de Bach. Hayamos o no oído hablar sobre este personaje y sus ideas, es innegable que la expresión audiovisual hereda del lenguaje musical muchos elementos. La sonoridad es una parte constitutiva de las piezas cinematográficas, y fundamental en las obras de Béla Tarr.

Armonías de Werckmeister es el título de esta película que comienza con una escena en un bar donde János, nuestro protagonista, dispone a los contertulios para que representen el sistema solar en el momento de un eclipse. La luna, entre medio de la tierra y el sol, cubre para la humanidad la luz del gran astro a que estamos acostumbrados, y que sostiene nuestras creencias de lo posible. Este desplazamiento de la certidumbre ante lo que reconocemos con la luz, hacia una oscuridad que da paso al misterio, al temor por lo desconocido, a las tinieblas sin más; sirve como portal para ingresar a la intrigante trama de la película.

A esta lúgubre ciudad ha llegado un espectáculo circense que promete exhibir a la ballena más grande del mundo y a un extraño personaje al que llaman El Príncipe. Esta visita, lejos de ser motivo de celebración y distención para los habitantes, los sumerge en la angustia, en la preocupación por lo que pueda pasar en este intervalo. Una enorme ballena muerta, tan misteriosa como la luna misma, oscurece la ciudad e inicia un momento de suspensión que da pie a la desesperación.

Y sabemos que ante la desesperación todo puede pasar. En la oscuridad las conductas se alteran. Y cuando se altera el orden de la sociedad, los encargados de reponerlo con tanta o más violencia que los agitadores, no se dejan esperar. No hay claridad sobre nada. Hay que esperar a que se despeje y que la luz nuevamente nos regrese a las certidumbres. En esta obra, Béla Tarr desata una tormenta de dudas y contradicciones sobre la fragilidad del comportamiento humano.

Armonías de Werckmeister, un poco a la manera del Sacrificio de Tarkovsky, es un túnel metafísico, un oscuro espacio desconocido que nos sirve para darnos cuenta de que somos lobos con rostro humano, a la espera de la excepción para desatar nuestros miedos y pasiones.

Los espectadores seguimos a János durante esta inmersión, vemos las diferentes reacciones de los ciudadanos ante la catástrofe en ciernes, y acaso como carta de navegación, escuchamos el monólogo del tío Gyuri sobre lo que la humanidad ha hecho con la música:

“Debemos admitir el hecho de que hubo épocas con más suerte que la nuestra, las de Pitágoras y Aristógenes, cuando nuestros antepasados estaban satisfechos con que sus instrumentos puramente afinados fueran tocados sólo en algunos tonos. No les preocupaban las dudas porque sabían que las armonías celestiales eran terreno de los dioses. Más tarde no bastó con ello: la arrogancia trastornada quiso tomar posesión de todas las armonías de los dioses”.

Hay que volver a la afinación natural y aceptar sus límites inquietantes. El hombre que quiere ser demiurgo va a recibir el castigo de dios: la expulsión del paraíso, la división de las lenguas tras la torre de Babel.

Estas cavilaciones sólo son posibles bajo la forma de un cine como el de Béla Tarr. La música de Mihály Vig, la fotografía en blanco y negro de Gábor Medvigy, y los extensos planos secuencia (recurso presente en todo su cine) que nos acercan a la idea de tiempo real, nos convierten en singular parte de este viaje hacia las entrañas de las relaciones sociales bajo el velo del miedo.






Social links powered by Ecreative Internet Marketing