Pecados

8 04 2011

Por: Diego Pino Anguita
Equipo Cineclub

La tragedia humana siempre encuentra su génesis en la manera de ver la vida de alguien que decide hacer algo. Somos como somos, y nos presentamos al mundo a través de nuestras acciones y de los otros. En nuestra vida cotidiana se acoge nuestra esencia y hasta los pecados capitales que terminan por afectarnos, y que nos hacen dejar de ocultar nuestras obligaciones de ser buena gente y aflora nuestro “mal” comportamiento. Nuestro día a día nos refleja, más aún cuando vivimos en el lugar propicio para pecar: el pedregoso camino de la relaciones entre amantes y enemigos, especialmente los más naturales: Hombre y mujer.

Pecados es una película que invita a reflexionar sobre nosotros, acerca de nuestros problemas, nuestra manera de ver la vida, nuestras relaciones, envuelta en 7 lineamientos que cruzan transversalmente la realidad –ira, soberbia, lujuria, pereza, envidia, avaricia, gula-  los pecados capitales, que afloran de mujeres en crisis, que parece ser una excelente situación para transparentar las tragedias.

No se trata simplemente de presentar las historias, sino que aprovecharse del formato de cómo fueron creadas: el monólogo. Un formato algo “incómodo” para el cine, pero que en este caso funciona para reforzar cada personaje y su relación con el espectador. Su fuerza radica en la mayor interpelación y conexión directa. Es a ti  a quien te están contando sus tragedias, y esto puede provocar el efecto de insertarse en sus problemas, escuchar tranquilamente sin obstáculo y sin excesivos malabares cinematográficos, textos bastante precisos, que no se despegan en ningún momento de su raíz teatral, y que el director intenta conectar con sus espacios.

El dramatismo es el punto neurálgico de cada una de estas historias. Dramatismo de dramaturgos dramáticos que, a mi parecer, no pretenden nada más que hacer de las situaciones de la vida, ejemplo de las peores cosas del mundo, lo cual ya es mucho. Creo que se trata más que todo de representar las relaciones sociales y su desarrollo en distintas etapas de la vida, sin mayores pretensiones cinematográficas, si no más bien teatrales, mostrar a la mujer en su humanidad defectuosa y en su enfrentamiento ante la frustración del amor, de la muerte o de la justicia.

Pecados es un experimento nacido de un texto, es la representación de lo más conocido de nosotros mismos, lo peor, lo que se escapa de las historias, lo que se desprende de nuestra manera de ser, y aunque pueda o no lograrlo pecados es una reflexión dramática de nuestro comportamiento social.

La fortaleza de esta película está ahí, en el aprovechamiento del drama, y el atrevimiento a encajar un dispositivo distinto al cine chileno, haciéndolo una novedad, poniendo en relieve la representación directa frente al espectador, poniendo a prueba a sus lectores y estableciendo un carácter teatral que podíamos echar de menos. Y aunque los textos no siempre fueran muy acertados, y las actuaciones alguna veces no son suficientes, Pecados puede jactarse de su código en la exposición directa y honesta de los incómodos monólogos.

Desde el sufrimiento surge la manera de interpretar los pecados capitales, y hacia la imposibilidad del alivio nos dirigen las palabras que escuchamos: todo por no estar solos. La película de Martín Rodríguez nos muestra eso: 7 mujeres, 7 pecados, 7 tragedias, y en ellas una visión de temas contingentes y de las malditas relaciones humanas, que como bien aclara al final, desesperadas deben andar buscando lo que han perdido: el amor.

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