Operación Siglo XX

11 05 2011

Por: Carlos Molina G.

Equipo Cineclub

¿Qué hubiese pasado si aquel 7 de septiembre de 1986 el atentado contra  Augusto Pinochet termina con su muerte? Es una pregunta que seguramente muchos se hicieron a las pocas horas de haber conocido la noticia y que incluso hoy en día más de alguna vez pudimos habernos hecho, aventurando en el ejercicio diversos escenarios y respuestas. Independiente de ellas, no obstante, resulta innegable que los acontecimientos posteriores habrían transcurrido de una forma totalmente distinta a la conocida y como consecuencia Chile, y también nosotros, seríamos otros.

Historia contrafactual aparte, la realidad es que el ajusticiamiento no se concretó, y   terminó por ser, desde cierto punto de vista, el comienzo del fin para el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que a la larga terminará divido en dos, los que seguían leales al Partido Comunista y los que se emancipan del mismo, llevando luego a cabo la Guerra Patriótica Nacional. Sin embargo, hay algo más importante e interesante detrás de estos hechos y que no puede ni debe perderse de vista: las personas que llevaron a cabo el atentado.

Convertidos en terroristas y parias por la Dictadura y la posterior Transición con su  “democracia de los acuerdos”, lo cierto es que son pocos los espacios que han existido para reflexionar y mirar de manera más profunda y menos simplista lo que significaron y su papel en el debilitamiento de la Dictadura. Ahora bien, no se trata tampoco de caer en la épica y posicionarlos como referentes absolutos, incuestionables e intocables para futuras generaciones, sino de mirarlos en su real dimensión, como personas que sufrieron, que amaron, que sacrificaron muchas cosas en pos de la libertad, y que en ese mismo ejercicio pudieron haber cometido errores, de los cuales deben sacarse enseñanzas y, por lo mismo, mirar críticamente.

De nada sirven como sujetos ahistóricos o como suerte de emblemas que sólo valen por un hecho particular y que terminan siendo sólo un nombre. Es en lo cotidiano, en lo más aparentemente simple, donde hay que explorar para saber sus verdaderas motivaciones, que a veces iban más de allá de una cuestión partidista o “ideológica”, centrándose más en el deseo y sueño de libertad para ellos y el país; para conocer sus momentos de alegrías y tristezas; y también comprender (o al menos intentarlo) el por qué terminaron actuando de la manera que lo hicieron, como ocurre con Sacha, uno de los fusileros, que siendo torturado, y sobre todo ante el temor que los organismos represores dañasen a su familia, decide entregar a sus compañeros que aún estaban en Chile, siendo algo con lo que luego tuvo que “aprender a vivir”.

Claro está que dicha tarea no es fácil si tenemos en cuenta que aún hay muchos personajes y hechos de la Dictadura que se cuentan o conocen sólo desde una perspectiva, y en donde cada sector termina por configurar “su” Historia Oficial, negándose muchas veces a cuestionar ciertas interpretaciones ante el temor de que ello desmorone lo que han construido. En este sentido, documentales como “Operación Siglo XX” significan un paso, permiten conocer desde otra mirada a personas que, como se decía, aún siguen calificadas simplistamente de terroristas, sin preguntarse con esa afirmación, o entrar siquiera en la problemática, por ejemplo, de cómo jóvenes que prácticamente lo único que habían aprendido era a combatir se “insertan” luego en una sociedad que tampoco era por la cual habían peleado.

Así, es en esa tensión constante entre lo que debe o no ser dicho, entre lo que se debe o no socializar, en donde aún se mueven las vivencias en torno a la Dictadura. Nada resulta ser tan absoluto como los diversos grupos interesados en levantar “su” Historia Oficial pretenden hacerlo ver, cuestión que tampoco significa relativizar crímenes o vejámenes de diversa índole, sino más bien de ser capaces de ver la totalidad e ir más allá, dándonos cuenta que las cosas no son tan simples como quizás en algún momento pudimos creer. Y es en ese punto donde cada uno comienza a hacerse la pregunta de hasta dónde quiere llegar y que está dispuesto a cuestionar, cosa que termina finalmente apuntando a la lucha medular de todo esto: La Memoria.

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