Texto “La quemadura”

29 09 2010

No hay para qué aparentar, no es necesario transparentar aunque a algunos pueda molestarles. “La quemadura” se muestra tal cual es, sin siquiera una pomada que pueda apaciguar su ardor. Y no es que Ballesteros busque matar y rematar aquella herida y presentárnosla como un melodrama barato basado en su vida, no , este director muy por el contrario nos devela desde su sinceridad fílmica, un documental cercano que difícilmente puede dejar a alguien indiferente.

Desde un principio el dispositivo de las llamadas telefónicas nos van situando en un espacio: 1982, una madre que se va sin razón aparente a Venezuela, dejando tras ella dos pequeños niños, René y Karin. 2008-2009, un hijo ya adulto que busca develar las interrogantes que oculta este acontecimiento… El film toma además como linea narrativa la investigación de Karin, la cual nos habla de Quimantu, editorial nacionalizada durante el gobierno de Allende y férreo ejemplo del proyecto social que representaba la Unidad Popular. El recuerdo de aquellos libros son quizás el único cable que conecta a estos dos hermanos con su lejana madre, quien participaba del proyecto años antes de su partida. Pero la investigación misma nos dice que de aquello también poco queda, la dictadura de Pinochet se encargó de matarlo de raíz, quemó libro por libro, hoja por hoja, palabra por palabra… formó aquella ceniza que el film intenta almenos reconstruir para valerse del recuerdo y responder las demás interrogantes.

Es preciso decir que Ballesteros no toca de manera directa el tema de la dictadura,   al menos no es preponderantemente el exilio político(suponemos, pues a pesar de ser incógnito no hace hincapié en esto) el detonante del abandono de su madre: el acento queda marcado en su relación familiar, en los rasgos personales. Ahora bien, la relación no es explícita pero podemos inferir un símil entre esta pequeña historia y el proceso que vivió y vive el país. Existe una metonimia implícita.

Las entrevistas con la abuela y el padre nos hablan de un tema tabú, un tema no tocado. Desde el acontecimiento se les ocultó a los dos niños la verdad, se prohibió nombrar a la madre, se intentó ocultar una llaga, taparla con una venda de conformidad que obliga a vivir en el silencio y no mirar de frente. ¿Suena familiar? Algo que, debido al contexto, resulta transportable a la  dificultad que tiene y ha tenido Chile para mirar su pasado, un país privado de mirarse a sí mismo y que aún se resguarda a través de miles de secretos para evitar de todas formas enfrentar su verdad. Ballesteros permite a través de la capa de su historia con su madre, multiplicar la lectura hacia diversos fenómenos sociales. Rompe la barrera que su familia se ha impuesto y explora las diferentes variables que le permiten a él y a su hermana comprender un poco más de su historia.

Vemos en definitiva en este documento una muestra de coherencia realmente valorable. Distintos formatos de cámara empleados(incluso cámaras pequeñas de foto) que lejos de perjudicar el estilo de la película se acoplan al planteamiento general. Un dispositivo alejado de formalismos que se vale de lo disponible para contar la historia, consiguiendo por momentos una intimidad bastante interesante a pesar de la puesta en escena. De hecho este último punto pasa a segundo plano, pues como se devela al director como protagonista de un principio, y se opaca aquella transparencia, cada ruido e imperfección de cámara pasa a entrar en la coherencia fílmica del relato. Ballesteros -ganador merecido a “Mejor Director” en SANFIC 6- poniendo en escena su vida y la de su familia, logra el equilibrio para no forzar las situaciones y mostrar lo justo y necesario que le permiten construir el relato adecuado para su película.

Alvaro Valenzuela
Equipo Cineclub





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