Otro texto sobre Mi último round

17 04 2011

Por Pablo Inostroza
Equipo Cineclub

Mi último round no es una película sobre la homosexualidad. Puede que su tema ni siquiera sea el boxeo, aunque es allí donde alcanza su mayor intensidad.

La cinta cuenta la historia de la relación entre Octavio, un boxeador osornino (Roberto Farías) y Hugo (Héctor Morales), un ayudante de cocina, afectado por la reciente muerte de su abuela. En el frío sur de Chile, Octavio tiene que dejar el boxeo por los daños cerebrales que ha sufrido tras un nocaut. Se viene a Santiago junto a Hugo, para trabajar de peluquero. Aquí, la distancia con la ciudad de origen posibilita el desarrollo de una intimidad sobriamente mostrada por Julio Jorquera, que ya se había gestado al poco tiempo de conocerse en Osorno. Asistimos a sus problemas cotidianos y vemos la convivencia hogareña que construyen en un antiguo departamento capitalino.

Pero al poco andar, Hugo conoce a Jenny, una linda santiaguina encarnada por Manuela Martelli que se enamora de él. Mientras, Octavio cede a las presiones de su tutor y vuelve a subir al ring. Los combates, tan bien representados en esta cinta (Roberto Farías cuenta que en el combate final se pegó de verdad con su hermano Cristián), pincelan muy por fuera el inexplorado mundo del boxeo en Chile. Las peleas son los momentos en que Octavio brega por salir victorioso en este hostil medio que no es el cuadrilátero, sino la soledad en Santiago y los problemas de cualquier pareja. Ese “salir adelante” tan característico de los pobres, de los que siempre pierden, es la fuerza en los golpes que tira Octavio.

Una fotografía que busca retratar los rincones de un Santiago invernal acompaña el trayecto que recorren estos dos humildes jóvenes en su intento por construir una relación a pesar de las dificultades del trabajo, de los celos y de la enfermedad de Octavio. Su sueño de ser felices juntos es tan humilde como ellos mismos, pero están limitados por sus circunstancias y por la presencia de Jenny, esta adolescente que, contra todo, quiere el amor de Hugo.

Esta película tiene todos los ingredientes para triunfar en los festivales internacionales: un elenco de primera categoría desplegado con gran provecho, nuevos paisajes de los miles de recovecos de Chile inexplorados por el cine, y una historia sólida, trabajada con pulcritud y eficiencia técnica. Todo dependerá de cómo se venda. Su carta de presentación no debe ser una historia de amor gay entre un boxeador y un ayudante de cocina. Julio Jorquera elude tratar “el tema de la homosexualidad”, lo que en este caso es uno de los mayores atributos del film. No recorremos los cuerpos de Octavio y Hugo entre las sábanas, no pasamos por las contradicciones de dos hombres que quisieran salir del clóset, ni vemos otra reproducción vacua de arquetipos homosexuales. Y esa claridad en el punto de vista que permite visibilizar la historia de una relación de pareja enfrentada a sus circunstancias, es la base sobre la que se erige todo el conflicto en los precisos noventa minutos de Mi último round.

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